Por Nahuel Croza | En el último año, el Banco Central de Brasil se deshizo de aproximadamente 61 mil millones de dólares de Títulos del Tesoro de Estados Unidos (Treasuries), reasignando la mayor parte de este capital a la compra de oro y de activos de otras monedas fuertes. Esta cifra, acumulada entre octubre de 2024 y el mismo mes de 2025, equivale al 27% de las reservas en dólares de la institución presidida por Gabriel Galipolo.
En este proceso, la reducción porcentual de reservas en dólares de Brasil es mayor a la de la India -vendió un 21% de sus letras del Tesoro- y a la de China -con una reducción cercana al 10%.
Los Bonos del Tesoro estadounidense son considerados “activos de refugio seguro”, tienen respaldo total del Gobierno de Washington y se los juzga libres de riesgo de impago. Sin embargo, en el mundo financiero se evalúa que factores como la inflación persistente y la expectativa de que la Reserva Federal baje las tasas de interés durante 2026 provocarían una devaluación del dólar, lo que hace que se incremente su volatilidad.
La guerra comercial desatada por Trump desde el Liberation Day -cuando el 2 de abril de 2025 anunció una estrategia de “aranceles recíprocos” para corregir lo que el magnate denominó “décadas de relaciones comerciales injustas”-, el consiguiente desplome de las bolsas y la inestabilidad política y económica global redundaron en que varios bancos centrales incrementaran sus reservas en oro como refugio seguro. Esto empujó el valor del metal a niveles históricos: en enero de 2026 alcanzó los 5000 dólares la onza.
Para tener una idea del fenómeno y del momento de tensión intracapitalista, hace poco más de un año -en abril de 2024- el dorado metal había alcanzado un máximo histórico de US$ 2.364 la onza. La expectativa es que a lo largo de este año la onza dorada siga escalando incluso hasta los US$ 6.000.
Así, frente al patoteo del “bully” Trump, la acción combinada de las reservas de los BRICS está redefiniendo el escenario internacional. En Latinoamérica, Brasil, con sus 172,4 toneladas de oro, compite por ocupar el primer lugar en la región, habiendo incrementando sus tenencias en un 33% desde septiembre de 2025.
Mientras tanto, en el trasero del patio…
Una madrugada de junio de 2024, el equivalente a US$ 4.981 millones de las reservas de oro del Banco Central de la República Argentina (BCRA) fueron embarcados en un avión de British Airways con destino a Londres.
Entonces, la Asociación Bancaria denunció que la operación se hizo en las sombras, literales y documentales, y solicitó a Santiago Bausili, presidente de la entidad, información sobre las transacciones. En concreto, le pidió que explique “en qué cantidad, por qué monto y en qué moneda, bajo qué características comerciales o de otra índole y a qué destino” fueron remitidas las reservas en metálico.
El secretismo persiste a lo largo de los meses, pero el propio Banco Central admitió ante la Auditoría General de la Nación (AGN) que en todo 2024 no existieron contratos por el envío de oro al exterior. En los papeles, por el momento, el oro se esfumó.
En diciembre de 2025, el diario Ámbito dio a conocer que, luego de una serie de intimaciones al Central para que brindara información sin respuesta, la AGN sugirió al Congreso que presentase una demanda judicial por entorpecimiento de las labores de auditoría. Como respuesta, el BCRA informó que no se registran contratos del envío al exterior, por lo cual no hay nada que auditar.
El BCRA y el Gobierno se justificaron hace unos días asegurando que el motivo del secretismo es mantener las reservas a salvo de las decisiones de la jueza Loretta Preska en la causa por la estatización parcial de YPF.
A fines de junio, la magistrada había ordenado transferir el 51% los títulos de la petrolera como parte de pago de la sentencia de US$ 16.000 millones, medida que la Procuración del Tesoro apeló y que ahora está a la espera de una definición de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito.
En cumplimiento de una orden judicial de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, el Gobierno alegó que revelar la ubicación o movimientos de las reservas podría generar reacciones que afectarían directamente el manejo de las mismas y el funcionamiento normal del Banco Central..
La soberanía es sólo brasilera
Así, mientras la gestión mileísta de los JP Morgan boys ata cada día un poco más las finanzas nacionales al carro en llamas de Donald Trump, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva reafirma su soberanía y da un golpe blando a la economía del gigante norteamericano. Y lo hace mientras negocia con el “naranja” los aranceles para su economía.
A la par de este proceso de desdolarización de las reservas, el presidente de Brasil ha promovido una suba del 6,8% del salario mínimo —que implica una mayor inversión en pensiones y programas sociales atados a este valor—, y la reciente reforma impositiva impulsada desde el Planalto amplió el número de trabajadores exentos del impuesto sobre la renta. La soberanía nacional construye justicia social y viceversa.
