Apartheid porteño: El racismo institucional del gobierno de Jorge Macri

Desalojos ilegales, perfilamiento racial, “prioridad porteña”: medidas de un gobierno que hace de la segregación práctica y propaganda. “El discurso racista es el núcleo duro de la derecha en todas sus versiones”, sostiene Federico Pita, de DIAFAR.
TIEMPO DE LECTURA: 10

Publicada el 10 de agosto de 2026

Redacción Canal Abierto | El jefe de Gobierno, Jorge Macri, parece decidido a correrse tan a la derecha como la ciudadanía porteña se lo permita. Lanzado en una campaña por su reelección, ha estructurado un discurso basado en la segregación de quienes su gestión clasifica como “no deseables”: migrantes, morochos, vendedores ambulantes, personas en situación de calle, habitantes de barrios populares y no porteños, por supuesto, de bajos recursos. 

Esa publicidad oficial, que financian todos los vecinos y vecinas, y machaca con el latiguillo “Ley y orden”, se apoya en acciones represivas concretas: razzias, desalojos ilegales, saturación policial de espacios públicos, secuestros de mercadería a trabajadores informales, persecución a cartoneros, entre otras. 

“Lo explícito del racismo de varias de las consignas de su gestión anticipa el año electoral. La derecha, después de casi dos décadas, para intentar retener su bastión, en un acto desesperado para mantenerse en el poder, está encontrando en el racismo explícito la razón de ser de su política y lo está ejerciendo de forma categórica”, sostiene Federico Pita, politólogo y columnista y editor del suplemento Negrx de Página|12. Como activista de la afroargentinidad es fundador de DIAFAR (Diáspora Africana de la Argentina) y Espacio Malcolm.

Lo que puedo destacar es el silencio de la política en relación a este tema. La política con vocación de oposición, la política con vocación de gobernar la ciudad de otra manera, guarda un silencio sorprendente o subestima esta agenda a la que creo que hay que prestar mucha atención”, advierte Pita.

Apartheid porteño

“Un día nos llega un material en el que se ve a un joven en las afueras de la estación de Constitución contra la pared. Era un cacheo policial donde, palabras más palabras menos, el agente de la Policía de la Ciudad le decía: “¿Vos de dónde sos?”. “De Berazategui”, responde el muchacho con gorrita. “¿Qué hacés acá? Vos no tenés que estar acá en la ciudad, volvete a Berazategui”. Lo que era sorprendente es que cuando vamos a chequear la fuente de ese video, resulta que estaba posteado en las redes sociales del Ministerio de Seguridad de la Ciudad”, relata Pita. “Por lo tanto, hablamos de hostigamiento, de violencia racial y un apartheid de hecho. Esta idea de que si sos de Berazategui, no tenés nada que hacer en Buenos Aires, ‘Andate de acá’, recortado por el ministerio que se supone sostiene la política de seguridad de la Ciudad, es claramente una línea roja”.

“La metáfora del apartheid que utilizamos no es antojadiza. El apartheid fue un sistema segregacionista que rigió durante muchas décadas en Sudáfrica que planteaba la segregación racial como una jerarquía legal. Ser blanco era ser superior y ser negro era ser inferior en términos legales. Y eso, por ejemplo, implicaba una suerte de restricciones en la circulación. Si eras negro no podías habitar en determinadas zonas de las capitales de Sudáfrica. Como si acá los negros no pudiesen pasear por Palermo”.

“Había un sistema de pases. Si eras una empleada doméstica en Barrio Norte, pero vivías en Berazategui, tenías que tener un pase, un carnet que acreditase que vos trabajabas en ese lugar porque si te paraba en la calle una autoridad, te pedía el pase para justificar por qué estabas en ese lugar vedado”.

El 21 de marzo de 1960, en Sharpeville, Sudáfrica, “hubo una protesta y una quema pública de pases a las afueras de una comisaría. La policía abrió fuego matando a 69 de hombres, mujeres y niños”. En conmemoración de este hecho, la ONU estableció el Día Internacional de Lucha por la Eliminación de la Discriminación Racial.

