Por Manuel Rodríguez | La Camerata Argentina de Guitarras nació a finales del 2008 con el objetivo de renovar la música y revalorizar el mundo de la guitarra clásica en el país. El ensamble es fruto de la inquietud de tres entonces jóvenes guitarristas de conservatorio: Nicolás Galliani, Sebastián Pompilio y Leonardo Colucha. A poco de egresar, vieron que en la Argentina no existía un ensamble de guitarras que se mantuviera en el tiempo.
“En festivales o en cierres de años en conservatorios se armaban orquestas, pero así como se armaban se desarmaban. Acá no había un ensamble que se mantuviera en el tiempo”, recuerda Martín Marino, actual director del grupo, en diálogo con Canal Abierto. Esa decisión, tomada hace ya 17 años, dio frutos que hoy consolidan a la Camerata como la primera formación orquestal independiente del país constituida exclusivamente por guitarras.
Pero el camino no fue sencillo. El ensamble no depende de ninguna institución ni organismo estatal. Es, ante todo, un proyecto autogestivo: dieciséis personas que eligen encontrarse semana a semana para sostener una agrupación viva, sin más combustible que la convicción artística y el amor por lo que hacen.
Esa misma filosofía de independencia y apertura es la que los conecta naturalmente con el Festival Sin Cadenas, que se celebrará del jueves 9 al domingo 12 de julio en Galpón B (Cochabamba 2536, CABA). El evento, pensado para el fin de semana largo de la Independencia, abraza la música de nuestra tierra con una programación diversa: desde la Peña Arcoiris con La Bestia Folk hasta el rock nacional de Marian MG y el tango nuevo de Agustín Guerrero y Chifladas. Y en ese crisol de géneros, la Camerata tendrá su lugar el viernes 10, en un concierto que promete ser un abrazo entre la tradición académica y las músicas populares.
“A nosotros nos encanta poder ir a compartir lo que hacemos en ámbitos que no son los frecuentes”, sostiene Marino. “Nos pareció que está buenísimo porque el festival trata de las diversidades y de las identidades. Esa es la invitación.”
La guitarra argentina
Uno de los rasgos más notables de la Camerata es su repertorio, que abarca tanto composiciones originales para gran ensamble de guitarras como transcripciones de obras sinfónicas de gran envergadura. Allí conviven Maurice Ravel con Alberto Ginastera, Leo Brouwer con Astor Piazzolla. Pero esa mezcla no es casual: responde a una mirada profunda sobre lo que la guitarra representa en nuestra cultura y sobre el lugar que la música debe ocupar en la sociedad.
“La guitarra es española, entre comillas, pero hoy la guitarra en Argentina es tan parte de nuestra entidad como el charango, el bombo legüero o el bandoneón”, reflexiona Marino. Y agreqa: “Son instrumentos importados, pero ya son parte de la identidad nacional de una manera impresionante. La guitarra tomó la voz popular de la milonga, del folklore, de los gauchos, y hoy ya no es la guitarra española, es la guitarra argentina.”
Esa potencia identitaria es la que la Camerata pone en valor cada vez que sube a un escenario. Y lo hace con una formación poco habitual: quince guitarras acústicas de seis cuerdas, un contrabajo y la dirección gestual de Marino. Un dispositivo que multiplica las posibilidades sonoras.
“Al ser un ensamble numeroso se pueden abordar un montón de músicas y reconfigurarlas”, explica el director. “Hemos tomado la Suite Troileana de Astor Piazzolla y la adaptamos a un arreglo para nuestra formación, que le da otra vuelta. O la música de Ginastera, que fue compuesta para orquesta sinfónica pero tiene muchos condimentos de la música argentina”, ejemplifica. Y expone que “al reorquestarla para guitarras, aflora toda la pampa que tiene esa música. La versión termina siendo fiel al original porque viene de esos lados”.
