Redacción Canal Abierto | Este 28 de septiembre, Día de Acción Global por el Aborto Legal Seguro y Gratuito, invocó a la reunión virtual en forma de “Pañuelazo” planeado para las 18. La intención es impulsar una ley que casi fue en 2018 pero aún, en 2020, no es.

Dora Barrancos –socióloga,  ex investigadora del Conicet, y asesora gubernamental en temas de género- considera que, pese a la pandemia, la Ley por el Aborto Legal Seguro y Gratuito es inminente. “Estamos cerquita, cerquita”, asegura.

Hoy fue tendencia en las redes “Es urgente” en referencia al tratamiento de la ley, y uno de los argumentos contrarios a hacerlo es que nunca es un buen momento. ¿Por qué “es urgente” tratarla, incluso en un marco de pandemia?

—Si es por la oportunidad, nunca la habrá para avanzar decididamente en este derecho tan fundamental. Porque siempre hay muros y una posición que tiene alguna parte de la comunidad argentina que enrarece mucho la diatriba. Por eso siempre es un camino bastante difícil.

Estuvimos muy cerca hace dos años y lamentablemente no conquistamos ésta ley que significa que Argentina una vez más se coloque en una situación expectable. La Argentina tuvo algunas iniciativas de alta expectabilidad, inclusive en el concierto internacional, como la Ley de Cupo, que era una ruptura, o la Ley de Identidad de Género. Aquí, de lo que se trata, es de hacer lugar a un derecho básico, el derecho de las mujeres a la autonomía, a decidir con libertad, a que el embarazo no sea una contingencia, sino un deseo absolutamente asumido, que dé sentido a la arquitectura de un nuevo ser humano.

Y en esta situación hay dos datos que la hacen urgente: ha habido una enorme concurrencia de mujeres a servicios de emergencia con no resultividad completa de abortos, lo que significa una conjunción grave para ellas mismas, porque ya se sabe que uno de los lugares de mayor circulación del COVID-19 es el sistema nosocomial. E internarse por esta situación es un aspecto grave que se agrava por la situación contextual de pandemia, y se maximiza el riesgo de colapso de los hospitales. Murieron tres mujeres durante el confinamiento por prácticas de aborto híperclandestinas. Agrego que, justamente por estas situaciones que trae el aislamiento, hay mucho embarazo no deseado. Ha ocurrido en el mundo y está ocurriendo. Ahí hay que prever la urgencia que tiene la sanción de la ley.

Hay un proyecto del Ejecutivo en danza para la ley, en cuyo asesoramiento participaste, ¿cuán afín es ese proyecto con el de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito ?

—Yo he tenido mucho que ver con los contextos argumentativos para que se diseñara la ley, pero el diseño de la ley ha corrido por cuenta de la ministra Elizabeth Gómez Alcorta, el ministro Ginés González García y la cabeza de nuestra estructura legal y técnica, Vilma Ibarra. Y el proyecto del Ejecutivo, en su trazo fundamental, tiene una textura de muchísima proximidad con el de Campaña, que es el proyecto madre, el proyecto insignia.

Recordaste que en 2018 estuvimos muy cerca de que saliera, ¿creés que la próxima vez que se presente en el Congreso la Ley del Aborto sale o sale?

—Yo soy una optimista irredenta contra viento y marea y creo que sí. La vez pasada para nosotros fue una derrota, pero desde el punto de vista de la tramitación social, de la expansión del significado, de las nuevas sensibilidades a las que pudo llegar por el imperativo del debate, fue todo un triunfo. Hoy tenemos encuestas que hablan de la posición mayoritaria social respecto de la ley. Creo que esta vez estamos cerquita, cerquita.

Hoy a las 18 está convocado un “pañuelazo” en las redes, ¿qué importancia le atribuís al encuentro virtual ante la imposibilidad de un encuentro real?

—Estoy esperando las 18. ¡Vamos a ver cómo es este tumulto en redes! No me lo figuro, ¡pero espero que las bandas sean súper anchas!

¿Qué nos enseñó el feminismo en los últimos tiempos desde la gestión de la política y desde la organización?

El feminismo tiene una convocatoria extraordinaria hoy en día, porque se ha dado un cambio notable desde los feminismos muy articulados de los años 80 y 90, que éramos un feminismo de capilla, que tenía reglas de admisión, ritos de entrada, ritos de salida. Era un feminismo de la excepcionalidad porque no era de masa. Y era paradójico lo que nos ocurría porque decíamos: ¿cómo es posible que no podamos habitar la subjetivad de tantítisimas congéneres, siendo ésta la manifestación de su autonomía, de su emancipación, si por acá van a estar las hebras de una nueva dignidad? Y no lo conseguíamos. Pero teníamos reglas rígidas y lo que una querida colega, Laurita Masson, llamó el “feministómetro”.

Hoy felizmente todo eso se ha trastocado. El presente tiene una vibración extraordinaria de mujeres que llegan al feminismo desde muchísimos lugares en donde el feminismo tenía tantas dificultades para entrar. Hoy hay un derrame extraordinario, hay feministas por todas partes, de todos los colores, y hay muchas feministas inclusive que no saben que son feministas y eso es lo de menos. Lo que cuenta es la insubordinación, es el estado de insurgencia de la subjetividad. Estamos todavía un poco anonadadas. Pero a mí me encanta encontrarme con las mujeres de carne y hueso que expresan un feminismo en la medida de su propia evolución, de su propia conmoción. Y eso es maravilloso. Hay feminismos para que ninguna mujer se quede afuera.

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