Agustina Quaranta: “Las infancias trans existen y se manifiestan”

Referente mundial de la comunidad trans y creadora del primer canal informativo de la comunidad, su historia es un testimonio vivo de esa lucha silenciosa que muchas debieron librar a solas, y también un faro de resistencia que ilumina el camino para las nuevas generaciones.
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Por Inés Hayes | Agustina Quaranta es una referente de la comunidad trans a nivel mundial, creadora del primer canal informativo de personas transgénero. Agustina nos cuenta cómo vivió su infancia y la importancia de tener redes de acompañamiento y contención.

Ser niña o niño trans en la Argentina de los años 80 no solo significaba cargar con una identidad silenciada, sino enfrentarse a una sociedad que castigaba cualquier gesto de disidencia. En una época donde no existían leyes de identidad de género, ni información, ni redes de apoyo, la infancia de las personas transgénero transcurría en las sombras, entre el deseo de ser una misma y la violencia de un entorno que solo ofrecía represión, burlas y exclusión.

Hoy es una voz ineludible: creadora del primer canal informativo de personas transgénero y activista incansable, ha dedicado su vida a que ninguna otra persona tenga que pasar por lo que ella vivió. Pero antes de los reconocimientos y las cámaras, fue una niña de cinco años que ya sentía que su identidad no coincidía con lo que le imponían; una adolescente que encontró en una murga callejera el espejo donde reconocerse; y una joven que eligió la libertad aunque eso significara quedarse sin familia.

Todo comenzó a los 5 años: un día en el jardín de infantes cursando preescolar, estábamos jugando a un juego y sentí atracción por un compañero de sala, me di cuenta que me gustaba y a la vez en ese momento estaba comenzando a sentirme más cómoda con los juegos, la vestimenta y los sentimientos femeninos. 

No podía; esto transcurre en el año 1987. Realmente no podía expresar lo que sentía ni a mi familia ni a mis amiguitos porque siempre que jugaba con muñecas o cosas de niñas comenzaban las burlas o las represalías de los mayores diciéndome que eso no era para mí. 

Comencé a crecer y a notar que cada vez me identificaba más con las niñas del colegio  así como con mis amigas del barrio y que no sentía lo que los otros chicos sentían en atracción a las chicas ni me gustaban los mismos deportes que a mis compañeros. A la vez me sentía muy incómoda con la ropa del género masculino y buscaba siempre poder hacer lo que hacían las chicas.  Cuando intentaba ser quien yo sentía, no podía hacerlo por eso buscaba lugares donde podía ser yo, como esperar a que no haya nadie en mi casa y poder jugar así con juegos de nenas.  Al principio mi mamá acompañaba esto comprándome juguetes para niñas pero con el transcurso de un tiempo creo que comenzó a darse cuenta y comenzó a cambiarlo. Pero efectivamente yo me sentía más cómoda jugando con muñecas y a los muñecos que me regalaban los transformaba, agregándole largas cabelleras con plastilina y armando mis propias muñecas. 

Sufrí muchísimo bullyng y acoso de parte de los maestros y de la dirección de la institución educativa que les pidió a mis padres que me retiren del colegio porque sino tendrían que echarme. Fue una situación muy triste porque ya tenía 8 años y comenzaba a darme cuenta que cuando me mostraba siendo yo todo empeoraba.

Recuerdo ese último cumpleaños que me festejan con los compañeros de esa escuela, que mi familia contrató unas animadoras y los chicos se disfrazaban de indios y las chicas de princesas, yo pedí por favor que me hicieran lo que le hacían a las chicas que eran pinturas de corazones en la cara. Al día siguiente en el colegio sufrí mucho acoso y burla por lo sucedido. Padres de otros compañeros no los dejaban ya juntarse conmigo y les prohibían hablarme o invitarme a sus casas. 

Fue bastante difícil porque pasé a un colegio estatal donde todo se iba de las manos de los maestros y comenzaban a pegarme en los recreos y muchas veces a esperarme en la salida de la escuela para golpearme porque yo me seguía mostrando como me sentía. Recuerdo una vez en el baile de fin de curso una maestra que me dejó hacer el acto escolar con las chicas  bailando una canción y eso generó que casi todo el colegio me tome de burla y actos de violencia.

