Más casta no se consigue: la corrupción mileista a la vista de todos

Viajes oficiales injustificables, denuncias judiciales y negocios millonarios con el Estado rodean a funcionarios libertarios. Mientras el ajuste golpea a los trabajadores, el relato anticasta se diluye entre internas, escándalos y vínculos opacos con el poder económico.
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Por Federico Chechele | La “Argentina Week” que organizó el gobierno en New York para atraer a inversores al país, no tuvo los resultados esperados. Intentaron que sea una vidriera para mostrar oportunidades económicas pero terminó revelando improvisación, conflictos internos y una acumulación creciente de escándalos.

La tormenta comenzó durante la apertura del evento, cuando el presidente Javier Milei volvió a cargar contra empresarios argentinos como Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla, a quienes calificó de “prebendarios” y “corruptos”. Incluso llegó a afirmar que quienes defienden la industria nacional “son chorros”. Luego insistió en que los empleos destruidos por la crisis “se reconvertirán en otros sectores con mejores salarios”. La realidad muestra otra cosa: según la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), Argentina se ubicó entre los países con peor desempeño industrial del mundo, con una caída cercana al 8% en el bienio 2024-2025.

Mientras tanto, una decena de gobernadores recorría hoteles de lujo en Nueva York invitados por el Gobierno nacional, una suerte de premio político tras el apoyo a la reforma laboral. Ninguno regresó con inversiones concretas para sus provincias, varias de ellas con conflictos permanentes. Sin embargo, el ministro de Economía Luis Caputo destacó el “gran trabajo de los gobernadores vendiendo el país”.

“Yo quería que ella me acompañe porque es mi compañera de vida. Es la que me da una mano, además, acá”. Con estas palabras, Adorni justificó la presencia de su esposa en la comitiva, agregando “vengo una semana a deslomarme a Nueva York”. La frase explotó en una Argentina atravesada por una fuerte recesión, con cientos de miles de puestos de trabajo perdidos y con 22 pymes cerrando cada día. El problema no fue solo el gesto de privilegio, sino la contradicción con el propio discurso del gobierno. El mismo Adorni había anunciado en 2024 que los aviones del Estado no podrían transportar familiares de funcionarios.

Las críticas cayeron fuerte en la comitiva presidencial fundamentalmente porque el exvocero construyó su corta carrera contando las costillas a todos, anunciando despidos en el Estado con una sonrisa o alardeando de la represión en las calles para justificar el libre tránsito. De origen marista, en la búsqueda de “buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”, el Jefe de Gabinete evidencia día a día una ineludible falta de roce con la humanidad. Eso se aprende en lugares que Adorni desconoce por completo.

Sin embargo, alguien de la comitiva entendió que lo estaban cocinando propios y ajenos, entonces, desde Casa Rosada comenzaron a enviar comunicados inútiles del funcionario en reuniones menores con gobernadores y empresarios argentinos. Fue peor la cura, ya que quedó evidenciado que viajaron 9.000 km para juntarse entre ellos. Más casta imposible.

En Argentina el revuelo era tal que hasta la propia vicepresidenta, Victoria Villarruel, un peligro latente que tienen los hermanos Milei en la línea sucesoria, escribió en sus redes “el ajuste lo va a pagar la política… Jajajaj”, con una fotografía de Adorni. Entonces no quedó otra decisión de salir a respaldarlo institucionalmente. La primera fue Karina Milei, su promotora y jefa directa, luego continuó toda la primera línea del Gobierno, incluso apareció el apoyo presidencial.

Las aguas parecían calmarse pero aparecieron más desacoples en el entorno de Adorni. Se supo que el Jefe de Gabinete viajó el 12 de febrero pasado en vuelo privado a Punta del Este junto a su familia y el periodista de la TV Pública Marcelo Grandio abonando US$ 10.000. En su regreso, el 17, solicitó hacer el trámite de migraciones en un hangar de San Fernando para que nadie lo vea, pero las imágenes aparecieron y brotó otro escándalo. En este caso fue más indecente que llevar a su esposa a Nueva York porque con su sueldo y declaración jurada no tiene forma de justificar cómo pudo pagar el avión y si recibió dádivas de privados.

Los escándalos siguen. El diputado nacional Rodolfo Thailade denunció que el 14 de mayo de 2025, mientras Adorni ocupaba el cargo de secretario de Comunicación y Medios, lanzó la licitación para contratar un servicio para enviar 36.000.000 de SMS, 600.000.000 de correos electrónicos y 12.000.000 de llamadas de voz automatizadas durante 2026. El 30 de diciembre de 2025, ahora como jefe de Gabinete adjudicó la licitación a la firma ATX SA por $3.650.226.300. Dos millones y medio de dólares para mandar mensajes que no se sabe para qué son, ni a quiénes se los mandan, ni qué base de datos están utilizando.

