Lo virtual es real: Cómo acompañar a niñeces y adolescencias frente a la violencia de género en las redes

Cómo actuar frente a este tipo de situaciones. Cómo asistir a las víctimas y construir caminos de reparación en las comunidades afectadas. “La tarea de crianza digital hoy no existe”, advierte la psicóloga Daniela Gasparini.
TIEMPO DE LECTURA: 19
violencia digital en las redes

Por Nahuel Croza | “Lo primero que hay que hacer es no restarle valor o importancia a la violencia de género digital”, advierte la psicóloga Daniela Gasparini. “Cuando se trata de la virtualidad se tiende a minimizar el problema y eso pone en riesgo no sólo potencial, sino en peligro real a las víctimas o posibles víctimas. Lo primero, entonces, es no minimizar, no naturalizar ni pensar que porque es virtual es menos real y tiene menos impacto en la integridad física, psíquica y sexual de una persona. La primera clave está ahí”.

En las últimas semanas se reportaron en secundarias de distintos puntos del país hechos en los que compañeros de escuela circulan, en redes sociales y foros, imágenes y videos de sus compañeras obtenidas en la intimidad o elaboradas mediante Inteligencia Artificial (IA), e incluso las comercializan. Las afectadas son niñas, adolescentes y toda la comunidad educativa de esas escuelas que debe dirimir de qué manera abordar el problema, cómo acompañar y asistir a las víctimas y de qué manera buscar sanciones y caminos de reparación para los varones ofensores, también menores y pares de estas jóvenes. 

Madres, padres, docentes y directivos también tienen el desafío de educar en un mundo dónde las redes sociales y la virtualidad se transforman, aunque no lo comprendamos, en parte de la vida real y concreta, con una multiplicidad de riesgos y posibilidades que no conocemos en profundidad. Y, a la vez, de prevenir que hechos como estos se repitan.

Consultamos a Gasparini (@lic.danigasparini), especializada en género, derechos humanos y trata de personas, quien destaca que otra clave es “comprender las problemáticas digitales que van apareciendo y las que van a aparecer, ya que la tendencia es que esto se potencie en esta era digital. La virtualidad nos trae nuevas problemáticas o potencia problemáticas ya existentes: por ejemplo, del bullying pasamos al ciberbullying. Lo mismo sucede con las problemáticas, los delitos y crímenes contra la integridad sexual de mujeres, adolescentes, niñas y niños en la virtualidad, por lo cual la principal tarea en las diferentes instancias es aplicar mecanismos de prevención”.

Daniela Gasparini, psicóloga especializada en género, derechos humanos y trata.

La experta destaca que, más allá de la existencia de legislaciones nacionales o distritales, es necesario que en cada lugar del país haya planes y presupuestos aplicados para el desarrollo de políticas de prevención para estas problemáticas asociadas al uso de las TICs, tanto en los poderes ejecutivos como en el ámbito judicial.

¿Un conflicto entre pares?

Cuando, como en los casos citados, “tanto las víctimas como los victimarios son jóvenes, adolescentes o niñeces, tenemos el problema de que es muy fácil caer en la criminalización. Los jóvenes y los adolescentes están en desarrollo psicoemocional, en desarrollo integral, se están formando y los responsables de esa formación somos los adultos: la escuela, la familia y, por supuesto, los organismos estatales”.

El trabajo empieza en la casa y continúa en la escuela, pero no pueden hacerlo solos. Docentes, padres y madres no pueden hacerlo solos, necesitan orientación, necesitan comprender las problemáticas que hay y para eso el Estado tiene que estar presente. Tiene que formarlos, tiene que darles información y brindarles herramientas para la contención.

-Hoy hay subculturas digitales muy peligrosas, muy violentas, donde los varones están insertos. Lo vimos con la serie “Adolescencia”. Los incels (acrónimo en inglés de involuntary celibate o célibe involuntario) existen, son ecosistemas digitales hiperviolentos. Incluso los grupos de True Crime Community que son espacios donde los chicos absorben información de cómo llevar adelante un crimen.

Entonces, tenemos que prestar principal atención en esos lugares porque estas subculturas digitales se desarrollan a partir de ecosistemas digitales más masivos que van desde una plataforma de juegos como Roblox o Free Fire —a la que acceden masivamente niñeces y adolescentes— a una red social como Telegram o Discord que son plataformas muy encriptadas donde muy fácilmente se puede hablar de este tipo de crímenes o violencias sin restricción.

-Es una actividad que no está regulada por normas estatales y es necesario que se reglamente, que la justicia investigue y esté observando, previniendo posibles situaciones criminales o eventuales situaciones donde pueda verse afectada la vida o la integridad sexual, psicológica o física de una persona.