“Aunque el negro vista de seda, negro queda”

La aplicación de este apartheid se basa en la aplicación del semblanteo o el perfilamiento racial, “nosotros diríamos, la portación de rostro. Vos ves un pibe morocho con gorrita y salta la alerta. Al morocho le pedís el documento para, acto seguido, justificar la violencia y en este caso su color es suficiente prueba para el maltrato y el hostigamiento”.

El operativo de la Ciudad en barrios populares fue titulado “Tormenta negra”.

“Hay una foto muy emblemática de un cordón de policías mirando de espaldas a la foto y de frente a la estación Constitución, con el slogan: ‘Un muro contra la barbarie’. Entonces, ¿la barbarie sería el millón de laburantes que entran todos los días a trabajar a la ciudad?”, se pregunta el activista.

“No hace falta ser un experto en teoría crítica de la raza para saber que los de menores recursos tienen la piel más oscura y las mejores posiciones en la sociedad tienen la piel más clara. Es un dato incontrastable de la realidad. Es cuestión de caminar con los ojos abiertos y ver quién es quién. El racismo no se reduce sólo a la cuestión del color de piel, pero es un determinante absolutamente claro. Las fuerzas de seguridad si hay algo que ejercen es el semblanteo y el perfilamiento racial. ‘Morocho: delincuente’, y se lo frena”.

“Y eso tiene un objetivo muy claro que tiene que ver, no con detener el delito sino, con propagar lo que algunos intelectuales han llamado el terrorismo blanco. Genera un proceso de consolidación de un sector de la sociedad, la nuestra y en el mundo entero, que desprecian lo negro, aborrecen a todos los negros, a los negros de mierda en todas sus expresiones, pobre, no pobre, casi pobre. Si viene en BMW y es morocho: es narco”.

“Está claro que el problema no es la ropa, no es el auto, no es el barrio. Si terminan siendo condicionantes, terminan siendo excusas. El problema es el desprecio a esa otredad extrema que amenaza la pureza de lo que soy yo, que en Argentina, en la modernidad, en el capitalismo, es lo europeo. Alberdi cuando dice ‘Gobernar es poblar’, se sostiene en dos grandes ideas: la falsa idea del desierto que se sostiene de Rosas a Roca y es una de las primeras políticas de Estado que tiene la Argentina, que no es una campaña de compra masiva de semillas para plantar pinos en el desierto. Es comprar fierros para matar gente y no matan a cualquiera. Entonces, es eliminar a lo que está para probarlo con lo mejor de la raza humana, que son los europeos. Lo dice abiertamente Alberdi, por eso los libertarios lo ponen en el billete de 20.000 pesos”.

“Entonces, no hay ninguna improvisación, son la misma gente, son los descendientes de los mercenarios prusianos, son los Bullrich, los Pereira Iraola, los Ramos Mejía, los Peña Brown, con la convergencia de algunos españoles e italianos fascistas y franquistas que se encuentran para gloriarse en la supremacía racial blanca y despreciar lo que en las Américas y en Argentina somos las mayorías, que somos los no blancos”.

“Los negros estamos dejando de creer en la democracia”

Esa retórica racista no sólo fideliza un núcleo duro, sino que a la vez propaga el terror e invita a la desmovilización, que es el gran problema que tiene la democracia en Argentina. En nuestro país no se trata de cuántos votos saca la derecha o la ultraderecha en sus rejuntes, sino que el grueso de la población no acude a las urnas. Hay un número promedio desde el retorno de la democracia que no para de crecer, que ronda más o menos el 40%, y en los barrios, en los sectores populares, llega hasta el 50% de gente que no va a votar.

“Entonces, los negros no es que no creen en el peronismo o en la política. Están dejando de creer en la democracia, no sólo porque no les dio de comer, no les dio educación, no les dio salud, la promesa de la primavera alfonsinista, sino que literalmente la política está en Narnia. Por eso entienden que el discurso racista no es una cortina de humo, es el núcleo duro de la derecha en todas sus versiones”.

Salir de la versión móvil