Con el pasar del tiempo cada vez fue más notorio mi sentir y mi familia estaba desorientada tratando de comprender pero a la vez reprimida porque no querían acompañar ese sentir que yo expresaba. Trataron de buscar ayuda en psicología y tratamientos alternativos de cura para homosexuales. Yo no me sentía homosexual sino transexual y esto generaba más rechazo. 

Fue algo muy lindo para mí descubrir que era eso que venía trayendo desde mi niñez reprimiéndolo en público muchas veces para que no me sigan lastimando pero a la vez siendo tan feliz en privado viviéndolo. Como cuando podía vestirme con ropa femenina de mi mamá o con amigas que me dejaban hacerlo en sus casas sin que nadie nos viese. Un día pasa la murga con un gran show y veo a una travestí por primera vez y me dijeron es un hombre. Yo la veía hermosa y comprendí en ese mismo momento que eso era lo que me pasaba.  Yo sentía lo mismo y me identifiqué rápidamente

Tenía 9 años cuando me sucedió ese primer encuentro con mi identidad. Luego con el pasar de los años empecé a vivir con un peso más fuerte de represión porque ya sabía lo que sentía y no podía enfrentarlo con mi familia y socialmente. 

Entre los 13 y los 15 años empezó el proceso de transición, buscando lugares de ambiente a escondidas y relacionándome con las personas que sentían lo mismo que yo. Si bien fue muy difícil afrontarlo en mi día a día por los problemas que me traía en mi casa, cuando estaba en esas discotecas me sentía feliz siendo quien podía ser en esas cortas horas de la noche que podía vestirme de mujer, en los baños de la disco Bunker y ser feliz.

Fue muy trágico para ellos, fue muy difícil de aceptar llegando a la decisión de  excluirme del núcleo familiar y cortando la relación. 

Si bien era muy joven para afrontar una vida sin familia y sin un hogar , no me importó eso por qué era libre. Podía ser quien yo sentía ser. No importaba lo que me pasaba o pudiera pasar: era más la felicidad que sentía de poder ser quien yo realmente soy que todo lo demás. 

Hoy tenemos una hermosa relación, luego de unos años nos juntamos y comenzamos nuevamente con mi vida como Agustina y eso fue maravilloso porque juntos pudimos compartir muchas cosas como familia. Es importante que las familias estén atentos y capacitados para acompañar estas niñeces trans y adolescencias ya que pueden tener el apoyo en sus casas y pueden ayudar a que estas transiciones sean más fáciles y llenas de amor y comprensión.

Si bien hay más información y algunos avances en derechos, se necesita que los futuros padres estén capacitados para acompañar estas infancias y adolescencias, porque la discriminación y la violencia sigue siendo un factor muy significativo en estas transiciones. 

No solo violencia sino también una negación y una manipulación de parte de los mayores queriendo imponerse sobre los sentimientos personales de estas infancias. Falta de comprensión y acompañamiento de las familias y lo mismo pasa en las instituciones educativas y sanitarias con muy poca experiencia en el desarrollo de estas infancias. 

Hablo en general; en el mundo entero se cuestiona nuestro derecho a la identidad de género y el desarrollo personal de transición. No obstante, hoy se está generando de parte de los discursos políticos grandes debates sobre la edad de las personas para transicionar y se está generando violencia en contra de las personas trans nuevamente. Es como que se volvió a poner de moda la transfobia. Los discursos políticos que nos utilizan como blanco a las personas trans en el deporte, en derechos y cargos públicos genera que la sociedad se sienta libre de cualquier acto de violencia en contra de las personas trans.

Como primer punto, capacitar a los padres y familias para el acompañamiento de las infancias y adolescencias trans porque las infancias trans existen y se manifiestan. Luego adaptar las instituciones y sistemas sanitarios a las necesidades de una persona transgénero. Y por último incorporar leyes y derechos en plena igualdad y que sean acompañados por la sociedad.

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