El teatro, el hecho vivo que la inteligencia artificial no puede reemplazar

Desde sus orígenes y hasta el presente, el teatro ha descrito a las sociedades y en muchos casos cuestionado a los poderes. En la era de las redes sociales, ¿qué ocurre cuando el espectáculo es solo para ser vivido y no transmitido?
7 minutos para leer

Por Sofía Acosta | En un mundo mediado por la inteligencia artificial, las pantallas y las redes -que de sociales no tienen nada-, existen pequeños focos de resistencia en los que el arte y el entretenimiento son realizados exclusivamente por y para humanos. Uno de ellos es el teatro.

En estos espectáculos, sacar el celular en el transcurso de la obra está mal visto y el público debe entregarse completamente a lo que está ocurriendo in situ. Durante una hora, un poco más o un poco menos, hay comunidad, colectivo, un código que se comparte o no. Hay aplausos y energía, y un hecho vivo que no puede ser reemplazado por ningún algoritmo.

***

En Argentina, en la década del 80 existió un movimiento llamado Teatro Abierto. Fue una experiencia contracultural en la que cientos de actores, actrices, directores y dramaturgos escribieron 21 obras cortas que tenían que ver, desde un lugar simbólico, con la protesta. El disparador para la construcción y aparición del movimiento fue la suspensión en la Escuela de Arte Dramático, (que hoy es la Universidad Nacional de las Artes), de la materia de Teatro Argentino, porque señalaban que no había autores nacionales.

“Los 80 fueron una etapa muy floreciente del teatro, del arte en general, sencillamente porque es la manifestación viva del ser humano. Entonces, una persona que estuvo durante años reprimida, encuentra en el arte la posibilidad de decir lo que cree, lo que le pasa y lo que siente”, cuenta a Canal Abierto Celina Yañez, rectora y coordinadora general en la Escuela de Teatro Andamio 90.

La masividad fue inesperada y el teatro El Picadero, donde iban a presentarse las obras, incendiado. Esto hizo que dueños de teatros comerciales ofrecieran sus salas y que todo un colectivo de personas trabajando en comunidad sienta como propio un proyecto.

“El teatro describe sociedades y la cultura siempre va ligada de la mano de la educación. El teatro abre espacios en los jóvenes y en los niños que no abren otras disciplinas. Un pibe que hace teatro, estimula mucho sus inteligencias múltiples que están tan de moda hoy.En tanto los gobiernos no entiendan esto y crean que la cultura es comer pochoclos en el cine, se nos complica”, describe Yañez.

En un informe elaborado por el Centro de Investigación y Diseño de Políticas Públicas (FUNDAR) y el Centro de Evaluación de Políticas basadas en la Evidencia (CEPE) de la Universidad Torcuato Di Tella, se conocieron datos sobre el uso de la Inteligencia Artificial en Argentina en 2025.

La generación Z, nacida entre 1997 y 2012, muestra la mayor adopción (63.9%), seguida por millennials, nacidos entre 1981 y 1996, (45%), generación X, nacidos entre 1965 y 1980, (38,4%) y boomers, nacidos entre 1946 y 1964 (29%). Los usos más comunes de IA generativa son la búsqueda de información y la asistencia en tareas diarias. También destacan la generación de contenidos creativos o entretenimiento.

“El teatro es un hecho vivo. Es el único arte que se reproduce por única vez. Aunque la obra y los actores sean los mismos, todas las noches la obra es distinta porque el final de la concreción del espectáculo es el público, y siempre es distinto. En ese sentido, no hay inteligencia artificial que gane. Es un hecho vivo que necesita del actor en el aquí y ahora presente, y la inteligencia artificial por suerte no ha llegado a eso”, indica la coordinadora de Andamio.

Formación en teatro

La escuela de teatro Andamio 90 se inauguró con la presentación de la obra Final de partida de Samuel Beckett, dirigida por Alfredo Alcón el 9 de diciembre de 1990. Su fundadora fue Alejandra Boero, actriz, directora y docente.

“Alejandra tenía una frase que para nosotros es fundamental. Ella decía que ‘la cultura es la columna vertebral de un país’ y nosotros creemos en eso y en que la cultura siempre va ligada de la mano de la educación. En Andamio tenemos una escuela terciaria, un profesorado y dos tecnicaturas”, cuenta Celina.

Existe una construcción en el imaginario social de que ir al teatro tiene que ver con una clase social particular o que hay que tener  un determinado bagaje cultural. Lo cierto, es que es una expresión artística más, que puede despertar, tal vez, sensaciones desconocidas y que continúa siendo un espacio en el que usar el teléfono está mal visto.

“Hoy, por ocho mil pesos en una plataforma tenés 24 horas de diversión. Entonces, es muy difícil levantar a alguien de la silla de su casa, que pague una entrada, por más módica que sea, sentarse y hacer una comunión de una hora con un grupo de personas que te van a contar un cuento. Exige una disponibilidad que en la era de la tecnología y de la inteligencia artificial, la gente en general no tiene. El teatro va en contra de la urgencia que tiene el ser humano. Tiene sus tiempos. En ese sentido es difícil y entendemos que hay que volver a formar al público, para que entienda con qué tiene que ver esta ceremonia del aquí y ahora”, concluyó la directora de Andamio 90.

Salir de la versión móvil