Redacción Canal Abierto | Mientras se producía el ataque estadounidense a Caracas y otras localidades de Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el 3 de enero de 2026, casi a la misma latitud pero en el continente africano, el presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, sorteaba un intento de golpe de Estado.
El colonialismo desembozado de Donald Trump, que horas después anunciaba que Estados Unidos estaría “al cargo” del país caribeño hasta lograr una transición “segura” y que luego declaró “yo estoy al mando en Venezuela”, tuvo su correlato en África de la mano de Emmanuel Macron quien se resiste a cortar los lazos con los antiguos dominios coloniales franceses y estuvo detrás de la asonada militar en Uagadugú, capital burkinesa.
Recordemos que con la llegada del capitán Traoré al poder en 2022 -tras desplazar con un golpe de estado al teniente coronel Paul-Henri Sandaogo Damiba-, en enero de 2023, Burkina Faso solicitó la salida de las tropas francesas del país tras decretar el final de los acuerdos de defensa suscritos por ambos países, en un clima popular de recrudecimiento del sentimiento antifrancés y anticolonial.
Desde entonces, el gobierno burkinés avanza en un proceso de integración regional junto a Malí y Níger, a la vez que fortaleció sus relaciones con Moscú. Las tres naciones crearon la Alianza de Estados del Sahel (AES) -esa franja semidesértica al sur del Sahara que recorre el continente de este a oeste, desde Senegal hasta Sudán y Eritrea-. Este proceso tiene un fuerte sello anticolonial, soberanista y panafricano, que despierta el recelo de las viejas metrópolis.
La AES se ha propuesto crear un banco de desarrollo común, una radio y televisora del Sahel, desarrollar las conexiones aérea y ferroviaria, y articular una fuerza conjunta de 5.000 efectivos para hacer frente a grupos armados terroristas fomentados por el imperialismo. El jefe de estado burkinés, además, eliminó al francés como idioma oficial, reemplazándolo por lenguas nativas, y nacionalizó al sector minero: Burkina Faso es un gran productor de oro.
Otro dolor de cabeza para el Elíseo es que su influencia en la región decae entanto se incrementa la de China, Rusia y, más recientemente, Turquía.
El intento de golpe y magnicidio
Según informó este miércoles el ministro de Seguridad de Burkina Faso, Mahamadou Sana, se trató de un complot que pretendía eliminar a altos mandatarios, incluido el jefe de Estado, generar desestabilización y provocar una intervención militar externa.
El funcionario denunció que la operación frustrada contó con financiamiento proveniente del exterior y aseguró que la situación se encuentra bajo control, pero continúan las investigaciones y las detenciones de presuntos conspiradores. También señaló que en la cabeza de la operación está el expresidente Damiba, aliado de París, exiliado en Togo.
Apenas difundida la noticia del complot, en la noche del 3 de enero, una nutrida multitud se volcó a las calles de Uagadugú en dirección a la residencia presidencial para defender al gobierno de Traoré. Este es el cuarto intento de ponerle fin a su mandato y, como en el último y más serio, las investigaciones señalan a Costa de Marfil como origen de los fondos que financiaron la operación.
París utiliza su influencia a través de las naciones vecinas -Togo, Benín (donde Francia aún tiene bases militares), Costa de Marfil y Nigeria-, de cuyos líderes es aliado. Cuando las tropas extremistas que desestabilizan la región son derrotadas, se repliegan hacia los territorios de estos países.
