Redacción Canal Abierto | El Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel difundió un “llamado a la rebelión” para enfrentar la injerencia militar de Estados Unidos sobre Venezuela, el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa y las amenazas de invasión y nuevos ataques sobre otros países de la región.
El texto señala diversas intervenciones violentas de Donald Trump, a quien califica como “un criminal que debe ser juzgado por La Corte Penal Internacional”.
“Los bombardeos a Venezuela y el secuestro de su presidente y su esposa, como las amenazas a los gobiernos de Colombia, México, Nicaragua y Cuba evidencian la estrategia de la potencia hegemónica en quebrar todos los consensos del Derecho Internacional, pactos, protocolos y convenciones y tratados de derechos humanos para imponer por la fuerza el saqueo y sometimiento de los pueblos”, agrega la declaración.
Además, el presidente del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) -quien semanas atrás criticó duramente a María Corina Machado por pedir una invasión a su país tras recibir ella el Nobel de la Paz-, advierte: “El propio Trump acaba de indultar al expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández condenado a 45 años de prisión por narcotraficante, lo cual evidencia que no le interesa el combate al narcotráfico, sólo lo usa de excusa para legitimar el uso de la fuerza según los intereses del imperio”.
“Los pueblos no pueden ser espectadores pasivos cuando está en juego la libertad y soberanía de nuestros hermanos/as en el continente”
A continuación, el texto completo
La invasión a Venezuela es una agresión contra todo el continente latinoamericano y en particular contra los gobiernos populares que defienden la soberanía política y económica, el llamado “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe expuesto en la estrategia del Documento de Seguridad Nacional pretende recuperar la preeminencia de los Estados Unidos sobre el Hemisferio Occidental, principalmente de América Latina.
Todos los países de América Latina están amenazados y violentados por el imperio que sigue considerando “su patio trasero” a todo el continente.
No son nuevas las intervenciones militares de EEUU, basta hacer memoria entre tantas, de Santo Domingo, Granada y Panamá, donde secuestró y encarceló al general Noriega invadiendo el país en 1986 y dejando más de 1.200 muertos en Los Chorrillos con total impunidad. Pero en esta ocasión la escalada militar supera los antecedentes imperiales anteriores.
El despliegue de portaviones y buques escoltas en el Caribe, las muertes provocadas por Trump en el mar contra barcos pesqueros y el secuestro de petroleros y los cometidos en diversas partes del mundo lo señalan como un criminal que debe ser juzgado por La Corte Penal Internacional.
Los bombardeos a Venezuela y el secuestro de su presidente y su esposa, como las amenazas a los gobiernos de Colombia, México, Nicaragua y Cuba, que han tenido el coraje de denunciar las amenazas a la soberanía de los pueblos, evidencian la estrategia de la potencia hegemónica en quebrar todos los consensos del Derecho Internacional, pactos, protocolos y convenciones y tratados de derechos humanos para imponer por la fuerza el saqueo y sometimiento de los pueblos.
Trump en su desesperación de perder la hegemonía mundial busca asegurarse los recursos petroleros y naturales en América Latina.
La mentira es la madre de la violencia y EEUU la utiliza para justificar su agresión a otros países, para declarar la guerra a Irak acusando a Sadam Hussein de poseer “armas de destrucción masiva”, nunca encontradas. Hoy acusa a Maduro de ser el jefe del narcotráfico y traficante de armas, y lo usa de excusa para secuestrarlo en Venezuela y pretender juzgarlo en tribunales norteamericanos. ¿Qué garantía podrá tener si lo condenaron antes de juzgarlo?.
El propio Trump acaba de indultar al ex presidente de Honduras Juan Orlando Hernández condenado a 45 años de prisión por narcotraficante, lo cual evidencia que no le interesa el combate al narcotráfico, sólo se usa de excusa para legitimar el uso de la fuerza según los intereses del Imperio.
No puedo dejar de señalar que duele e indigna la complicidad y el silencio de gobernantes de América Latina y el mundo frente a esta transgresión al derecho internacional como invadir a un país y secuestrar a su presidente. Se ha transgredido una línea roja que es el respeto a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.
Los pueblos latinoamericanos debemos enfrentar a gobiernos de derechas que viven sometidos al coloniaje de los EEUU, como el de Argentina, Javier Milei, entre otros, que avalan el accionar del imperio. Llegado el momento tendrán que dar cuenta de sus actos ante el pueblo y la justicia. “Lo que siembras recoges”.
Frente a esta situación, debemos convocar a una rebelión de la conciencia de los pueblos que promueva todas las acciones de resistencia y de movilización para enfrentar este nuevo coloniaje. No debemos aceptar el sistema de dominación y saqueo que pretende profundizar la dependencia económica, política, cultural y espiritual.
Ya lo anunció con clarividencia profética el Libertador Simón Bolivar “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias, en nombre de la libertad”.
Por eso es imprescindible accionar con urgencia en defensa de la soberanía y autodeterminación de los pueblos.
Naciones Unidas tiene que pronunciarse sobre los crímenes cometidos por Trump, impedir que actúe con total impunidad que genera un peligro para la vida y seguridad mundial. Sabemos los límites que tiene el sistema multilateral, pero igualmente hay que intervenir en defensa del derecho internacional.
Quiero dirigirme al pueblo de los Estados Unidos, muchos sectores no comparten la política de agresión y violencia del gobierno de Trump, cuando a lo interno sufren graves situaciones la población más necesitada, los migrantes, los jóvenes, los pobres y la discriminación. Frente a las continuas violaciones y el desconocimiento del Estado de Derecho el pueblo debe pedirle explicaciones de sus actos y su renuncia a la presidencia de los EEUU.
Es indispensable que las iglesias, organizaciones sociales, políticas y culturales, a los sindicatos y dirigentes políticos salgan a movilizarse y poner límites a un gobernante que pone en peligro la paz mundial. Deben actuar antes que sea tarde. Son las movilizaciones las que pueden asegurar la defensa de la democracia y el derecho.
Los pueblos no pueden ser espectadores pasivos cuando está en juego la libertad y soberanía de nuestros hermanos/as en el continente.
El llamado a la rebelión de las conciencias es una convocatoria a la esperanza y liberación de los pueblos. Debemos buscar la unidad en la diversidad en nuestro continente en base a la solidaridad de los pueblos.
Denunciar la violencia contra Venezuela, y las amenazas contra Cuba, Colombia, Brasil, Nicaragua, denunciar ante los organismos nacionales, regionales como la OEA, (silenciada por los EEUU) y organismos internacionales, la ONU, parlamentos.
Declarar un “día de rebeldía de conciencia de los pueblos”, paro continental, movilización y reflexión de los diversos sectores sociales, políticos, culturales y religiosos para encontrar alternativas liberadoras que unifiquen la Patria Grande.
En la IV Cumbre de las Américas realizada el 5 de noviembre de 2005 en Mar del Plata, los presidentes de Argentina, Brasil, Venezuela, Uruguay y Paraguay se unieron para oponerse al ALCA, un tratado de libre comercio que pretendía profundizar el neoliberalismo y un modelo neocolonial en la región. Hoy el imperio vuelve con los mismos objetivos ahora por la vía armada. Pudimos derrotar el ALCA, derrotaremos ahora la vuelta a la Doctrina Monroe. La soberanía de los pueblos no se negocia.
