Fútbol para pocos: La TV Pública le saca la amarilla al Mundial

El campeonato de la FIFA con más partidos de la historia será el que tenga menos televisados por la emisora estatal. Con el grueso del negocio repartido entre el cable y las plataformas de streaming, el acceso popular queda en jaque.
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Redacción Canal Abierto | Cuando esta noche suene el pitazo final en el Kansas City Stadium no sólo se habrña terminado la abstinencia de ver a la Scaloneta a pleno. También habrá pasado el 10% de la totalidad de partidos que se podrán ver por la pantalla de la TV Pública.

Es que de los 104 partidos que conformarán el Mundial de Fútbol 2026, que se disputa en Estados Unidos, México y Canadá y que será el más grande de la historia hasta el momento, la TV Pública argentina apenas podrá ofrecer 10 encuentros, una ausencia significativa que despertó críticas y cuestionamientos, sobre todo si se compara con el rol protagónico que tuvo el canal estatal en ediciones anteriores, cuando el fútbol era considerado un derecho y no un producto de mercado.

La señal de advertencia ya se había encendido el jueves pasado, cuando por primera vez  en más de 50 años el canal estatal no transmitió la ceremonia inaugural del Mundial en el Estadio Azteca de México, que incluyó la actuación de Shakira y otros artistas internacionales. Telefe y TyC Sports cubrieron el evento en vivo, mientras que la TV Pública, que según los anuncios oficiales formaba parte de la grilla de transmisiones de la inauguración, finalmente no la emitió. Una ausencia que anticipa el rol secundario que tendrá el canal durante todo el torneo.

Esta situación fue denunciada por los gremios con presencia en el canal: el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA), el Sindicato Argentino de Televisión, Telecomunicaciones, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos (Satsaid), el Sindicato Argentino de Locutores, Comunicadores (Salco), la Asociación de Personal Jerarquizado (APJ) advirtieron que esta situación es parte de un movimiento más grande con el que el Gobierno busca vaciar la pantalla pública.

El contraste histórico: de los 64 partidos a solo 10

Para dimensionar el retroceso, basta repasar los números de los últimos mundiales. En Brasil 2014, con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en plena vigencia, el Mundial fue declarado de «interés público», lo que habilitó al Estado a intervenir para garantizar el acceso masivo al evento. El Estado Nacional, a través del programa Fútbol para Todos, desembolsó 19 millones de dólares para adquirir los derechos de los 64 partidos del torneo y transmitirlos íntegramente por la TV Pública.

De esos 64 encuentros, 32 fueron en vivo y en exclusiva, incluyendo todos los partidos de la Selección argentina, el partido inaugural y las instancias definitivas. Los 32 restantes también se contrataron para ser transmitidos en vivo, aunque en ese caso la exclusividad era compartida con otras emisoras. Fue la última vez que el canal estatal ofreció la cobertura total de un Mundial.

Según documentos de RTA SE, en aquel entonces se recaudaron 1,3 millones de dólares en concepto de publicidad de marcas comerciales. El acuerdo también incluía los derechos del Mundial Sub-20 de 2013, aunque finalmente no se emitieron porque Argentina no clasificó.

Cuatro años después, en Rusia 2018, el escenario ya mostraba un recorte significativo: el Estado argentino pagó 3 millones de dólares por los derechos de televisación, pero esa cifra solo alcanzó para 32 partidos —exactamente la mitad del total— que se emitieron a través de la Televisión Pública Argentina.

Para Qatar 2022, el gobierno de Alberto Fernández replicó un esquema similar al de Rusia 2018. RTA SE pagó 8 millones de dólares por los derechos para la transmisión exclusiva por TV abierta de 32 partidos. En este punto cabe una aclaración: ese monto no fue enteramente en efectivo, sino que se dividió en una cantidad monetaria fija de 3 millones de dólares y la cesión de espacios publicitarios por hasta 5 millones. Es decir, el desembolso en efectivo fue el mismo que en 2018 —3 millones—, aunque el monto total del acuerdo se elevó por la compensación con pauta publicitaria.

El contrato incluyó, de forma obligatoria, todos los partidos del equipo argentino, el partido inaugural, dos cuartos de final, las dos semifinales y la final. Según informó RTA SE, por fuera de la compra de los derechos, la producción demandó gastos por poco más de 2 millones de dólares, pero se lograron ventas de publicidad por más de 12 millones.

Ahora, con el mantra del “no hay plata” imperante, para el Mundial 2026, la caída es abrupta: la TV Pública apenas transmite 10 partidos, incluyendo los tres de la fase de grupos de Argentina, las semifinales y la final. No hay datos oficiales sobre cuánto se pagó esta vez, pero el dato político es contundente: el canal estatal pasó de tener el 100% de los partidos en 2014 a solo el 9,6% en la la actual edición. Y lo que es más grave: se hizo bajo un modelo que abandonó la lógica del interés público para subordinarse a la del mercado.

