Por Leonardo Wexell Severo, Vanessa Martina Silva y Mariano Vázquez | El economista Fabio Castro y el politólogo Fernando Ustariz, de la Universidad Federal de Brasil ABC, destacan el papel del litio, del cual Bolivia tiene la mayor reserva mundial, para potenciar la industrialización, el desarrollo y la soberanía del país andino-amazónico.

¿Qué importancia tiene para Bolivia invertir en litio y tener un camino soberano en la construcción de un proyecto de desarrollo nacional?

—Castro: Creo que éste es un debate fundamental, no sólo para Bolivia, sino para toda América Latina. El principal punto que coloca al litio como un componente estratégico en el proceso económico y social de las próximas décadas es el hecho de que es la base de las baterías para transformar la matriz energética mundial.

Nuestro sistema energético se basa principalmente en energía fósil, es decir, gas, petróleo y carbón. En Bolivia más del 50% todavía se basa en plantas termoeléctricas, con la consiguiente quema de gas natural. Entonces, el litio entra como un componente clave de esta transformación ya que puede almacenar energía con una alta capacidad. Ésta es la clave para pensarlo como la energía del futuro.

El punto de partida no es sólo industrializar el litio en Bolivia, es internalizar toda la cadena de producción de baterías. Éste fue el gran desafío que planteó el programa de gobierno de Evo Morales. Antes del golpe, existía una vicepresidencia de Altas Tecnologías Energéticas dentro del Ministerio de Energía, un proyecto estratégico para las generaciones futuras y para posicionarse como un jugador estratégico en el mercado mundial..

El gobierno de Evo Morales afirmó que con la alianza con China por el litio se garantizaría un mercado de consumo por 50 años y un nuevo marco desde el punto de vista científico y tecnológico. ¿Lo pueden desarrollar?

—Ustariz: Este interés chino y alemán por el litio boliviano es consecuencia de la etapa actual de la geopolítica del litio que tenderá a tener mucha más demanda. En este sentido, la producción de autos eléctricos, satélites e incluso teléfonos celulares y computadoras con la batería más eficiente está ligada a una mayor carrera por la alta tecnología de punta. Los países que más compiten en esta disputa tecnológica y comercial son cuatro: Estados Unidos, China, Corea del Sur y Singapur. Con tendencia a la baja están Japón, Alemania y Francia. Será de gran importancia e interés para los países productores tener acceso a este material y Bolivia tiene la mayor cantidad de reservas de litio, es decir, un productor con una muy alta inserción en el mercado de commodities.

El litio regresó con fuerza después de que el multimillonario Elon Musk, dueño de Tesla Motors, dijera que actuó en el golpe de Bolivia.

—C: La declaración de Musk es muy controvertida. Pero antes de eso hubo otra, que no fue ampliamente difundida, del senador estadounidense Richard Black, quien dijo que Estados Unidos debía dejar de interferir en la política exterior de los países latinoamericanos. La asociación latinoamericana con China perjudica los negocios estadounidenses. La aseveración de Musk en su cuenta de Twitter también es muy importante para pensar en este proceso.

Argentina y Chile han estado explorando el litio durante mucho tiempo. Chile se encuentra entre los mayores productores del mineral. Lo hacen a través de multinacionales que explotan la riqueza del país. A diferencia de Bolivia, producen materias primas, carbonato e hidróxido de litio. Bolivia se proponía producir esto, pero también avanzar en la endogeneización de la cadena productiva [incorporarla al modelo]. Ésta es la gran diferencia del proyecto boliviano.

El punto clave por el que países como Chile y Argentina avanzaron antes que Bolivia en producción es porque el litio boliviano tiene una característica que algunos expertos llaman “más sucia”. Antes de Morales ya se conocía la existencia del litio, pero ningún tipo de asociación funcionaba porque cada salmuera -el litio es un metal que se produce a través de su evaporación- tiene una configuración diferente y la de Bolivia tiene mucho magnesio, que hace que la extracción sea más cara. La falta de estructura, integración, comunicación en Bolivia hizo inviable cualquier negocio en la región del Salar de Uyuni. Además, Bolivia no tiene salida al mar, lo que dificulta que cualquier empresa extranjera trabaje en ese país. Mientras hubiera suficiente reserva en Argentina y Chile, Bolivia podría quedar para más tarde.

Ahora el nivel ha cambiado, el coche eléctrico cambia radicalmente la estructura del mercado de baterías y litio. Es una cantidad totalmente diferente la necesaria para producir un vehículo o un teléfono inteligente. Hasta ese momento, la mayor asociación estratégica de Bolivia era China. Entonces, además del golpe, un factor determinante es la presencia china, porque los discursos de Trump son anti-China. Este tipo de desarrollo soberano no le importa a Elon Musk ni al gobierno estadounidense.

—U: La entrada de Evo Morales en el gobierno se produjo en contra de lo que muchos de los analistas e incluso movimientos sociales llamaron “colonización del Estado”. Es decir, el Estado que se sometió a intereses externos, funcionando como una neocolonia que también pretendía intervenir para colonizar las costumbres y forma de vida de la gente. La colonización estatal es un sello distintivo de la extracción de minerales en Bolivia. Las élites de ese país están acostumbradas a funcionar de esta manera, como en otros países de América.

¿Cómo ven la importancia de la industrialización del litio para la integración y el fortalecimiento de América del Sur?

—C: La desintegración fue fundamental para mantener segregados a nuestros países en este proceso colonial. Y no es diferente con el litio. Tanto Argentina como Chile producen litio a través de empresas multinacionales y no para el mercado interno, para el mercado regional. Los autos eléctricos no se producen en América Latina. Toda esa riqueza va al exterior, para ganar valor agregado y luego ser vendida.

