Flotilla a Gaza: Abuso sexual y palizas, el relato en primera persona de un periodista de El País

Los activistas de la misión que intentaba llegar con ayuda a la Franja y denunciar el genocidio israelí pasaron 48 horas en lo que bautizaron como “el buque de la tortura”. Alertaron que, a pesar de la gravedad, es una pequeña muestra de lo que sufren los presos palestinos.
6 minutos para leer

Redacción Canal Abierto | El 18 de mayo el Ejército de Israel comenzó a interceptar en aguas internacionales los 52 botes, con 462 activistas a bordo, de la misión humanitaria que intentaba llegar con alimentos y medicinas a la Franja Gaza y denunciar el genocidio en curso.  El miércoles, el propio ministro de Seguridad de Netanyahu, Itamar Ben-Gvir, difundía un video en el que se lo veía divertido ante las vejaciones a los integrantes de la Global Sumud Flotilla, lo que encendió aún más las alarmas de lo que podía estar pasando.

Ayer por la tarde, Thiago Ávila, el activista brasilero que se convirtió en una de las caras más conocidas de la iniciativa a nivel internacional, confirmó los peores pronósticos. “¡Esos maníacos genocidas violaron a una activista humanitaria que intentaba llevar comida y medicinas a los niños de Gaza!”, escribió en una publicación en sus redes sociales en la que ponía el foco en que, a pesar de la gravedad, las atrocidades a las que son sometidos los 9000 palestinos presos en las “mazmorras israelíes” -400 de ellos niños- eran aún peores.

Con el correr de las horas, la Global Sumud informó mediante sus canales oficiales que las víctimas de violencia sexual –incluidas violaciones- ascendían al menos a 15.

 “Los participantes de la Flotilla Global Sumud, que ahora se encuentran en Estambul, han comenzado a brindar testimonios desgarradores sobre abusos, agresiones y torturas generalizadas: balas de goma disparadas a corta distancia, descargas eléctricas con pistolas Taser en la cara y la parte superior del cuerpo, granadas aturdidoras lanzadas contra grupos de detenidos, posiciones de estrés mantenidas durante horas bajo luz brillante permanente, hijabs (velos religiosos musulmanes) retirados a la fuerza, así como diversas formas de violencia sexual que incluyen: registros corporales humillantes, burlas sexuales, tocamientos, manoseos y tirones de genitales, y múltiples relatos de violación”, indicaron en un comunicado difundido hoy.

También destacaban que la mayoría de esos vejámenes habían ocurrido en una sola embarcación –cuya construcción habría sido financiada por Estados Unidos-, a la que los activistas bautizaron como el “barco de la tortura”: una prisión improvisada construida con alambre de púas y contenedores de metal.

Uno de los que pasó por esas instalaciones fue el periodista chileno, colaborador del medio español El País, quien publicó en ese mismo medio una crónica de lo vivido durante los tres días y tres noches en los que permaneció secuestrado junto al resto de la tripulación de la Global Sumud.

“Tras abordar nuestro barco nos condujeron a un buque militar israelí, al que embarcamos a toda prisa, antes de transitar por unos pasillos metálicos y mojados. Tras un primer registro, algunos activistas terminaron con los pantalones bajados hasta la mitad de la cadera y los zapatos en la mano. Después de arrebatarnos los pasaportes, nos llevaron a un contenedor metálico oscuro y húmedo. Entonces empezaron las palizas”, narró sobre los primeros momentos de la detención.

Y detalló: “Marinos israelíes nos golpearon y patearon. Algunos activistas recibieron descargas con pistolas eléctricas; a otros les pisotearon rodillas y tobillos o les agarraron los genitales. Según un conteo rápido realizado a bordo por una médica de la flotilla, solo entre los detenidos del primer bote interceptado se produjeron al menos 35 fracturas de costillas y más de diez denuncias de abusos sexuales. Varios integrantes de la flotilla están ahora en el hospital en Turquía”.

En uno de los apartados más crudos cuenta que “durante el día, los soldados entraban con escudos y rifles para retirar basura, repartir agua o devolver zapatos y gafas perdidos durante las palizas. Cada vez que abrían la puerta, lanzaban una o dos granadas aturdidoras. Los aprisionados salíamos con miedo y las manos en alto. Más de uno recibió disparos de balas de goma por no entender órdenes dadas en hebreo”.

Una pequeña muestra

El objetivo central de la Global Sumud Flotilla, además de acercar ayuda humanitaria, es denunciar el genocidio en marcha contra el pueblo palestino. En ese sentido, en todas sus comunicaciones insistieron con lo afirmado por Thiago Ávila: a pesar de la gravedad de las denuncias, lo que sufrieron los activistas es una pequeñísima muestra de lo que sufren a diario y “sin fecha de liberación” los palestinos presos en las cárceles israelíes.

“Todo lo que experimentaron nuestros participantes, lo experimentaron durante días. Los presos políticos palestinos, los rehenes e incluso aquellos que se encuentran fuera de las cárceles han sufrido esta violencia y abuso, incluido el abuso sexual, durante décadas. Más de 9000 palestinos se encuentran actualmente detenidos en prisiones israelíes; más de 3500 bajo detención administrativa, sin cargos ni juicio, bajo órdenes que se renuevan indefinidamente. Más de 400 de los detenidos ilegalmente son niños, y Save the Children ha documentado que el 69% de los chicos detenidos reportaron haber sufrido violencia sexual y abusos”, denunciaron.

Fuente: France24

Salir de la versión móvil