Blender: un negocio muy difícil de explicar

El canal de streaming despidió de manera abrupta y violenta a más de 10 trabajadores. Sumados a desvinculaciones anteriores, el medio pareciera entrar en un lento camino a su vaciamiento. Su dueño, Augusto Marini, acaba de adjudicarse el Canal de la Ciudad.
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Redacción Canal Abierto | El ecosistema del streaming argentino estalló en las últimas horas cuando el canal Blender vivió una de sus jornadas más oscuras. Una decena de despidos, trabajadores impedidos de ingresar a sus propias oficinas por guardias de seguridad, y un propietario que mientras vacía el medio adquiere otro y acumula contratos millonarios con el Estado.

Como la noche de cristal cantada por el Indio Solari, la idea de que los nuevos medios digitales conducidos por una nueva generación de empresarios camuflados bajo el rubro «emprendedores» manejaría lógicas distintas a las de los medios tradicionales se hizo añicos.

Todo ocurrió durante el programa Último aviso. Su conductora, Fiorella Sargenti, interrumpió abruptamente la transmisión para anunciar que dejaban el aire ante una decena de despidos en el medio. La denuncia era categórica: «Está sucediendo una situación laboral con nuestros compañeros. Echaron a muchos por hacer un reclamo vinculado con nuestro salario y los aumentos», disparó Sargenti antes de que la pantalla se fuera a negro.

Fuera del aire, los trabajadores fueron anoticiados que dejaban de serlo por personal de seguridad que les impidieron el ingreso. Ni siquiera pudieron retirar objetos personales.

La viralización de la noticia fue inmediato. Los trabajadores despedidos no eran un grupo improvisado: formaban parte del equipo de producción del programa de Tomás Rebord, Hay algo ahí, nave insignia del medio. La ocasión elegida por la empresa para hacerlo parecía no ser aleatoria, ya que ocurrió en momentos en que el conductor se encuentra cubriendo el Mundial de Fútbol en Estados Unidos. La ausencia del rostro visible del ciclo dejó a los trabajadores sin respaldo institucional frente a la decisión de la empresa.

Horas después de conocido el suceso, el propio Rebord a través de sus redes sociales sentó postura: «En mi programa, Hay algo ahí, los que fueron despedidos son parte del equipo de producción. No me parece que haya que festejar que un trabajador pierda su fuente de trabajo. Está muy naturalizada la fiesta del ajuste y no me parece», sentenció Rebord, desmarcándose de la línea editorial de Blender y del accionar de sus dueños». Además, anunció que lanzará una plataforma para colaborar económicamente con los despedidos.

El origen de los despidos no fue un conflicto espontáneo. Los trabajadores habían realizado un reclamo formal por la actualización salarial según el último acuerdo gremial, que las autoridades del canal incumplieron de manera unilateral. Según trascendió, los sueldos en Blender estaban muy por debajo de la canasta básica y no percibían aumentos desde diciembre del año pasado. El pedido incluía también el pago de feriados y la aplicación de aumentos trimestrales.

El canal emitió un comunicado que no hizo más que profundizar el malestar. En él, la empresa asegura que «BLENDER es una empresa que genera trabajo para más de 100 personas, honra sus compromisos y cumple en tiempo y forma con todas sus obligaciones». Sin embargo, la respuesta a los despidos fue lapidaria: «Un grupo reducido de personas adoptó conductas incompatibles con los valores de la compañía, intentando condicionar el funcionamiento del canal mediante la utilización de su propia pantalla como mecanismo de presión en el marco de una negociación entre las partes».

Los trabajadores afectados hicieron lo propio: “Como habrán visto, la empresa anunció el despido de al menos 10 compañeros. El motivo no fue comunicado formalmente, pero ocurrió después de un pedido de cumplimiento de acuerdos salariales asumidos a principios del 2026. Reclamamos la reincorporación inmediata de todos los trabajadores despedidos y esperamos que el medio revierta la decisión de dejar sin su fuente de sustento a nuestros compañeros. Queremos volver a trabajar y salir al aire con normalidad lo más pronto posible”.

El sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) repudió la medida y calificó los hechos como «una conducta antisindical de la empresa«. La organización gremial exigió la reincorporación inmediata de los trabajadores despedidos y cuestionó la utilización de guardias de seguridad para impedir el ingreso a las instalaciones.

Detrás de los despidos aparece el nombre de Augusto Marini, el joven empresario de 29 años que se convirtió en el dueño mayoritario de Blender tras comprar las acciones de Mediahub. Marini es CEO del holding Cale Group, un conglomerado con inversiones en infraestructura, energía, transporte ferroviario, agroindustria, salud y, desde hace poco, medios de comunicación.

