Por Gladys Stagno | Puertas adentro, todo cambió desde que la pandemia obligó al aislamiento. Sobre todo cuando al interior de las casas los recursos no abundan y las respuestas tampoco. ¿Qué pasó en los más chicos durante estos más de cien días de cuarentena? ¿Qué sienten? ¿Cómo lo expresan? ¿Qué hacer para acompañarlos?

“No podemos hablar de infancia y adolescencia en singular sino en plural, porque hay una diversidad de modos de transitarlas, de la misma manera en que no podemos hablar de cuarentena sino de cuarentenas, porque no es lo mismo transitarla en situación de calle, en una institución, vivir en un barrio vulnerado donde no hay agua, en un monoambiente, o en una casa en un country”, aclara Gabriela Dueñas, licenciada en Educación, psicopedagoga, y doctora en Psicología de la infancia y la adolescencia.

Y agrega: “Hay que tener en cuenta que el lenguaje de los chicos, su modo de comunicarse, no es el mismo que el de los adultos. Fundamentalmente se expresan a través del juego, de sus conductas o de sus síntomas, que son  aquellas conductas que nos resultan preocupantes o que pueden poner en riesgo su desarrollo”.

Aún cuando el modo de vivir situaciones como el confinamiento -que podríamos denominar traumáticas- se expresa de formas diferentes en cada niño, aparecen algunas constantes. María Cristina Gay, psicóloga honoraria del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, sostiene: “En las consultas que recibo últimamente aparecen, por ejemplo, algunas regresiones como chicos que se hacen pis en la cama y ya no lo hacían, o que piden dormir con sus padres. También son recurrentes los enojos o llantos repentinos, episodios de violencia, trastornos en el sueño, rebeldías. Muchas veces los chicos no pueden comprender ni explicar con palabras lo que sienten, y de esta manera lo que están es expresando sus miedos, angustias y frustraciones”.

 

Lo que se siente y lo que se expresa

Según las estadísticas, si bien la niñez no es el grupo de población más afectado por el Covid-19 en términos de salud, tiene el doble de probabilidades que los adultos de vivir en la pobreza. Y así como las variables socioeconómicas los afectan más, niños, niñas y adolescentes también son los más vulnerables a los climas emocionales por los que atraviesan las familias.

“Es una situación atípica frente a la que el ser humano se tiene que acostumbrar. Un virus que produce muerte y obliga al aislamiento a todos nos afecta en alguna medida. Y en los chicos, al no tener un marco referencial como es la escuela, que no sólo permite el aprendizaje sino la integración social, y tener que estar todo el tiempo dentro de su casa, por supuesto que los impacta”, relata José Kremenchuzky, pediatra especialista en desarrollo infantil.

En una encuesta realizada por Unicef Argentina entre el 8 y el 15 de abril de 2020 en 2.678 hogares con niñas, niños y adolescentes, el 37% respondió que sienten mayor ansiedad por el contagio del Covid-19. El 20% afirmó que hay más enojos y discusiones. Y, entre los adolescentes el 36% presentó algún sentimiento negativo: se siente asustado (22,5%), angustiado (15,7%) o deprimido (6,3%). Además, el 47% manifestó temer que ellos o alguien de su familia se contagie.

“A los chicos en general les preocupa contagiarse y contagiar –detalla Dueñas-. Y los angustia mucho cuando ven un discurso contradictorio de parte de sus adultos a cargo. Cuando están bombardeados de información que les dice que es peligroso un virus que está circulando afuera de las casas y al mismo tiempo sus padres relajan la cuarentena con o sin autorización, esto genera en los chicos, sobre todo cuando son más chicos, angustia, inseguridad. El conflicto es: si aquel que me tiene que cuidar y en quien yo confío tanto me expone, o dejo de confiar en él o en lo que yo entiendo”.

 

Los chicos como emergente de las emociones adultas

Con el regreso del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), Chaco, y algunas ciudades del país a una suerte de Fase 1, la esperanza de una salida pronta del aislamiento social se desvaneció para gran parte de la población argentina. Y con ella se acrecentaron al interior de las familias las tensiones, peleas y resistencias a acatar la cuarentena, producto de la falta de dinero, de sociabilidad, la incertidumbre por el futuro, y hasta la necesidad de momentos de soledad. De todos esos climas, los más chicos son las expresiones más honestas.

“Los niños, niñas y adolescentes son un síntoma de sus adultos a cargo. Si el adulto está en esa posición de adulto, va a tener la capacidad suficiente para explicar y contener a esos niños. Ellos entienden y se adaptan mucho mejor que nosotros –explica Dueñas-. Pero esta pandemia una de las cosas que hizo fue desnudar aspectos muy oscuros de nuestra sociedad y los sujetos, entre ellos que nos bancamos muy poco a nuestros propios hijos. Y cuando los padres están desbordados hay que atender al adulto. Hay que empezar por ahí, no seguir patologizando a los chicos”.

Kremenchuzky acuerda: “Cuando hablamos de emociones es difícil hacer generalizaciones, porque eso depende de cómo es la dinámica de cada casa, qué cuestiones creativas se van a disparar y se van a desplegar en el marco de la pandemia. Hay chicos chiquitos que al no tener lenguaje y necesitar espacio físico para liberar energía, que está reducido, lo toman peor. Algunos se amoldan más y otros necesitan ser más expansivos. Pero si un chico está en un departamento chiquito, sin servicios básicos, con los padres peleándose, angustiados, va a estar angustiado también”. 