Crear repertorio nuevo, una misión
La Camerata no solo interpreta: también genera. Consolidada como referente en el estreno de obras originales, el ensamble se ha convertido en un espacio fértil para compositores de diferentes vertientes. Desde el cubano Leo Brouwer, máximo referente de la guitarra de concierto, hasta autores del tango contemporáneo como Agustín Guerrero y Daniel Ruggero, pasando por músicos del folklore y la academia, la agrupación ha recibido obras escritas específicamente para su formación.
“Nos encargamos de tocar casi todo el repertorio que está escrito para gran ensamble de guitarras, que siendo sinceros, no es tanto”, admite Marino. “Por eso nuestra misión últimamente es generar el espacio para que compositores escriban para nosotros y de esa manera generar nuevas músicas”.
Ese trabajo los llevó a grabar la obra completa de Brouwer para ensamble de guitarras y a estrenar en Argentina las piezas más destacadas del repertorio original. Y este viernes 10 de julio, en el marco del Festival Sin Cadenas, sumarán un nuevo capítulo a esa historia: interpretarán música nueva de Agustín Guerrero y Daniel Ruggero, dos referentes del tango de vanguardia, con un invitado especial que tocará el bombo legüero como solista.
“Para nosotros es un placer gigante abrazarnos con ellos, que traen una tremenda andada en el tango”, dice Marino. “Es un privilegio poder arrimarnos a ese fuelle y tratar de aportar humildemente lo que tenemos como ensamble, pero especialmente tomar lo que ellos traen: sus músicas y toda la experiencia musical que sostienen.”
Hay algo que distingue a la Camerata más allá de su música y es la convicción de que el arte no debe quedarse encerrado en los teatros. Han tocado en fábricas recuperadas, en ámbitos de encierro, en el interior del país, siempre con la certeza de que la música clásica no tiene por qué ser patrimonio exclusivo de las élites. Esa filosofía es la que los acerca naturalmente a espacios como Galpón B, que apuesta a precios populares y a una lógica de cercanía con el público.
“La sensación que siempre tuve cuando fuimos a esos lugares es que maravillosamente se comparte mejor”, confiesa Marino. “Uno como músico es de a pie. No conozco ningún músico que baje flotando de algún lado. Todos estamos peleando el mango y laburando de base. Cuando vas a esos lugares te encontrás conexiones mucho más verdaderas, más claras, que tienen que ver con el estado en Sudamérica, con el cotidiano”.
Y agrega, con una claridad que invita a repensar el lugar de la música en la sociedad: “A veces está el miedo de decir ‘la gente no está preparada’. Eso es un prejuicio. La gente está preparada siempre y cuando uno la invite bien. Cuando vos llegás a una persona que no está acostumbrada y la sentás en el Teatro Colón, se siente incómoda. Pero cuando la hacés sentir cómoda y compartís desde un lugar diferente, la música es espectacular. La barrera no es cultural, es social. La música en sí no tiene estratos sociales. Las sociedades la ponen en lugares, pero la música nace de un deseo genuino de creación”.
Para Marino, la música se comparte como el mate: de mano a mano, sin intermediarios ni distancias. “La música vive en el día a día. Salgo a comprar, pido un cacho de comida, vuelvo, cocino y después estoy tocando. En el fondo la música pasa a ser parte de eso. Creo que todos vivimos la música como algo cotidiano. A veces se la quiere poner en lugares raros. Y eso es lo que genera distancia”, plantea.
Quien quiera comprobar a la Camerata en vivo, puede hacerloel viernes 10 de julio en Galpón B (Cochabamba 2536, CABA) donde compartirá escenario con Agustín Guerrero y Daniel Ruffo en un concierto que promete ser un cruce único entre la música académica y el tango de vanguardia. Y lo hará en el marco de un festival que, como su nombre lo indica, viene a celebrar la música sin cadenas: sin ataduras de género, sin fronteras de clase, sin prejuicios.
Las entradas están disponibles en Passline a precios populares, al igual que la carta de comidas y bebidas del lugar. Porque, como bien lo expresa el espíritu del festival, la música sin cadenas también se construye con accesibilidad y con la certeza de que el arte es un derecho, no un privilegio.
Foto: gentileza prensa Camerata Argentina de Guitarras