Números y pantallas: un mapa desigual

El reparto de los 104 partidos del Mundial 2026 dibuja un mapa de acceso segmentado que pocas veces se vio en la historia de las transmisiones futbolísticas en Argentina. Del total de encuentros, la televisión abierta apenas concentra una porción minoritaria. Telefe, el canal privado del Grupo Paramount, se quedó con 32 partidos, mientras que la TV Pública, el canal estatal con cobertura federal, apenas podrá ofrecer 10. Esa asimetría implica que, en la práctica, el canal que debiera garantizar el acceso universal al evento quedará reducido a un rol testimonial, transmitiendo únicamente los tres partidos de la fase de grupos de la Selección, las semifinales y la final. El resto del torneo, para quien solo tenga antena, será territorio vedado.

El cable, por su parte, amplía un poco el panorama pero no resuelve el problema de fondo. TyC Sports tiene en su grilla 52 encuentros, mientras que DSports, la señal deportiva del grupo DirecTV, ofrece la totalidad de los 104 partidos. Sin embargo, acceder a esa programación implica contar con un paquete de suscripción que no está al alcance de todos los hogares. Flow, Telecentro y otras plataformas de cable incluyen la señal, pero siempre detrás de un abono mensual que para muchos sectores populares representa un gasto significativo.

El negocio se completa con las plataformas de streaming y los sistemas premium, donde el usuario final debe pagar para ver lo que antes era un derecho. Paramount+ sumará a su oferta las señales de DSports, lo que permitirá ver los 104 partidos a través de internet, pero con un costo adicional. Disney+ Premium, por su parte, transmitirá 30 encuentros seleccionados, sumando otra capa de fragmentación. Flow también ofrecerá la totalidad de los partidos a través de los canales de DirecTV, pero siempre dentro de la lógica del pago por contenido.

La final del torneo, programada para el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, será uno de los pocos eventos que congregará a toda la audiencia, pero incluso ese partido, que en 2022 fue visto por 63 puntos de rating y una audiencia global récord de 1420 millones de espectadores, hoy se encuentra atrapado en esta lógica mercantil. Lo que antes era un acontecimiento que unía a todo un país frente a una misma pantalla, ahora se fragmenta en un menú de suscripciones que define quién puede ver y quién no. La TV Pública, que en 2014 transmitió los 64 partidos bajo el paraguas de una ley que declaraba el evento de interés público, hoy apenas es una espectadora de lujo de su propio vaciamiento.

Un cambio de modelo con impacto directo en el acceso popular

La comparación con los últimos mundiales evidencia una transformación estructural en la política de transmisiones. En Qatar 2022, la final entre Argentina y Francia alcanzó picos históricos de rating de 63 puntos, compartidos entre la TV Pública y TyC Sports. El partido decisivo fue visto por una audiencia global récord de 1420 millones de espectadores. Ese evento masivo, que unió a todo el país frente a la pantalla, hoy se fragmenta detrás de un menú de suscripciones.

En Rusia 2018, donde Argentina cayó en octavos de final ante Francia, la transmisión también incluyó una participación activa de la TV Pública, con 32 partidos en su grilla. Para el Mundial 2026, la TV Pública no solo perdió cantidad de partidos, sino que además retransmitirá la señal de DSports en lugar de generar su propia producción para los pocos encuentros que posee.

Este cambio se da en un contexto donde la FIFA ha segmentado cada vez más los derechos de transmisión para maximizar ganancias, dejando a los canales públicos con un rol secundario. Mientras que en países como Brasil, el Grupo Globo y SBT se reparten la cobertura, y en México, Televisa y TV Azteca tienen acuerdos amplios, en Argentina la oferta de aire libre se reduce drásticamente.

El debate pendiente

La decisión de limitar la cobertura en la TV Pública, que el Estado justificó financiando los derechos con publicidad sin usar fondos públicos, no logra calmar las críticas. La pregunta que queda flotando es si este modelo garantiza el acceso democrático a un evento que, por su magnitud, se considera de interés público.

Para los fanáticos que no puedan pagar el cable o las plataformas de streaming, seguir a la Selección será una odisea de solo 10 capítulos. El contraste con 2014, cuando el Estado puso 19 millones de dólares para que todos los argentinos vieran los 64 partidos bajo el paraguas de una ley que declaraba el evento de interés público, es inevitable. En aquel entonces, el fútbol era un derecho. Hoy, parece un producto más del mercado. Y la TV Pública, que debiera ser la garantía de ese derecho, quedó reducida a un rol testimonial.

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