Por Elisa Corzo | Tras dejar en segundo plano la excusa del narcoterrorismo y decir con todas las letras que el objetivo detrás del bombardeo a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro era el petróleo del país caribeño, en la tarde de ayer, Donald Trump dio más precisiones de cómo se concretaría la apropiación del recurso: anunció que la administración de Delcy Rodríguez le entregaría hasta 50 millones de barriles de petróleo a cambio de fondos que él mismo administraría.
“Ese dinero será controlado por mí, como presidente de Estados Unidos, para asegurar que se utilice en beneficio de los pueblos de Venezuela y Estados Unidos”, agregó, en un posteo en su red social Truth.
Inmediatamente después del secuestro de Maduro, en una rueda de prensa en Washington, también había afirmado que iba a “obligar” a las petroleras estadounidenses a “gastar miles de millones de dólares para reparar la infraestructura y empezar a generar dinero para el país”.
En diálogo con Canal Abierto, Ariel Slipak, economista (UBA) y coordinador del Áreas de Investigaciones de la Fundación Ambientes y Recursos Naturales (FARN) afirmó que el nuevo anuncio sin dudas se puede leer en el marco de lo que para él y otros especialistas es el verdadero objetivo de Trump detrás del ataque a Venezuela: generar expectativas para bajar el precio de la nafta en Estados Unidos.
“No veo tanto que el interés sea el hidrocarburo venezolano sino, más bien, que ésto responde a una necesidad interna que tiene Trump hacia sus propios votantes de contener la inflación. Entonces, lo primero que hace la invasión de Estados Unidos a Venezuela, más allá de las pequeñas oscilaciones diarias, es bajar el precio proyectado en el largo plazo, tanto del petróleo como del gas”, explicó.
Y añadió: “Si bien Trump no puede responder de manera inmediata a la oferta de petróleo, porque no es que el mes que viene va a haber más petróleo en el mundo, lo que sí hace es bajar el precio por un tema de expectativa”.
En una entrevista con C5N, Diego Guelar, exembajador argentino tanto en China -durante la gestión Macri- como en Estados Unidos y Brasil -en las gestiones de Menem y Duhalde-, se expresó en el mismo sentido. “El Presidente Trump está en campaña electoral para este 8 de noviembre. Ese es el dato central, y él necesita que el galón de nafta que hoy está entre 3 y 4 dólares en las gasolineras baje a 2. Aspira a lograr dos terceras partes de ambas Cámaras para poder anular la restricción de dos mandatos que tiene como Presidente”, sostuvo.
Otro de los que abona la teoría de que el ataque responde más a una necesidad interna de Trump de ordenar a su propia base política y poner en segundo plano las grietas en MAGA, es Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas de Grecia que sigue de cerca las transformaciones en el orden económico y político actual.
Para Slipak, en tanto, que Estados Unidos tome control del petróleo venezolano es algo que preocupa a China, principal destino de las exportaciones de PDVSA, pero que no le mueve el amperímetro. En este contexto, lo que más preocupa a Beijing es la alianza que intenta promover Trump con Rusia.
“Parece incoherente, pero ¿por qué Estados Unidos quiere que Rusia se amigue con el mundo y vuelva a ser oferente de hidrocarburos, especialmente de gas? Si el gas ruso de alguna manera es más barato en Europa que el GNL de Estados Unidos. Bueno, esto es porque eso baja el precio a nivel global. Y así como en algunos momentos se hacen guerras para subir los precios, en este momento parece que Estados Unidos tiene una política de contener la inflación interna”, planteó.
El impacto en Vaca Muerta
Lo ocurrido en Venezuela, país con las mayores reservas mundiales de petróleo, rápidamente encendió las alarmas de cómo podría impactar una mejora de la performance del país caribeño en la industria del petróleo a nivel local.
En Econojournal, el periodista Nicolás Daza, relevó testimonios entre empresarios del sector que minimizaron el efecto. En principio, porque el crudo que se extrae en Venezuela no compite con el “Medanito”, más liviano, que sale de Vaca Muerta. En todo caso, reponía Daza, el principal riesgo es que surja un renovado interés inversor en Venezuela, que compita con las necesidades en Argentina, algo que por lo pronto sólo está en los deseos de Trump.
Para Slipak de FARN tampoco hay un riesgo inminente que responda a la baja del precio del barril del petróleo. En YPF, señaló, Horacio Marin calcula que el ‘breack even’, que es el precio internacional mínimo que se requiere para que la producción sea viable económicamente, hoy se ubica en los USD45.
No obstante, sí observa una incoherencia en todos los proyectos vinculados a la expansión de la infraestructura fósil, como el VMOS (Vaca Muerta Oil Sur) o los proyectos de GNL el Golfo San Matías con Southern Energy.
“Toda esta situación -señaló- muestra que los precios son volátiles y que, en un escenario de Rusia reincorporándose como oferente y de nuevas expectativas puestas en Venezuela, la apuesta a la infraestructura de exportación no solo es equivocada desde lo ambiental, sino que es una apuesta equivocada desde lo económico”.
“Y además -cuestionó- ya conocemos lo que pasa cuando baja el precio de petróleo en el mundo: las petroleras en Argentina exigen más subsidios, porque si no dejan a la gente sin laburo (y los gobiernos se los dan), exigen reforma laborales, que se les pague la infraestructura, que se les pague un dólar diferencial”.
Por último, el especialista se refirió a las implicaciones en términos socioambientales, que también están presentes si bien “pasan a un segundo plano” por la gravedad en términos de violencia, injerencia directa y violación a la soberanía que representa la invasión. En ese aspecto -subrayó- “hay una necesidad urgente de poner un freno a las nuevas inversiones de hidrocarburos”.
Y la invasión de Estados Unidos y las intenciones manifestadas por Trump van totalmente en sentido contrario en términos de transición energética. “Acá, directamente, lo que hay es un negacionismo”, afirmó Slipak.
