Por Elisa Corzo | Los mineros de la empresa Río Tinto que se habían extraviado en medio de una tormenta de nieve, junto a empleados de otras empresas y turistas, finalmente fueron rescatados el miércoles tras pasar casi 72 horas a la intemperie y soportar temperaturas de hasta -27 grados. Si bien el operativo coordinado entre bomberos, policías y baqueanos fue reflejado como “exitoso” por distintos medios, los familiares y quienes conocen la zona denuncian que hubo improvisación y “negligencias muy grandes” que pudieron generar consecuencias aún más trágicas.
Por eso, otra idea que también se repite es que se salvaron de milagro.
Vilma Carrizo, la esposa de uno de los trabajadores que estaba en la mina en el Salar del Hombre Muerto y que quedó atrapado en la tormenta cuando iba a rescatar a cuatro camionetas varadas que subían por la ruta 43 desde Antofagasta de la Sierra, relató cómo fue lo ocurrido: “Tuve contacto con él hasta el domingo al mediodía y después perdí el contacto. El domingo a la noche se vuelve a contactar por el teléfono satelital diciendo que no tenía comunicación con la empresa, que no podían modular y no les estaban tomando el pedido de rescate”.
“Entonces -agregó- me da un número para contactar a alguien del área a la que él pertenece. Yo me puse en contacto, reporté todo, adonde se encontraban, y ahí me relajé porque dije ‘hice el punto de contacto, están yendo a auxiliarlos’. Pero eso nunca sucedió”.
“Lo que deja en evidencia esta situación traumática es que la empresa decidió seguir operando con su actividad productiva pese a las inclemencias”, cuestionó la mujer en comunicación con María O’Donnell. “Tiene que haber un protocolo de invierno, un alerta temprano. Las instituciones provinciales y municipales tampoco activaron un comité de emergencia”, denunció.
Evelyn Vallejos, especialista en Gestión Ambiental (UNLa), que asesora desde hace años a comunidades y asambleas, y recorre constantemente la zona, explica que lo ocurrido no es novedoso en Catamarca, donde las multinacionales operan con total impunidad, sin controles, mientras los trabajadores, lejos de la promesa salvadora de la minería, “la están pasando muy mal”.
En ese sentido, señala la importancia de escuchar los testimonios de las familias. “Acá la verdad es que nadie puede creer en los informes del gobierno. No se puede creer en los informes de las empresas porque tapan todo, viene pasando hace mucho tiempo. Y el gobierno hoy en día es totalmente socio de estas empresas transnacionales”. En ese marco, “lo que los familiares expresan es que se salió a buscar a los trabajadores porque ellos hicieron una presión constante”, subraya.
Para la especialista, que además integra la Asamblea de “Autoconvocados por el Agua”, de los testimonios y de lo que se puede observar en las fotos y videos del rescate queda claro que “hubo negligencias muy grandes”. “No se respetó ningún protocolo de invierno porque no hay ningún sistema de control. Para las empresas, parar por un protocolo de invierno es una pérdida de dinero, no les importa la vida del trabajador”.
Además, “no hay planes de contingencia“ y todo el operativo se hizo con “mucha improvisación”. Primero, porque recién “se salió a las 48 horas” y también, porque “los elementos usados no eran los apropiados”. Por ejemplo, “en los cursos de montañismo te explican que tenés que tener la capa de aluminio para calentarte rápido. Vos ves las fotos del rescate y lo que usaron son las frazadas de baja calidad que da el Ministerio de Desarrollo Social”.
A su vez, indica que varias de las personas que participaron del operativo, más allá de los baqueanos que se fueron sumando, no eran rescatistas. “Eran personas municipales, algunas personas de las empresas… Después hubo otras empresas contratistas que pusieron máquinas, y se armó en el momento, como algo para salir”.
Otro aspecto clave es el no cumplimiento del protocolo de invierno: “La temperatura en el Salar ya estaba bajo cero e igual mandaron a los trabajadores a salir de la mina”.
Eso mismo –indica- es lo que pasó en 2024 cuando unos cien mineros de la empresa china Zijin Mining, que opera en el proyecto Tres Quebradas en Fiambalá, estuvieron varados durante 24 horas en un micro común, bajo condiciones extremas.
La investigación
Desde el sindicato minero, AOMA, también ponen en duda si se respeto el Protocolo de Invierno y por qué se autorizó a las camionetas que quedaron varadas a circular.
“Queremos saber –afirma su secretario general, Gustavo Molina, en diálogo con Canal Abierto- si fue negligencia, si fue un error humano, si estaban dadas las condiciones. La verdad es que todos esperábamos la tormenta. La alerta habían salido la semana pasada, sabíamos que iba a llegar la tormenta, aunque no en esta magnitud (…)”.
“Ahora –agrega- hay que tomarse el tiempo en investigar qué es lo que pasó y si hay algo que mejorar, se mejorará. Los protocolos como los procedimientos, constantemente se evalúan y constantemente se mejoran”, asegura.
Según explica, por ahora la investigación está a cargo del Comité Mixto de Seguridad, que encabeza la organización obrera y que también integran el ministerio de Trabajo y el de Minería. Si detectan responsabilidades, entonces sí pueden elevar una denuncia judicial para que intervenga la Justicia.
Vallejos, por su parte, desconfía de ese mecanismo y de investigaciones que “siempre quedan en la nada”. Primero, por las relaciones opacas, de “casta”, que son moneda corriente en la provincia.
Para dar cuenta de la impunidad con la que se manejan las empresas, pone otro ejemplo: el del camión cisterna que transportaba salmuera con ácido clorhídrico hacia la planta industrial de la empresa Zijin Liex y que volcó a la vera del río de Fiambalá. “El camión vuelca y no tenían ningún plan de contingencia. Van con auto, agarran a los trabajadores que empiezan a juntar el ácido con los cascos y lo tiran en baldes de 20 litros. Después, iban y lo tiraban a un costado del río donde se fue formando una laguna de ácido”.
“¿Cómo puede ser que una empresa transnacional haga eso?”, plantea la especialista que junto con la Asamblea “Fiambalá Despierta” presentó una denuncia sobre el caso.
En todo este contexto –denuncia- los trabajadores y el medio ambiente quedan para lo último, a tal punto que, de la pandemia para acá, incluso sindicatos tradicionalmente burócratas como AOMA o la UOCRA, más tendientes a negociar que entrar en conflicto, vienen realizando “constantemente” manifestaciones, cortes de ruta y hasta bloqueos a las mismas empresas.
“Hay denuncias por la poca comida, por problemas con el transporte. Es muy alarmante porque la están pasando muy mal los trabajadores, además de que tienen bajos salarios”, sostiene Vallejos. Así, “hoy un minero gana $1.800.000, que para Catamarca es un muy buen sueldo pero que uno, conociendo otros trabajos, sabe que eso es mínimo para una empresa multinacional y para un trabajo que se realiza en condiciones extremas”.
Esta situación pone en contradicción el principal argumento con el que las empresas mineras y los gobiernos buscan convencer a las poblaciones: la de la generación de buenos trabajos.
Vallejos da otro dato: “Hoy en día, según datos oficiales, la minería de litio en Catamarca da 1000 puestos de trabajo directo. Y la industria textil da 5000”, compara. “Entonces -asegura- tenemos una gran contaminación y no nos dejan nada. La gente acá pierde, la provincia pierde, todos pierden. O sea, ganan unos pocos y y encima no hay trabajo real”.