Pero la gran contradicción que estalló en las redes es que Marini es también el dueño mayoritario de Carajo, el canal de streaming ultralibertariano manejado por Daniel «Gordo Dan» Parisini, referente de «Las Fuerzas del Cielo». Mientras las audiencias de ambos canales se enfrentan en debates ideológicos, el financiamiento de los dos extremos responde a la misma billetera corporativa. Marini le cedió al Gordo Dan el 35% de Carajo por el manejo operativo del canal libertario, mientras que en Blender retiene el control absoluto.

A pesar de ser información de fácil acceso y que circula hace unos años, la empresa es muy celosa de ella. Al punto tal que quien ingresa a trabajar firma una cláusula de confidencialidad por la cual quienes aparecían en el aire de Blender se comprometían a no hablar de la composición societaria o la parte gerencial del medio por un período de cinco años. El cumplimiento se garantiza con la amenaza de una multa por 100.000 dólares.

La paradoja no es sólo que quien posee la voz en streamming del ultralibertarianismo también lo haga con los de sectores de la oposición, sino que también haga negocios millonarios con el Estado.

A través Motora Argentina, que adquirió en 2023 de la filial local de la rusa TMH, Marini se hizo con una contratación directa por casi 4 millones de dólares para la reparación de 30 vagones del Ferrocarril San Martín. La operación se concretó en plena emergencia ferroviaria y sin mediar proceso de licitación pública.

Como si esto fuera poco, hace apenas unos días, el gobierno de Jorge Macri preadjudicó la concesión del Canal de la Ciudad a Cale Group Media S.A., la empresa de Marini. La oferta fue de $50 millones mensuales, muy por encima de los $15 millones presentados por Argentinos Media S.A. El contrato se extenderá por cinco años y representa ingresos de $3 mil millones para la Ciudad de Buenos Aires. Para gestionar el canal, Marini contrató a Liliana Parodi, exgerenta de Programación de Grupo América.

Parodi no es nueva en el universo Marini. Junto con Ramiro Sciarrotta y el ex Olga Martín Durán, CFO de Cale, desembarcaron en los pasillos de Blender como la nueva gerencia del canal, dejando en un rol decorativo a Iván Liska, uno de los fundadores del medio y genrente creativo.

Cabe la pregunta acerca de los criterios con los que el Gobierno de la Ciudad elige quien explotará el medio, siendo que al tiempo que lo adquiere, uno de sus hijos dilectos se encuentra en una deriva cuyo final no pocos vaticinan que será su desaparición.

El conflicto no tardó en viralizarse. Cuentas de X vinculadas al universo libertariano salieron en manada a atacar a los trabajadores despedidos, deslegitimando su reclamo y celebrando la medida de la empresa.

El usuario Traductor (@TraductorTeAma) fue uno de los más virulentos: “Al parecer esto no es ningún ‘reclamo salarial’, sino unos kukitas sindicalistas que quieren parasitar del salario de los trabajadores. ¿Será SATSAID? Siempre los sindicatos generando kilombo y desempleo”. Y remató: “Que se fundan todos los pauteros. Me chupa bien un huevo si despiden a un periodista o a un streamer de algo periodístico. Vengan a la competencia de la comunicación real y experimenten que por mercado todos valemos dos mangos. Y si yo valgo dos mangos que instalo la agenda a nivel nacional; imagínense ustedes que no los conoce nadie y están en un medio poronga. Esto se hace por hobbie. Y los trolls siempre fueron ustedes, soretes”.

Negro Almeida (@NegroCensurado) intentó un tono más moderado pero no menos punitivo: “Nunca está bueno quedarse sin trabajo y particularmente no soy de los que festeja cuando a otro le pasa. Dicho esto, no se puede ser tan boludo de querer ir en patota para apretar a quien te paga el sueldo con la intención de doblarle el brazo. Hay que ser inteligente, cuidar y valorar el laburo. Posta me sorprende que gente que consiguió BUENOS laburos no sepan ver lo que tienen. La mayoría de las personas matarían por conseguir trabajos como los nuestros. A veces la gente no sabe cuidar los frutos de lo que sembraron”.

El más escueto fue ABS (@GordoLeyes), que respondió con una cita del momento final del programa con una catarata de “JA” que se hizo viral y sintetizó el clima de escarnio con el que una parte del ecosistema digital recibió la noticia.

LLamativamente, o no, nadie del universo Carajo salió a “domar” a sus supuestos adversarios.

La frase de Traductor —“esto se hace por hobby”— es reveladora. Suponiendo que sea real y que lo que la gente que es mala comenta respecto de las verdaderas motivaciones que llevan a estas cuentas a metrallar a sus adversarios en redes no tienen como motor un entretenimiento ni una militancia, sino unos cuantos ceros. Detrás de esa declaración se esconde la concepción de que el trabajo en los medios digitales no merece los mismos derechos que en cualquier otra industria. Los trabajadores de Blender, como los de tantos otros canales de streaming, enfrentan una precarización que los deja fuera de los convenios colectivos y los expone a despidos arbitrarios.

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