Por Leo Vázquez | Déborah Dixon es la cantante de música negra más importante de la historia del rock nacional. Con su estilo emocional, su despliegue técnico y una profundidad tonal difícil de encontrar, se convirtió en una de las voces más notables de la discografía argentina y en una pieza clave del fenómeno más convocante de los últimos años.
Nacida en Limón, Costa Rica, y asentada en Buenos Aires desde comienzo de la década del 80 luego de una estadía en Europa, consolidó una carrera que atraviesa tanto proyectos propios como colaboraciones con los artistas más importantes del país.
Desde que emergió con Las Blacanblus en 1992, su trayectoria no paró de crecer. Aquel sorprendente cuarteto de mujeres que completaban Mona Fraiman, Cristina Dall y Viviana Scaliza, introdujo un matiz coral al universo blusero inexplorado en estas tierras hasta ese momento.
El hipnótico disco debut, Cuatro mujeres y un maldito piano, fue la obra que las catapultó a la eternidad del blues local.
Para Déborah aquel sería el primer escalón de una trayectoria inabarcable adornada con discos de a miles, festivales internacionales, figuras mundiales y un 2026 a puro show.
Integrante de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado desde los primeros días, ha acaparado gran parte del porcentaje del cariño que los ricoteros entregan a los músicos de Solari.
“Creo que uno se convierte en una especie de canal a través del cual todo eso le llega al Indio. Es un amor infinito”, analiza.
En esta charla, realizada en AM 530 para el programa TDK y para Canal Abierto, “La Dixon”, revive sus primeros años en Costa Rica, el despegue en París y España cantando clásicos de la canción latinoamericana, la llegada a Argentina, anécdotas con todos, Olavarría y la transición para seguir adelante sin Indio.
Además, su espectáculo con Luciana Palacios, la otra corista fundamentalista, con el que se presenta este sábado en Bebobp.
¿Qué recordás de Limón?
-Yo estuve hasta los 6 o 7 años, tengo recuerdos vagos, pero justamente el mes pasado estuve en Costa Rica y estuve en Limón, con hermanos míos tratando de recordar lugares en los que habíamos vivido, un viaje nostálgico y la verdad es que tengo recuerdos de cuando mi mamá y mi papá estaban juntos, yendo al jardín de infantes, la playa…
¿Buscaste tu casa?
-Sí pero no está más. La zona sí, era una de esas casas típicas caribeñas, que tienen como un corredor, un porche en el que uno puede sentarse a la tarde, la recuerdo como de un color verdecito.
Limón centro es un puerto, no hay nada extraordinario, una ciudad pequeña que ha crecido alrededor del puerto y es bastante pobre, alejada de la mano de los gobiernos, no por casualidad: allí se concentra la mayor cantidad de población afro.
Pero hay que ir a lugares como Cahuita, Puerto Vargas, Playa Cocles, Tortuguero…
¿Y la música se la debés a tu mamá?
-Y sí, porque mi mamá toda su vida está cantando, aun hoy a sus 94 años y con demencia senil tiene esas cosas, empezás a cantarle algo y ella sigue, se acuerda todo de memoria, se le ilumina la cara y baila, es muy musical, entonces en casa siempre había mucha música.
¿Tu papá también?
Sí, pero como él se fue cuando yo era chica, recuerdo menos, recuerdo que le gustaba Nat King Cole, Harry Belafonte, y mi mamá era más por el lado del jazz, soul, la música caribeña, el reggae, la salsa y también escuchaba música clásica.
-¿Y qué escuchás en tu casa?
-Depende, puede ser Stevie Wonder, voy eligiendo entre lo que tengo, Mercedes Sosa, mucho soul y ahora con las recomendaciones de las plataformas a veces descubro cosas interesantes, sobre todo que traen los hijos, a Amy Winehouse me la hizo conocer un alumno de canto hace mucho tiempo, ahora ya no doy más clases, y me enamoré de ella, justo ayer fui a ver un espectáculo sobre ella a que me encantó. Así que la cosa es muy variada, viste que uno vuelve a lo que escuchó de chiquita, de adolescente, depende en que ánimo esté me pongo Jimi Hendrix, a Santana, o algo mas tranqui, uno de mis discos preferidos de jazz es Ella y Sachmo (Ella Fitzgerald y Louis Armstrong), sé todos los temas de memoria, y también puedo caer en algo brasilero que me fascina.
