“La idea del Mundial como tapadera es muy elitista”

El sociólogo Pablo Alabarces analiza los trasfondos sociales que trae aparejado el certamen deportivo. Además, su visión sobre la despedida al Indio Solari. “Más que contra el Estado, los Redondos siempre estuvieron contra el sistema”, afirma.
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Publicado originalmente 11/06/2026

Redacción Canal Abierto | Con el partido México – Sudáfrica, comienza hoy la maratón en la que durante más de un mes 48 selecciones nacionales se disputarán la Copa FIFA, que hoy detenta Argentina, en los 104 partidos que tendrán lugar en estadios de México, Estados Unidos y Canadá.

El evento tiene distintas aristas que lo hacen particular: la elección de tres sedes, de las cuales sólo México tiene una tradición futbolera; la ampliación de la cantidad de equipos, Instancias y partidos dispuesta por la FIFA; la participación de Estados Unidos en conflictos bélicos y el gobierno autoritario de Donald Trump.

Lejos de las lecturas que ven en el fútbol una simple sucesión de partidos o, en el extremo opuesto, una gran operación de ocultamiento político, el sociólogo Pablo Alabarces propone analizar el evento como una máquina triple donde conviven lo deportivo, la ficción nacional y la mercancía más exitosa de la cultura global.

“Lo deportivo ocupa un espacio porque se organiza un Mundial. Pero si fuera solo eso, no le importaría a nadie. La clave está en dos elementos más, de manera esquemática”, plantea Alabarces entrevistado por Canal Abierto.

Y desarrolla: “Por un lado, la ficción que organiza el Mundial es que cada equipo es un país. Es una ficción, es falsa, pero construida sobre una relación imaginaria. Las camisetas fingen los colores de las banderas y los equipos entran a la cancha con el nombre del país –Brasil, Islandia, Noruega, Azerbaiyán– y cantan el himno. Esa ficción se pone en movimiento apenas comienza el juego”.

“Por otro lado, estamos hablando de la mercancía más exitosa de la industria cultural global. Cada cuatro años se bate el récord de recaudación del evento anterior. Esto no puede dejarse de lado en ningún análisis. Nosotros somos espectadores televisivos y, al serlo, colaboramos en la venta de publicidad, en las cifras de encendido, en un montón de cosas que no tienen que ver con lo deportivo sino con la organización mercantil del evento. Las tres cosas van juntas: lo deportivo, la ficción de los países y la máquina de facturar”, señala el sociólogo.

Una ficción nacional

Sin renegar de su condición de hincha, Alabarces desmonta la ilusión de que veintiséis jugadores puedan representar verdaderamente a un país, sobre todo cuando se tiene en cuenta que la mayoría vive y ha desarrollado su carrera en Europa.

“La selección representa muchas cosas, y son muchas más las que intentan hacerle representar. El equipo parte de la ficción básica según la cual representa al país. Hay una clave en la que no se suele insistir lo suficiente: este es un mundial de fútbol masculino. Juegan solamente tipos. Ahí partimos de una falacia: según esa lógica, los que representan al país son 26 muchachos muy bien entrenados, todos hombres y con cuentas bancarias muy superiores a las de cualquier habitante de Argentina”, advierte el académico.

Y resalta que la función representativa de las selecciones fue modificándose con el transcurso del tiempo. “No es lo mismo en el ’30 que en el ’34, en el ’50, en el ’58. La aparición de Maradona da vuelta todo como un guante, y su salida lo vuelve a dar vuelta. Cada vez ese lazo representativo es más imaginario. Hay jugadores que ni siquiera jugaron un solo partido en Argentina, otros que nacieron en el exterior. Varios no han jugado un solo minuto en una liga argentina, entre ellos nada más y nada menos que Messi y Dibu Martínez. Desde el arco hasta el extremo del equipo, hay jugadores que nunca jugaron en una cancha argentina. Con lo cual, esa representación es más imaginaria, más marketinera”, expone.

“Durante un mes y medio vamos a hacer de cuenta que Nico Paz se crió en un potrero de Floresta. Eso es falso. Nico Paz es un jugador espectacular, espero que tenga muchos minutos, pero jamás pisó un potrero en Floresta, ni en Ramos Mejía, ni en Añatuya. Vamos a suspender la incredulidad por un mes y medio y vamos a creer que eso es Argentina jugando contra Brasil, Francia, España, Inglaterra, etcétera”, subraya Alabarces.