Entonces, no solamente es la prevención y la información, sino también la investigación y el accionar de la Justicia para evitar que se lleve adelante toda esta crueldad. Hay un sistema que parece estar diseñado para formar niños con odio de género, con discriminación. El misógino no nace, sino que deviene misógino, por lo cual hay que estar alerta porque, lamentablemente, esto está sucediendo y la forma de evitarlo es con prevención y con las correctas herramientas de investigación y aplicación estatal para que esto no pase a mayores.

“Hay un sistema que parece estar diseñado para formar niños con odio de género, con discriminación. El misógino no nace, sino que deviene misógino”.

-Más que castigar y sancionar es necesaria mucha sensibilización, mucha concientización, mucho diálogo y espacios terapéuticos accesibles para todos los chicos. No solamente para las personas que terminan siendo víctimas de estas situaciones sino también para los varones. Para grupos enteros de adolescentes, para repensarnos desde la educación sexual integral (ESI) aplicada correctamente y para acompañar también a los padres y madres en la tarea de crianza digital que hoy no existe.

Mis recomendaciones para los adultos responsables de niñeces y adolescencias es dar espacios de diálogo, no juzgar, no enojarse. Sí, poner límites claros, tener control del uso de pantalla. A mayor consumo digital, mayor riesgo no solamente para la salud mental de los chicos, sino también de exposición a problemáticas que comprometen su integridad psicológica y sexual.

Es importante hablar de esto con los chicos, preguntarles cómo están, cómo les fue. A qué están jugando, en qué redes sociales están, establecer límites claros en el acceso a algunas plataformas. Demorar lo más que se pueda el ingreso a determinadas plataformas digitales y tener control parental. 

Por sobre todo, hablar con ellos porque podés tener todas las herramientas de control parental, podés tratar de impedir que usen redes sociales pero, tarde o temprano, lo van a hacer porque si no van a quedar afuera de lo que sucede entre sus amigos y amigas, sus compañeros y eso también puede significar un problema. Entender que los adolescentes se rebelan, que los adolescentes van a tratar de romper esas normas que ponemos los adultos, pero así y todo las necesitan. Que las rompan no significa que no las necesiten.

Es importante que ellos sepan que hay una familia que los está mirando, cuidando, protegiendo y, también, que hay una familia que los está escuchando y conteniendo, que no los va a juzgar, que los va a acompañar, no los va a exponer y que van a estar presentes ante cualquier eventualidad que surja. Que los chicos sepan que pueden ser escuchados por los adultos es un montón y es importante.

Otro punto a destacar es que, cuando los adultos tengan límites para poder resolver alguna situación tienen que saber que no todas las situaciones las tienen que resolver ellos solos, sino que pueden pedir ayuda, tienen que pedir ayuda a profesionales expertos en salud mental, por ejemplo, o niñez.

También te puede interesar: Violencia digital de género en las escuelas: ¿Qué hacer?

Estrategias de abordaje

En relación a quienes ejercen este tipo de violencia o agresión es necesario llevar adelante un trabajo individual y un trabajo grupal. El trabajo grupal es en relación a entender cuáles son las consecuencias y las implicancias de estos actos. Entender qué le pasa a la persona que es agredida. Hay que poder construir desde la empatía, desde la formación de un vínculo sano.

En el trabajo individual, en principio, evaluar cuáles son las propias situaciones vividas o sufridas, si el chico está en un contexto familiar violento o en el que no es mirado o donde se fomenta la discriminación y la misoginia. Qué tipo de plataformas digitales consume. Si ha atravesado alguna situación de bullying o de ciberbullying que lo llevó a pensar que se podía refugiar en espacios o microecosistemas machistas o violentos. 

En síntesis, observar cuál es el devenir de ese sujeto. Si el chico tiene alguna situación en relación a su salud mental. Si hay dificultades en la tolerancia a la frustración. Si hay alguna cuestión de construcción de personalidad psicopática donde la empatía, el remordimiento, el sentimiento de culpa no están presentes. 

Es mucho lo que hay que trabajar y fortalecer. Por ejemplo, trabajar sobre la construcción de un vínculo sano; mostrarle al chico que hay posibilidades de aceptar la diferencia del otro o de aceptar el ‘no’ del otro o la otra. Y empezar a trabajar la autoestima, porque cuando hay agresión, atravesada también por factores de edad y género, evidentemente hay una autoestima debilitada puesta en juego. Es necesario trabajarlo, fortalecerla y darle herramientas.