¿Y no escuchás Deborah Dixon?
-¡Noo, de ninguna manera!
¿No te gusta escucharte?
-Sí pero me da cosa… si llego a un lugar y hay gente que me conoce y pone música que yo he hecho, entonces te convertís en el centro de atención, que no me interesa, yo soy más de bajo perfil.
Después sí, si escucho algo años después de haberlo hecho, me encanta, aunque en el momento no me haya gustado. Por ejemplo, el otro día le estaba mostrando a una amiga cosas de Las Blacanblus y la verdad que a la distancia me encantó. Tengo un disco muy lindo grabado a dúo con Ángel Sucheras, que realmente es muy bonito, hace un tiempo Ángel me mandó un mensaje que decía “que lindo disco nos mandamos”.
Viajaste mucho, te fuiste de Costa Rica a Francia, Colombia, España…
-Yo estudié en un colegio francés en San José, entonces mi educación y mi mayor sueño era conocer París, así que fui en principio de paseo y con la intención de, si podía, quedarme a estudiar. Me quedé, me metí a la universidad a estudiar Letras y rápidamente, al año, me fui a vivir a España, ahí viví como cuatro años. Fue duro, porque yo era muy jovencita, conocí un montón de cosas, me superaba pero al mismo tiempo me explotó la cabeza, fue una experiencia muy hermosa.
¿Y la música ahí?
-Yo siempre cantaba en el colegio y esas cosas, pero siempre muy tímida, y cuando llegué a Francia unos amigos míos franceses habían montado una obra de teatro itinerante, un verano, y yo los acompañé, cantaba dos o tres canciones, tocaba la guitarra muy mal, cantaba cosas de Violeta Parra, Víctor Jara, Quilapayun, me encantaban, y ahí quedó. Cuando vine a Argentina y tuve a mi hija mayor, un día quise tener un hobby porque estaba dando clases de francés en la Alianza Francesa y estaba agobiadísima. Busqué algo que me hiciera ocuparme de mí misma una horita por semana, ahí me puse a buscar a Cristina Aguayo, que creo que todavía sigue dando clases de música negra.
Llegaste con la democracia…
-Sí, porque mi ex marido es argentino, lo conocí en París, él estudiaba en la universidad, ahí nos conocimos. De París nos fuimos a Madrid, de ahí a Bogotá y de Colombia para acá… creo que fue una muy buena decisión, mis hijos son argentinos, mi marido actual también, aquí hice toda mi carrera con la música.
¿Lo de Cristina Aguayo cómo fue?
-Fue un volante en un negocio, venía yo hablando de eso y entramos a una tienda que vendían ropa de bebés, y había una pila de volantes en el mostrador porque resulta que alguien que trabajaba en ese local estudiaba con Cris, entonces agarré el volante y a la semana ya estaba, era lo que necesitaba.
Dice Cristina Aguayo que ella inventó a Las Blancanblus…
-Ella dice, sí. En realidad nosotras éramos alumnas de ella y ella organiza con sus alumnos coros y grupos, algunos de nosotros tocábamos con ella, la acompañábamos en algún show, algo así, y con otra gente nos empezamos a juntar para hacer algo, improvisar, recrear los temas que habíamos aprendido, éramos un grupo bastante grande que se fue decantando y quedamos nosotras cuatro, y como veníamos de un trabajo coral nos pusimos a hacerle coros y desmenuzar temas y recrearlos con otra impronta mas coral que aquí no había.
¿Cuándo empezaste a sentir que iba enserio?