Fútbol y política

Este mundial sucede en un contexto político particular, con gobiernos de extrema derecha avanzando en distintos países del planeta, incluido Estados Unidos, uno de los organizadores. Así, aparece la hipótesis de la utilización política del evento para ocultar políticas antipopulares.

Sobre este punto, Alabarces descree de esta idea, a la que califica de “elitista y discriminadora”. Y agrega que “los políticos, creen que es cierto y actúan en consecuencia. Fijate Colombia: los dos candidatos a presidente usan la camiseta de Colombia. En Argentina, el candidato que más usó la camiseta en 2022 fue Horacio Rodríguez Larreta y terminó hecho trizas”.

Entre los ejemplos históricos en los que Alabarces fundó su afirmación se encuentran los casos de “Alfonsín ganó el Mundial 86 y perdió las elecciones al año siguiente; Alberto Fernández ganó en 2022 y en 2023 estaba en crisis. La felicidad del fútbol es una dimensión de lo emotivo, no de lo político ni lo económico. Argentina puede volver a ser campeón, pero eso no cambia la realidad”.

El sociólogo insiste en que esto “jamás ha ocurrido ni ocurrirá”. Incluso saca de esta idea el caso más emblemático que es el de la dictadura de Videla y el uso del Mundial 78 para tapar el genocidio que estaban llevando adelante.

Sobre este punto, Alabarces recuerda que “la dictadura tapaba sus crímenes porque el régimen del terror consistía en la clandestinidad de la represión. El mundial no vino a tapar nada que ya no estuviera tapado. Por el contrario, la presencia de periodistas extranjeros motivó que salieran a ver a las Madres de Plaza de Mayo el primer jueves que pudieron. Al año siguiente, ese clima forzó a que Argentina recibiera a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”.

Muchachos, ahora nos volvimo´ a ilusionar

Durante el próximo mes y medio, se espera que el espíritu futbolero gane la cotidianeidad argentina. Pero Alabarces recuerda que esto no elimina los problemas latentes, ni las diferencias que existe entre nosotros.

Alabarces ilustra que “es un momento feliz, de suspensión de la hostilidad y la diferencia, y está muy bien que así sea. Eso no implica la desaparición de la hostilidad y la diferencia. El fútbol es territorio de la fantasía. El `somos todos hinchas´ es puramente metafórico: un tercio de los argentinos no sigue el fútbol. Pero entre aquellos a los que nos gusta, todos somos hinchas de un equipo que pierde mucho más de lo que gana”.

El fútbol da muchas más insatisfacciones que felicidades. Argentina ha ganado tres mundiales y perdido tres finales. Es un equipo que ha fracasado mucho más de lo que ha sido exitoso. Y, sin embargo, cada cuatro años hacemos el pacto fantástico de esperar que gane. Cuando gana, se produce esa suspensión momentánea de la diferencia, de la heterogeneidad, del conflicto, y somos seis millones en la calle diciendo `qué bueno que está esto´. Y está bárbaro”, señala Alabarces.

Y concluye: “el fútbol tiene mucha autonomía, es fantasía, deseo, ilusión. Y está muy bien que así sea. Además es mercancía, es un producto fantástico”.

Indio Solari: independencia estética brutal

El diálogo con Alabarces se dio tras la partida de Carlos Alberto «Indio» Solari, cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, acaso el fenómeno masivo más convocante de la historia del rock nacional, ocurrida el viernes 5 de junio. El domingo 7 tuvo lugar el velatorio público, por el que se estima pasaron un millón de ricoteros a darle el último adiós a uno de los artífices de tantas noches de felicidad.

“Los Redondos unieron el fenómeno que se venía produciendo en las hinchadas con los públicos de rock. Ahí aparece también el traspaso, por decirlo de alguna manera, de la categoría de «aguante» del mundo del fútbol al mundo del rock. Entonces los ricoteros se vuelven aguantadores. Es un ejercicio que traen de las canchas de fútbol y lo reproducen. Hasta ese momento no había banderas en los recitales de rock. Las banderas empiezan con Los Redondos y después siguen con muchos otros: Callejeros, Los Piojos, Los Caballeros. Es el surgimiento del llamado «rock chabón», un producto de los 90”, explica Alabarces.