Pero volvíamos a Bettina Angeletti, la esposa de Adorni, que es coach ontológica y que viajó recientemente a Nueva York con la comitiva presidencial a bordo del Tango 01, lo que le valió al Jefe de Gabinete ser denunciado penalmente. Si bien no es funcionaria del Gobierno posee a través de su consultora un vínculo laboral que la relaciona de forma directa con Mara Gorini, consultora de la Secretaria General de Presidencia y mano derecha de Karina Milei, y que tiene además una de las dos empresas preseleccionadas para quedarse con la concesión de Tecnópolis por los próximos 25 años. El conflicto de intereses es evidente.

Sin embargo, el que presenta una buena movilidad social ascendente es Federico Sturzenegger quien incrementó su patrimonio en casi $970 millones en un año. Según consta en la declaración jurada presentada ante la Oficina Anticorrupción, informó de $1.402.292.739,22 al inicio del período y $2.371.733.030,08 al cierre: una diferencia de $969.440.290,86 en 12 meses que equivale a un aumento del 69%. Además se verificó que el funcionario que anda de acá para allá con la motosierra, tiene el 98% de su dinero líquido afuera de la Argentina.

Además conviene recordar también que la esposa de Federico fue contratada por Cancillería para dar cursos de inglés, casi un requisito esencial para trabajar en dicho organismo, y que Luis Caputo tiene a sus hijos trabajando en el ministerio que preside. Estos son los casos más destacados del gobierno que dice cuidar los recursos públicos pero donde van dejan los dedos marcados por hechos de despotismo y corrupción.

La última noticia sobre el Caso $LIBRA encendió llamas en Olivos. La estafa que tiene involucrados directamente a los hermanos Milei, ahora confirma una relación directa y fluida entre el presidente y los impulsores del criptomoneda: Milei llamó ocho veces a Mauricio Novelli minutos antes de su lanzamiento.

Y si faltaba que aparezca alguien durante esta semana fue José Luis Espert, a quien la Justicia prolongó la inhibición de todos sus bienes. El hombre que se ufanaba de “cárcel o bala”, sigue siendo investigado por presunto caso de lavado de activos sobre una transferencia de 200 mil dólares que habría recibido de Fred Machado, un empresario que Estados Unidos detuvo y extraditó por sus vínculos con el narcotráfico.

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El discurso “contra la casta” que instaló Javier Milei fue, sin dudas, un eslogan eficaz para diferenciarse de las otras fuerzas políticas y canalizar el malestar social de entonces, frente a años de crisis económica y descrédito de la dirigencia. Sin embargo, detrás de esa consigna potente hubo siempre una gran ambigüedad sobre qué significaba realmente “la casta” y cómo se iba a transformar la política para terminar con esos privilegios.

Durante su campaña, la idea de “casta” se utilizó como un concepto amplio y difuso que parecía incluir a toda la dirigencia política, a sectores del Estado e incluso a organizaciones sociales y sindicales. Pero una vez en el gobierno, quedó en evidencia que ese discurso tenía más de herramienta comunicacional que de proyecto de transformación institucional.

De hecho, muchas de las prácticas que se señalaban como propias de la “casta”  -alianzas con sectores tradicionales de la política, acuerdos con dirigentes que formaron parte de los gobiernos anteriores o la incorporación de funcionarios provenientes de los mismos espacios que se criticaban- comenzaron a aparecer rápidamente en la gestión libertaria. Esto mostró que el problema no era simplemente una categoría moral sobre quiénes eran los “buenos” y los “malos”, sino un entramado mucho más complejo de poder político, económico y corporativo.

Además, mientras se sostenía el relato de enfrentamiento con la “casta”, las principales decisiones del gobierno recayeron con fuerza sobre los trabajadores, los jubilados y los sectores populares. El ajuste del gasto público, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, el recorte en áreas sensibles del Estado y el traslado del peso de la crisis hacia quienes menos tienen contrastan con la promesa de terminar con los privilegios de los sectores de poder.

En ese sentido, la idea de “casta” terminó funcionando más como una narrativa de confrontación que como una política de Estado. Porque si algo quedó claro en estos dos primeros años de gobierno de Milei es que los sectores concentrados de la economía y el poder financiero no han sido precisamente los perjudicados por las políticas adoptadas.

Por eso, cada vez es más evidente que aquel discurso que para un sector de la población parecía disruptivo y antisistema terminó convirtiéndose en una herramienta retórica que pierde fuerza cuando se la contrasta con la realidad de la gestión. Gobernar implica tomar decisiones concretas y asumir responsabilidades, y allí es donde los slogans suelen chocar con la complejidad de la realidad social y económica.

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