-Y cuando empezamos a presentarnos en distintos lugares y empezamos a ser llamadas de muchos lados, a tener más laburo. Yo en ese momento laburaba de noche en la Alianza Francesa y empezaron a contraponerse lugares y horarios, en un momento tuve que tomar la decisión y gracias a Dios decidí lo que decidí. Ahí descubrí algo que tenía adentro muy tapado y empezó a salir…
Fueron precursoras en muchas cosas…
-Sí, hoy se reconocen muchas cosas, en ese momento obviamente una no se daba cuenta para nada de eso, pero sí, cuatro mujeres, que se manejaban solas, sin manager, la única vez que tuvimos uno nos afanó… Una actitud de animarse a ser nosotras dueñas de nuestra vidas, haciendo canciones que tenían muchas veces temáticas sobre las mujeres, las chicas se identificaban mucho y eso hizo que nos conocieran más.
Las Blacanblus nunca más, ¿no? Falta Mona…
-Un tiempo fuimos tres, Viviana, Cristina y yo pero, hace un montón que dejamos…
¿Por qué?
-Porque ya no daba más, estaba gastado ese proyecto. Cada una tenía sus propios intereses y expectativas respecto a la música y de qué hacer con su vida, y ayudadas por uno de los tantos momentos de crisis económicas del país, en la cual nos estaba yendo bastante mal, decidimos no seguir…
¿Hay alguno de los discos de Las Blancanblus que te guste más?
-Me gusta mucho el disco en vivo, el que es azul, y me encanta el último que pasó sin pena ni gloria, nadie lo conoce, pero tiene algunas cositas. Pero el que más me gusta es el en vivo, nos agarra con madurez, en un teatro, en general me gustan mucho los discos en vivo y ese es uno de los que pude volver a escuchar después de mucho tiempo.
Y cuando terminaron, ¿ya tenías algo armado?
-Mira, como veníamos ya en crisis cada una ya tenía otra actividad económica, yo me puse a dar clases, y empecé a cantar con otra gente y conocí a un montón de músicos con los que empecé a tocar: Patán Vidal, Willi Crook, Valentino, empecé a tener mucho laburo por fuera, grabaciones, y luego finalmente armamos un grupo con Patán con el que toqué muchísimo tiempo, fue el puntapié para empezar a hacer algo yo sola, aunque me hubiera guastado que siguieran Las Blancanblus.
¿Cuándo empezó tu actividad como corista de otros artistas? Es muy conocida la participación en el show de Los Redondos, ¿pero, qué hubo antes?
-Lo que pasa es que cuando fuimos con Los Redondos era con Las Blacanclus, pero estando con ellas a veces me llamaban sola, por ejemplo los Illya Kuryaki, yo grabé en el disco Chaco, “Jaguar House” y “Abismo”, a veces me llamaban entonces yo tenía distintos kiosquitos ya antes de que nos separáramos.
Todos sabemos de tu relación y tu trabajo con el Indio, pero antes conocías a Poli y Skay, ¿no?
-Sí, los conocí antes un día que La Mississippi nos había invitado a tocar unos temitas antes de su show, éramos muy unidos con La Mississippi, grabábamos y tocábamos mucho con ellos, y Skay y Poli estaban en ese show, me acuerdo que nos encontramos con Poli en el baño y ahí empezó nuestra relación con ella, nos ayudó un montón para la primera grabación, que la hicimos en Del Cielito con Gustavo Gauvry, ella nos asesoró en un montón de cosas y gracias a ella y supongo que también a Skay nos llamaron a Las Blancanblus para ir a esos conciertos de Huracán a hacer coros. Como éramos cuatro nos invitaban de a dos por vez, que hubo dos y después otros dos (NdR: 19 y 20 de noviembre de 1993; 14 de mayo y 17 de diciembre de 1994), y yo fui a todos, fui primero con Mona, que hicimos la primeras dos fechas, y las segundas las hicimos con Cristina Dall. Era como que les gustó y nos hubieran seguido llamando pero se chocaba con lo que estábamos haciendo, estábamos en un momento de mucha actividad y somos cuatro, no todas estábamos de acuerdo… ¡yo por mí hubiera ido siempre!