Los deepfakes (videos, imágenes o audios creados mediante inteligencia artificial que imitan de manera hiperrealista el rostro, los gestos o la voz de una persona) sexuales son una forma de violencia digital y de violencia de género. “La inteligencia artificial puede crear imágenes inexistentes, pero el impacto sobre las víctimas es completamente real. La discusión no es tecnológica. Es ética, jurídica y feminista. La IA no inventó esta violencia. Solo encontró una nueva forma de reproducirla”, sostienen desde la organización feminista tucumana Mujeres x Mujeres fundada junto a otras profesionales por la abogada Soledad Deza, famosa por su cruzada en el Caso Belén.

-En primer lugar hay que respetar la privacidad, los tiempos y evitar la revictimización. No exponer a las víctimas, no hacer nada que ellas no quieran. Cuidar su identidad y su decisión de no exponerse públicamente. Eso es muy importante de remarcar tanto para los medios de comunicación, la justicia y las diferentes instituciones, la escuela e incluso la familia. 

Hay que respetar los tiempos de las víctimas porque no son iguales para todas y es necesario entender su vulnerabilidad. En estos casos, tanto la víctima como el victimario son especialmente vulnerables por su edad.

Están en una etapa evolutiva en desarrollo, donde sus emociones están en desarrollo, su cuerpo está en desarrollo, su cerebro está en desarrollo y también sus valores. Entonces, es muy importante y necesario que entendamos en el caso de las víctimas que por ahí un día diga, ‘sí, lo quiero decir’ y al otro día se arrepienta. Es totalmente válido, especialmente para adolescentes pero también a cualquier edad.

Los tiempos de las víctimas de violencias de género o violencias sexuales, ya sea presencial o digital, son muy diferentes, las personas no somos iguales. Hay que acompañarlas y creerles. No creerles no es una opción y las puede poner en muchísimo riesgo.

El impacto en la salud mental es muy grande en caso de víctimas de violencia o agresión sexual. Que sea digital no lo hace menos difícil de transitar. Generalmente hay mucha vergüenza y sentimiento de culpa. Las víctimas muchas veces creen que tienen responsabilidad porque así se les hace sentir, se les hace creer, no solamente quienes cometen la agresión sino también la sociedad que las criminaliza muchas veces y las apunta, las señala, las estigmatiza, les dice que esto les pasa por vestirse así o salir a tal hora o por tener un vínculo sexoafectivo con un chico. La verdad es que eso hace que las víctimas tengan ese sentimiento de culpa que provoca muchas veces que no digan nada, callen o no denuncien.

Es muy importante creerles siempre y respetar los tiempos. Entender que hay miedo, hay vergüenza, hay culpa y mucho temor a lo que pase después, a quedar expuestas.

A veces, empiezan a aparecer síntomas de mucha ansiedad, de aislamiento, también pueden aparecer indicadores de depresión e incluso pueden aparecer ideas autolesivas, autolesiones o pensamientos de atentar contra su vida por no tolerar semejante exposición.

***

Es el caso de Ema Bondaruk, una joven de casi 16 años, ocurrido el 18 de agosto de 2024. “Ema confió en la persona equivocada que traicionó su confianza y difundió imágenes íntimas sin su consentimiento… 24 horas después de la viralización de este video en el colegio al que asistía, se quitó la vida. Nadie supo cómo ayudarle”, explica laura Sánchez, su madre, en las palabras introductorias de la Guía Ema, un material elaborado por ella y su familia junto a ONGs que trabajan la temática con la intención de “brindar herramientas para que nadie tenga que pasar por lo que Ema y otras tantas víctimas anónimas pasaron”.

Como en otros momentos y frente a otros emergentes, los centros de estudiantes de las escuelas secundarias pueden jugar un rol crucial para evitar estos hechos o para reparar el daño social e individual que producen. 

En nuestro país, cumplen un rol clave frente a los casos de violencia de género: acompañan a las víctimas, exigen respuestas a las autoridades y promueven la aplicación de protocolos institucionales y de la Educación Sexual Integral. Estos protocolos, hoy presentes en muchas instituciones, surgieron de la lucha estudiantil liderada por adolescentes mujeres mayoritariamente.

También plantean estrategias de cuidado y de formación como, hace unos años, las “femipatrullas” (grupos de voluntarias que circulaban en las fiestas para prevenir y detectar situaciones de acoso o abuso) o los talleres de masculinidades (espacios de reflexión grupal para repensar los mandatos y estereotipos asociados al hecho de “ser varón”).

Las respuestas de las y los adolescentes, situadas, suelen chocar con el adultocentrismo y el espíritu punitivo. Escucharlos es siempre un buen comienzo.

Salir de la versión móvil