El papelón de Milei en Brasil, ¿un tiro por la culata para los Bolsonaro? 

El argentino fue el único mandatario presente en el lanzamiento de la candidatura del hijo de Jair Bolsonaro, quien terminó eclipsado por la disputa diplomática. ¿Le suma o resta a la ultraderecha brasileña quedar asociada a la radicalidad política y crisis económica?
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Redacción Canal Abierto | El lanzamiento de la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro buscaba transmitir una idea sencilla: el bolsonarismo sigue vivo pese a la inhabilitación y el arresto domiciliario del patriarca, Jair.  

Sin embargo, y seguramente para sorpresa de los propios organizadores, quien debía ser su único protagonista quedó opacado por los gritos e insultos de Javier Milei. Un favor que, sin querer queriendo, terminaría dándole centralidad a su némesis e inquilino que reside en el Planalto.

El presidente argentino contra Luiz Inácio Lula da Silva —a quien volvió a llamar «ladrón», «presidiario» y «basura socialista»—, sus ataques al Supremo Tribunal Federal (STF) y la inmediata respuesta del gobierno brasileño dominaron la cobertura periodística.  

Brasil convocó a consultas a su embajador en Buenos Aires y citó al representante argentino en Brasilia, profundizando una crisis diplomática que terminó desplazando completamente el eje del lanzamiento. 

Paradójicamente, el acto pensado para instalar a Flávio Bolsonaro en la carrera presidencial terminó convirtiéndose en una noticia sobre Milei. 

Los otros dos grandes referentes con los que el bolsonarismo procura identificarse son Donald Trump y Benjamín Netanyahu. El primero enfrentará este año unas elecciones legislativas de medio término que se anticipan serán difíciles, más aún hoy que recrudecen los daños económicos colaterales derivados de la guerra en Irán. 

El segundo también irá a elecciones este años, pero enfrenta otro tipo de preocupaciones por la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos durante la ofensiva israelí sobre Gaza.

¿Un activo electoral o un problema? 

La pregunta comenzó a aparecer rápidamente en los análisis publicados por medios como Folha de S.Paulo, O Globo, Estadão y Reuters: ¿el respaldo del presidente argentino fortalece realmente la candidatura de Flávio Bolsonaro? 

Como suele suceder en estos casos, no hay una respuesta categórica ni mucho menos anticipatoria del resultado de las elecciones generales se llevarán a cabo el 4 de octubre de 2026.

La presencia de Milei consolida el vínculo entre el bolsonarismo y la nueva derecha internacional, moviliza al electorado más ideologizado y proyecta una imagen de respaldo político más allá de las fronteras brasileñas. 

Pero ese mismo gesto también refuerza otro mensaje: el de un candidato identificado con el ala más radical de la derecha continental. 

Desde la salida de Jair Bolsonaro de la competencia electoral, uno de los grandes debates dentro del Partido Liberal consistía en definir si el espacio debía ampliar su base hacia sectores moderados o profundizar la identidad bolsonarista. 

El lanzamiento de Flávio no buscó moderar el perfil del espacio. Por el contrario, eligió abrazar el discurso de confrontación permanente con la izquierda, la Justicia y las instituciones democráticas que caracteriza tanto al propio Milei como al bolsonarismo. 

En una elección presidencial brasileña, donde históricamente los votantes moderados resultan decisivos en una eventual segunda vuelta, esa decisión no está exenta de riesgos. 

El mejor argumento para Lula 

La visita del mandatario argentino también terminó ofreciendo una oportunidad inesperada al oficialismo: Brasil posee una cultura política particularmente sensible a las intervenciones externas en sus asuntos internos. 

Que un presidente extranjero utilizara un acto partidario para atacar al jefe de Estado brasileño y al máximo tribunal del país permitió a Lula abandonar, al menos momentáneamente, el terreno de la disputa ideológica para ocupar otro mucho más cómodo: el de la defensa de la soberanía nacional. 

Al igual que un año atrás cuando Trump decretó su «castigo» arancelario para presionar a Lula, ese cambio de enfoque puede resultar políticamente relevante porque desplaza la discusión desde el enfrentamiento entre derecha e izquierda hacia una cuestión con fuerte arraigo en la política brasileña: la defensa nacional frente a presiones externas.  

El riesgo de «argentinizar» la campaña 

Otro aspecto que comenzó a aparecer en los análisis periodísticos es la posibilidad de que la campaña de Flávio Bolsonaro termine excesivamente asociada a la experiencia argentina. 

Es cierto, para el núcleo duro bolsonarista, Milei representa el dirigente que derrotó al peronismo e impulsó un programa de reformas ultraliberales. 

Pero esa lectura dista de ser relevante para buena parte del electorado, que en los últimos años sólo percibe recesión, deterioro del consumo, ajuste sobre jubilaciones, universidades, ciencia y empleo público, así como creciente conflictividad social en Argentina.  

Un informe publicado por el economista Guido Agostinelli muestra las diferencias entre ambos modelos, y los múltiples argumentos económicos que juegan a favor del Partido de los Trabajadores de Brasil por sobre La Libertad Avanza.  

En ese contexto, el oficialismo brasileño dispone de un recurso político evidente: convertir la experiencia argentina en una advertencia sobre los costos sociales que podría implicar un eventual regreso del bolsonarismo al poder. 

Más que discutir modelos económicos en abstracto, la campaña podría terminar contraponiendo dos experiencias concretas: la continuidad del gobierno de Lula y sus relativos éxitos en materia económica frente al experimento libertario al estilo Milei.  

La incógnita es si esa estrategia le permitirá conquistar el electorado moderado que históricamente define las elecciones brasileñas o si, por el contrario, terminará reforzando la percepción de que el bolsonarismo ya no propone un proyecto para Brasil, sino la versión brasileña de una derecha radical cada vez más internacionalizada y, al mismo tiempo, cada vez más aislada. 

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