Pero no conocías mucho a Los Redondos…
-No, no tenía ni la menor idea de quienes eran, es más, me habían regalado un casete de Los Redonditos, lo escuché y no me enganché, y cuando empecé a cantar con ellos me puse a escuchar, no solo porque lo tenía que hacer para cantar sino porque se me presentó un fenómeno inusitado y desconocido por mí, así que empecé a ver de qué se trataba todo eso.
¿Ese fue tu primer estadio?
-Lo más grande que habíamos hecho era Obras porque Pappo nos había invitado, y después festivales de blues, el Alligator, el blues estaba en auge, vinieron muchos de afuera como Koko Taylor, Taj Majal, y nosotras participamos en ese festival. Así que Huracán fue un shock, salir y ver el público, miraba aterrorizada a los chicos que iban pasando a través de la valla porque se desmallaban, laburo incesante de gente sacando gente…
Cuando vas a Costa Rica y ves a tus familiares, ¿cómo explicas el “fenómeno redondos”?
-Y no, es algo inexplicable, ellos ven los videos pero no se entiende. Por ejemplo un hermano mío, la última vez que estuvimos en España con “Los Funda”, tuvo la oportunidad de vernos por un viaje que ya tenía previsto a Europa y viajó especialmente a ver el concierto y no lo podía creer, y eso que era en España que es muchísima menos gente que acá, pero el fervor argentino, y encima cuando estas afuera, es mas todavía…
¿Cómo es tocar afuera?
La gente llora, se emociona, lo mismo que acá pero con la intensidad de la distancia, esta toda esa energía también. Yo creo que uno se convierte en una especie de canal a través del cual todo eso le llega al Indio. Es un amor infinito.
¿Cómo fue el proceso cuando el Indio les pasó la posta?
-Eso fue más con los chicos, con Pablo, Gaspar y Baltasar, ese es el núcleo que se maneja más con el Indio y sobre todo al principio, y ahora sí es más abierto a todos los demás. Él siempre lo decía y nosotros le respondíamos que no, hasta que pasó lo de Martín Carrizo, yo justamente estaba en Costa Rica, así que tocaron sin el Indio y ahí se vio lo que pasaba, y dijeron que se podía probar, ahí empezó todo…
Hay un momento que el Indio te presenta y tenés que cantar “El blues de la libertad”…
-Sí, fue un momento fuertísimo para mí, tenía pánico, él me cargaba, me decía “es lo mismo tocar para 10 personas que para 100 mil”, y yo no podía, me pasó de todo, primero una especie de pánico escénico, toda la puesta, ese escenario inmenso, el público… segundo, o también primero, el Indio en sí, cantar un tema suyo con él al lado; y tercero pensaba en el público, “si no le gusta me van a tirar de todo”. Todo eso tenía en la mente dándome vueltas. Después me planté, recuerdo como una cosa linda que Gaspar se me acercó y me sentí acompañada, el Indio estaba tras bastidores cantando, arengando, recién después de eso pude entrar al show y relajarme.
Con Luciana estás haciendo La Noche Fundamentalista, ¿qué repertorio hacen?
-Nosotras nos hicimos muy amigotas y siempre jugábamos que teníamos que hacer algo juntas y nos gusta mucho el soul, de hecho ella cantó con todo el mundo también, ha grabado un montón de discos como corista, pero lo que hacía era más bien soul, entonces ese era nuestro plan original, hacer eso y meter algún tema del Indio o de Los Redonditos. Antes teníamos como medio show de cosas que cantábamos, cada una un tema, o entre las dos, de rock nacional, pero nos pasó una vez que llegamos y abrimos y la gente estaba con las banderas, quedaron como pasmados, y después cuando empezaron los temas ricoteros ahí se armó a lo que venían, y ahí nos dimos cuenta que tenemos que priorizar eso, así que seguimos haciendo otros temas pero 3 o 4 como mucho, y todo lo demás es de Los Redondos y Fundamentalistas.
¿Es fácil bajarte de Los Fundamentalistas y tocar en un bar, o al revés?