Tenemos baterías, tenemos acero, tenemos hierro, tenemos lo necesario para la producción de bienes de consumo en la sociedad contemporánea. Pero tenemos un proceso histórico de colonias que no hemos podido romper. Al día de hoy, no contamos con una carretera interoceánica adecuada que pase por Perú, Bolivia, Brasil. En torno al litio, como recurso muy concentrado, si realmente se integraran Bolivia, Argentina y Chile controlarían totalmente el precio del mercado mundial. Depende de factores como tener nacionalización en Chile, ¿eso es lo que se discutirá en la Constituyente? ¿El gobierno de Alberto Fernández está dispuesto a hacer algo para avanzar así en Argentina? Bolivia, eso sí, ya está nacionalizada.

—U: Comparto buena parte de la visión de Fábio, así que haré una especie de abogado del diablo. Creo que cuando intentamos lograr una integración productiva, comercial y tecnológica en relación al litio, la bomba que viene del otro lado será muy grande.

Sólo para hacer una analogía en relación con la OPEP (Organización de Países Productores de Petróleo) lo que se intentó hacer, o lo que se está haciendo hoy, es un tipo de desagregación. En la época del nacionalismo árabe, del nacionalismo de los recursos naturales en Medio Oriente, en Asia Central, había una fuerza muy fuerte de estos países y principalmente de sus élites para apoderarse del petróleo. No veo en Sudamérica un movimiento de las élites por la nacionalización o por la apropiación de los ingresos de la riqueza del litio. Arabia Saudita sigue intacta hoy, con la presencia militar de Estados Unidos defendiendo al gobierno de cualquier tipo de acción, y tienen a Saudi Amanco, su petrolera estatal, que nadie toca.

Argentina ha logrado desarrollar conocimientos tecnológicos, académicos y políticos muy interesantes. Hay empresas multinacionales que extraen litio, un conocimiento de muchos años, incluso tienen la idea de que una empresa italiana venga a industrializar las baterías. Es diferente en Chile, con su modelo de privatización, transnacional, Incluso tienen una empresa privada nacional muy grande que extrae litio, que invierte mucho en extracción. Bolivia, en cambio, creó este sector a partir de 2006, de la nada, desde cero. Invirtieron mucho dinero.

¿Cuál es la perspectiva de Bolivia a días de las elecciones para que pueda desarrollar un camino soberano?

—C: El litio es la apuesta del futuro. Uno de los pilares fundamentales de la estrategia boliviana del litio era que si una empresa quería llegar a un acuerdo para explotarlo necesitaba garantizar el mercado. Éste es un punto mínimo de acuerdo. Entonces, por ejemplo, en el caso de los alemanes, hicieron un trato de 70 años para explotar el litio, para producir hidróxido de litio y baterías. Con China el acuerdo tuvo la misma característica. Como son los mayores productores de baterías del mundo no se preveía que se haga en territorio boliviano, existía una cláusula que discutía la posibilidad de constituir una empresa mixta entre los dos países porque sería más barato fabricar coches en China. Hacer todo el proceso de commodities, materiales catódicos, utilizar todos los recursos, industrializar los residuos, que es una parte muy importante del proyecto boliviano, y luego enviarlos a China, industrializándolos con una empresa boliviana allá.

Un país que no es una potencia económica de extrema relevancia quiere estar en el centro del mercado más dinámico del actual sistema global y llega el golpe de Estado. La pregunta clave a considerar es: ¿cómo fue el proceso de interferencia externa que buscaba hacer que el poder cambiara de manos?

—C: Según China es Estados Unidos el responsable. El golpe alrededor del litio es un factor determinante pero no el más importante. ¿Por qué un mes antes de las elecciones el grupo del Comité Cívico de Potosí, en la figura de Marco Pumari, decide hacer una huelga de hambre contra este acuerdo que ya se había realizado hace un año? ¿Es aquí donde se empieza el golpe? La pregunta es cómo un país pobre quiere ser el centro de un mercado dinámico. Luis Arce, candidato del MAS, con la mayor intención de voto, fue uno de los organizadores de todo este proceso. Creo que ésta es la clave del éxito del proyecto boliviano y no fue posible porque derrocaron a Evo Morales.

El proyecto es totalmente plausible para reanudarse. Ahora queda por ver si serán necesarios unos pasos atrás, dada la profunda crisis económica y pandémica. La perspectiva del proyecto era en 2023 exportar baterías bolivianas para ensamblar automóviles alemanes en Europa. Este fue el primer gran salto boliviano, exportando baterías, habiendo ya ensamblado toda la cadena productiva para procesar materias primas y crear las condiciones para la endogeneización del proceso productivo circundante. Por ejemplo: una empresa privada en Cochabamba creó un automóvil eléctrico boliviano. Una audacia sin tamaño para un país pobre como Bolivia. Esto genera convulsiones. Imagínese lo que estará pensando Musk.

—U: La industrialización del litio es un hecho que tendrá que ocurrir debido a las transiciones de los ciclos económicos. Hasta el 2026, el país no podrá mantener las tasas de explotación de gas actuales y, por lo tanto, el litio será un imperativo para la supervivencia económica de la balanza comercial boliviana y el financiamiento estatal. La forma en que se desarrollará este proyecto está ahora en disputa en estas elecciones: por un lado, un proyecto de industrialización, que implica desarrollo tecnológico, productivo y comercial para Bolivia. Por otro, un proceso de venta de productos básicos puros y simples, trastocar el proyecto de desarrollo para financiar sólo la supervivencia y la permanencia de las personas que hoy gobiernan Bolivia.

 

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