 

Pedir ayuda

“Es una situación de indefensión absoluta y es probable que en estas circunstancias lo sintamos. De ser así, no hay que pensar que somos malos padres, pidamos ayuda a algún familiar o amigo. También se puede pedir ayuda telefónica o virtual a un profesional capacitado, porque es bueno reconocer que a veces no podemos solos. Si nuestros hijos nos ven aterrados y solos frente a esta cuarentena, no van a poder procesar en su mente todo lo que está pasando –explica Gay-. Los chicos nos perciben ansiosos, preocupados, ambivalentes y enojados. Cuando nos sentimos impotentes como en este caso, muchas veces proyectamos en ellos exigencias que no pueden satisfacer. Debemos comprender que un niño asustado con padres atemorizados en más de una oportunidad no podrá cumplir con lo solicitado en el momento que nosotros lo deseamos”.

Como respuesta a las ansiedades de los chicos, la especialista recomienda para los más chiquitos proponerles juegos que les permitan descargar energía. Y, para todos, la contención y la escucha: “Se trata de hablarles con la verdad, sin detalles mayores a los que necesitan, responder sus preguntas y sobre todo, escucharlos. Hablarles incluso del miedo que todos tenemos y de los cuidados que debemos tener. No fingir que no pasa nada porque van a saber que les mentimos y eso implica destruir la confianza que tienen en nosotros”.

En lo que refiere a la contención adulta, son numerosas las instituciones tanto públicas como privadas que ofrecen atención psicológica online gratuita para afrontar este momento (ver recuadro).

“Éste es un momento de aislamiento físico, no social. Y en este caso inédito la conectividad y las redes se han vuelto fundamentales para garantizar la educación y la salud mental –agrega Dueñas-. La pandemia ha revalorizado el papel de las nuevas tecnologías y las pantallas al descubrir para muchos que son dispositivos que pueden servir para potenciar el contacto social con el afuera, porque el encierro tiene que ver con la endogamia y no es saludable, no es un factor que promueva el desarrollo. El uso que se les dé depende de los adultos a cargo y significan un desafío”.

 

Recuperar el lugar

Otra de las situaciones que modificó las rutinas caseras son las tareas superpuestas. Adultos abocados a teletrabajos que están en casa pero no lo están, y chicos que tienen obligaciones escolares con horarios difusos y menos contención. Escenario agravado por los problemas de conectividad que lo vuelven todavía más caótico.

“En este contexto inédito que nos toca vivir es muy importante organizar una rutina cotidiana, donde se puedan diferenciar claramente espacios para la escolaridad, para el trabajo de los padres, para la recreación –enumera Dueñas-. Desde los 4 o 5 años los chicos entienden que hay momentos donde los padres están trabajando. Si el chico no lo entiende es porque el adulto no lo entendió o no se lo explicó con claridad”.

De igual manera, enfatiza en que  “los padres y madres no son docentes, así que es importante que no se pongan a hacer de docentes. Lo que deben hacer es de padres: tratar de que los chicos cumplan con el horario de clase y que hagan sus tareas, pero no se tienen que poner a enseñarles”.

Por su parte, Kremenchuzky recuerda: “El poder de tomar defensas frente esta situación, regular la ansiedad, establecer pautas, entender que esto es un tiempo que va a pasar está en los adultos. Cada papá y mamá tienen que conocer a su niño, no seguir una guía para padres.  Hay que decirles que está el virus, explicarle la situación, darles un marco de seguridad, de continencia. Si los padres, a pesar de la situación, logran llevarse bien, o pueden pactar cosas para hacer con los hijos, van a estar mejor”.

 

Lugares de Asistencia Psicológica Gratuita
  • Asociación Psicoanalítica Argentina (APA): En el 11 2240 5828 se reciben mensajes de WhatsApp​ como primer contacto.
  • Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados (AEAPG): Grupos de Zoom para compartir experiencias en esta pandemia. Contactos a contencion@aeapg.org.ar o WhatsApp al 11 5055 1736
  • Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA/IUSAM): Programa “Ayuda Psicológica en tiempos del Coronavirus. Te escuchamos”. WhatsApp 11-3338-6429 o por correo electrónico a comunicacion@apdeba.org.
  • Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS): Servicio de videollamada para personas sordas e hipoacúsicas. De lunes a viernes, de 10 a 15, llamando al 11 5728 4011.
  • Colegio de Psicólogos de la Zona Andina (Río Negro): Brinda asistencia gratuita. Contacto sólo por WhatsApp al 294 483 2082, todos los días de 10 a 18.
  • Ciudad de Buenos Aires: Salud Mental Responde. Teléfonos 11 4863 8888 / 4861 5586.
  • Provincia de Buenos Aires: Subsecretaría de Salud Mental. Teléfono 0800-222-5462.
  • Provincia del Chaco: Red de Contención Psicológica de Chaco y Red de Profesionales de la Psicología Social del Chaco brindan asistencia gratuita (click para abrir).
  • Salud mental de Municipios de la Provincia de Buenos Aires (click para abrir la lista).
  • Salud Mental y Adicciones de Neuquén junto con el Colegio de Psicólogos de la provincia brinda primera ayuda psicológica a través de líneas telefónicas las 24 horas  (click para abrir la lista).

Nota: Existen otros servicios gratuitos en todo el país. Listamos sólo algunos que funcionan a nivel nacional y en las provincias afectadas a la Fase 1.

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