Y agrega: “La calle es otro lugar de encuentro y de expresión de este tipo de fenómenos, cosa que a mí me parece absolutamente fantástica. El funeral del Indio me parece una cosa conmocionante, muy pesada, pero tan previsible. No me sorprendió. Disfruté el hecho de que esto estaba bien analizado, bien anunciado: la muerte del Indio iba a generar una cosa así. No me estoy jactando de nada, esto estaba escrito. Pasó también con la muerte de Maradona. Este tipo de casos absolutamente excepcionales de idolatría y de amor popular generan situaciones excepcionales”.

Consultado sobre ejemplos en la música que se asemejen al fenómeno ricotero, Alabarces es tajante: “No hay ninguno”. Aunque no descarta que pueda volver a producirse, el sociólogo afirma: “los nuevos artistas del mundo de la música popular son muy jóvenes y les falta tomar mucha sopa. Algunos prometen mucho. Me encanta lo que generan Lali Espósito y Milo J, por ejemplo. Ellos tienen una relación muy piola con el pasado. Se chupan toda la herencia, no entran en conflicto, no disputan con sus mayores, sino que los capturan, se alimentan de ellos. Milo J cantando a Mercedes Sosa, Lali Espósito haciendo `Vencedores vencidos´ del Indio. Eso te habla de que producen una relación muy linda de continuidad y desvío al mismo tiempo”.

“Pero lo del Indio fueron cuatro décadas de carrera. Desde la primera grabación hasta acá son cuarenta años. Eso es muy pesado, no es tan fácil igualarlo”, sostiene el académico.

Surgidos en la contracultura universitaria platense de los 70, los Redondos se iniciaron el camino que los consagraría como el número masivo por excelencia durante el transcurso de la década del 90. Sobre esto, Alabarces observó que “el Indio captura la posibilidad impugnadora y resistente contra los 90. Pero primero, ya en la transición democrática: ellos en 1985, cuando aparece Gulp!, ya están encarnando ese espíritu profundamente rockero en el sentido pesado de la contracultura. Y están señalando que la transición democrática no es un cuento de hadas. Después vienen los `90 y los tipos perseveran en la misma línea de significado”.

“Están diciendo que los `90 no son una fiesta ni mucho menos, y le ponen música y voz a una generación de pibes que se enfrentan a la fragmentación, la precariedad, la pérdida del trabajo, la ruptura de las identidades tradicionales, la tradición del peronismo, etcétera. En ese vacío, los tipos funcionan como una referencia muy fuerte, una referencia impugnadora, alternativa, herética, contestataria, resistente. No había pibe en un recital de Los Redondos que no supiera de qué lado de la mecha estaba –para usar una metáfora redonda”, agrega el sociólogo.

Y propone que “ellos supieron leer como nadie la cantidad de heridos que estaba dejando el proceso neoliberal. No es habilidad marketinera porque no hay marketing en Los Redondos. Hay una independencia estética brutal: jamás firmaron contrato con una discográfica, ningún productor les fue a decir `cantá esta canción en vez de tal otra´”.

Esta postura, se diferencia de otras rebeldías del rock, cuyo enemigo es principalmente el Estado. “El `redondismo´ no es solo antiestatal. Es antiestatal, con la policía como gran símbolo del Estado, que aparece como represión, y estamos en contra de la represión. Pero más ampliamente, el hecho de no firmar el contrato, no andar trepando radares militares… Los tipos lo que te están diciendo es: estamos en contra de , y esta es la palabra clave,el sistema. ¿Qué es el sistema? No sé qué es el sistema, pero estoy en contra del sistema. Y el sistema entonces no es solo el Estado, es ampliamente el capitalismo, la explotación, la precarización, el individualismo, etcétera. En contra de todo eso construyen una identidad, una retórica, una poética. Y además es rock. Y el rock es eso: música nuestra en contra de la música de ustedes. Y eso funcionó muy bien”, consluye Alabarces.

Entrevista: Manuel Rodríguez

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