-Son cosas distintas, a mi me gusta mucho el contacto, un pub o algo así, la gente está más relajada, participa, me encanta eso, pero también tiene muchísima onda, imaginate, los lugares esos enormes donde vamos con Los Fundamentalistas, porque es otra cosa. Tenía razón el Indio cuando me dijo “tu arte tiene que ser igual para 20 personas o para 100 mil”, eso no quiere decir que no me ponga más o menos nerviosa, pero a veces podes estar más nerviosa en un lugar chico porque el contacto es más directo y sos la protagonista del show. Yo vengo de Las Blacanblus, éramos cuatro, cada una cantaba su tema y las otras le hacíamos coros, es más divertido.
¿Cómo viviste los hechos de Olavarría, un show accidentado, una noche dificilísima para la banda?
-Yo estaba del otro lado de los episodios, porque el Indio estaba del lado de Gaspar, ahora yo estoy del lado de Gaspar pero antes estaba del lado de Balta, nosotras veíamos que algo raro estaba pasando pero no alcanzabas a ver, y que el Indio estaba enojado y que decía “paren porque si no paramos”, pero un rato después se había calmado la situación, siguió el recital y cuando volvimos al hotel fue el tema, porque ahí nos informaron que había muertos, no nos dijeron cuantos, un montón, que se yo, un desastre, y ahí empezó el nerviosismo. Por ejemplo había ido mi hijo, que era mucho más chico, había ido con un amigo, siempre se arma como un vip con los familiares pero él quería ir al lio, lo empecé a llamar por celular y no contestaba nadie, me empezó a llamar gente amiga preguntando por sus familiares y en un momento se colapsaron los celulares y no entraba más nada. Un rato después, pronto, supimos todo, pero todos los medios decían cualquier barbaridad, me acuerdo de haber visto por televisión uno que leía una lista de temas que no era, por ejemplo…
¿Supiste si especularon con terminar el show?
-No me enteré de eso…
Sabina y Páez también las invitaron a cantar…
-Sí, para el disco Enemigos íntimos. Fito nos llamó y nos pidió que hiciéramos los arreglos de coros para un par de temas, después obviamente él decidió cuales quedaban, pero el día que fuimos a grabar Sabina no llegó, llego 4 horas después cuando ya habíamos grabado todo, porque después de un rato de esperarlo Fito decidió hacerlo igual. Lo vimos llegar, terminó nuestra sesión, vimos que había un ambiente tenso ahí y después nos enteramos que, de lo que habíamos grabado, solamente quedó “Llueve sobre mojado”, pero había otro que Sabina decidió cambiarlo…
Después Fito te invitó a Chile también…
-Sí, estuve en Viña del Mar y en el Arena de Santiago, muchas veces me ha llamado, tengo también participaciones en varios discos de él, y de hecho para la gira de los 30 años de El amor después del amor me llamaron, pero yo ya estaba con Los Funda, al principio intenté ver si podía ir a algunos shows pero lo que parecía que iban a ser 20 shows terminaron siendo diez millones…
¿Cómo recordás a Mona Fraiman?
-Era una persona que siempre tenía una sonrisa increíble, siempre una sonrisa en la cara, y era pintora, era una artista muy completa. En los últimos tiempos pintaba unos cuadros increíbles, eso me viene a la mente, ella vivió en México con su pareja, entonces mandaba fotos, o los cuadros que pintaba, se la veía feliz, me gusta recordarla así pero me da mucha angustia cada vez que me acuerdo de ella. Escucho bastante de ella, sus temas, que me gustan mucho…
Déborah Dixon y Luciana Palacios tocan este sábado 18 y el 25 de abril en Bebop (Uriarte 1658, CABA).
Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado estarán el sábado 6 y domingo 7 de junio en Comodoro Rivadavia (Chubut), y el 23 de mayo en Jesús María (Córdoba).
Entrevista realizada en AM 530 Somos Radio por Silvio Soler, productor y conductor del programa TDK, y por Leo Vázquez de Canal Abierto.
Foto prinicipal: Edgardo Andres Kevorkian (KVK Fotos)

