Impunidad: 20 años después, absolvieron al único imputado por el crimen de Paulina Lebbos

César Soto, exnovio de la joven y principal acusado, fue liberado por falta de pruebas en un expediente cargado de irregularidades. La causa por el femicidio queda sin responsables y revive el encubrimiento estatal en Tucumán. Otro juzgado ya había sido apartado.
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Redacción Canal Abierto | A veinte años del crimen de Paulina Lebbos, la Justicia tucumana dictó un fallo que vuelve a dejar al descubierto la matriz de impunidad que atravesó el caso desde el inicio: el principal acusado, César Soto, fue absuelto por el beneficio de la duda y el crimen quedó sin responsables.

La decisión fue tomada tras un juicio oral que se extendió durante 14 jornadas, en las que el tribunal analizó un expediente marcado por irregularidades, pérdida de pruebas y sospechas de encubrimiento político y judicial.

Soto, ex pareja de la víctima, llegaba al debate como el único imputado por el homicidio. La acusación sostenía que había asesinado a Paulina en febrero de 2006, pero la falta de pruebas directas, testigos y evidencia física contundente terminó inclinando la balanza a su favor.

El fallo también dejó afuera a Sergio Kaleñuk, quien estaba imputado por encubrimiento. Durante los alegatos, el propio fiscal desistió de acusarlo al admitir que no existían elementos suficientes para sostener su responsabilidad.

Paulina, estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), aquella madrugada salió con un grupo de amigos para festejar que el día anterior había aprobado una materia. Tenía 22 años y era madre de una nena de 5.

El tres veces gobernador de Tucumán, José Alperovich, condenado a 16 años de prisión por una violación, también fue señalado como responsable del encubrimiento.  

Un caso atravesado por el encubrimiento

El desenlace no puede leerse sin el historial de la causa. A lo largo de estas dos décadas, el expediente acumuló denuncias por manipulación de pruebas, armado de pistas falsas y protección a sectores vinculados al poder político tucumano.

De hecho, el caso ya había dejado un saldo de múltiples condenas por encubrimiento contra ex funcionarios y policías, lo que consolidó la hipótesis de una trama institucional para desviar la investigación.

El propio padre de la víctima, Alberto Lebbos, denunció reiteradamente la existencia de un “pacto de silencio” y cuestionó el rol de la fiscalía, incluso en la etapa final del juicio.

De la expectativa de justicia al cierre sin culpables

El juicio que culminó este miércoles había reabierto expectativas: el fiscal había solicitado prisión perpetua para Soto, intentando finalmente establecer una verdad judicial sobre el femicidio.

Sin embargo, el tribunal consideró que las pruebas no alcanzaban para una condena. La decisión de absolver por duda razonable termina de sellar un proceso judicial que, lejos de esclarecer el crimen, profundiza la sensación de impunidad.

A dos décadas del asesinato de Paulina Lebbos, el resultado es contundente: no hay condenados por el homicidio. Lo que sí queda probado es el funcionamiento de un sistema que durante años desvió, contaminó y debilitó la búsqueda de justicia.

El fallo no cierra la herida. La deja abierta, con nombre propio y una pregunta que sigue sin respuesta: ¿Quién mató a Paulina?

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