Publicada el 14 de agosto de 2026
Por Inés Hayes | Bajo la dramaturgia y la dirección de Victoria Hladilo, inspirada en el cuento Del Amor de Antón Chéjov, en Siete estaciones para hablar de amor Carlos Belloso, Laura Nevole y Manuel Vignau interpretan una historia de amor en el corazón del granero del mundo, donde viven pobres desamparados y ricos desinteresados en la condición del otro.
En Buenos Aires, a principios del Siglo XX, una pareja de terratenientes convida generosamente a un trabajador del campo con los beneficios de su acomodada posición. Pablo (Manuel Vignau) lleva frescura al acantonamiento de la ciudad y, sin suponerlo, con sus canciones y sus chistes, se va volviendo fundamental para la subsistencia de la monótona pareja. Así, entre el trigo y el cemento, entre favores y halagos, nace una amistad profunda entre los tres. Una amistad que se vuelve peligrosa cuando se transforma en amor.
En aquel tiempo, tan diferente y tan semejante, una historia se va entretejiendo durante siete estaciones. Desnudando el encanto, la ilusión, el deseo y la crudeza de lo imposible. Los tres reconocidos actores son los responsables de darle vida a esta historia que cruza amores prohibidos, desigualdad y lucha de clases.
Se puede ver los lunes de julio a las 20 en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636, CABA). En entrevista con Canal Abierto, la directora cuenta por qué eligió a Chéjov para la puesta.
¿Por qué eligieron trabajar con Chejov?
-Es un autor que siempre me interpeló. Percibo una mirada levemente pesimista con la que me siento identificada. Vínculos erráticos que no se pueden dar, que no son correspondidos o que están a destiempo. En el encierro de pandemia leí varios cuentos de este autor y elegí Del Amor para hacer una adaptación. Sin embargo yo siento que tiene mucho de varias de sus historias de amor, donde el deseo y la posibilidad de accionar se entrecruzan de un modo imposible.
¿Cómo hiciste la adaptación?
-Trabajé bastante tiempo dentro de un espacio de taller que teníamos en la escuela de dramaturgia de la EMAD (Escuela Metropolitana de Arte Dramático). Primero surgió la idea de atravesar este cuento de amor con la historia de una parte de mi familia de origen, con el relato de su inmigración. La llegada al campo, en el Chaco y luego su camino hasta la ciudad. Ahí también se ordenó el tiempo. Buenos Aires a inicios del siglo XX. A partir de ahí tomé las dos decisiones que ordenan el relato: el tiempo y el espacio. Decidí que todo sucedería en esa casona de Gregorio y Anna, y que iría contando el paso del tiempo a través de las estaciones del año. Me gustaba esa idea del clima y de jugar con la temperatura del aire y del sentir de los personajes. Luego, los materiales van hablando solos.
Es interesante cómo se parece tanto al presente, la desigualdad entre las clases y el manejo de la justicia. ¿Eso surgió de la investigación, de lecturas históricas que hiciste?
-Sí, investigué bastante la época. Entre todo tipo de lecturas, busqué noticias de los diarios de aquel momento y claro, ese fue un hallazgo para mí. Leer noticias que podrían (casi) ser de la actualidad. Eso fue lo que me confirmó que el espacio/tiempo era el que quería trabajar y que esa era otra de las capas que esta obra iba a abordar. Los relatos que se nombran en el material son todos basados en casos reales de noticias de aquella época. Y su resonancia con el presente, es asombrosa.
Esta obra es muy diferente al registro y tipo de temas que venías abordando. ¿Qué te llevó a trabajar el amor y los problemas sociales de un período histórico?
-A veces la inspiración viene de lo cotidiano, de los vínculos cercanos, y otras de aquellos grandes autores que nos marcaron. Quería escribir una historia de amor y un poco por impulso, otra por curiosidad, terminé en la adaptación de este cuento. Su época me llevó a otro trabajo con el texto. Sin embargo, aunque los tiempos son otros, siento que conserva cierta relación a mi obra anterior en el trabajo con las réplicas o las retrucaras de palabras. Por supuesto, en un lenguaje que juega a ser de otro tiempo. También los problemas sociales siempre han atravesado mi obra. Seguro que de otro modo, pero siempre observando el asunto de la educación y la crianza, en la obra La sala roja, o las diferencias de clases entre empleados y empleadores, en La casa de las Palomas. Se roza también este tema en La culpa de nada, donde un grupo de jóvenes de clase media alta sienten que pueden llevarse puesto a todos quienes los rodean, o la mirada sobre el feminismo en Cartón pintado. En esta obra, el cuento del amor es de Chejov, la mirada social se debe a ciertas cuestiones que en este momento me inquietan y siento que resuenan también por la perdurabilidad del problema.
Siete estaciones para hablar de amor ganó el Premio Argentores 2023 (Concurso Nacional para Egresados de Carreras de Dramaturgia de Escuelas Públicas).
Ficha artístico técnica:
Dramaturgia y Dirección: Victoria Hladilo (@vickyhladilo)
Elenco: Carlos Belloso (@belloso.actor), Laura Nevole (@lauranevole) y Manuel Vignau (@manuelvignauok)
Diseño de escenografía: Celeste Etcheverry
Asistente de escenografía: Casiana Ronconi Palma
Realización de escenografía: Taller Núñez
Diseño de Iluminación: Ricardo Sica
Diseño de Vestuario: Gabriella Gerdelics
Música original: Tony Abadi
Ambientes sonoros: Ignacio Viano y Nicolás Benaghi
Diseño Gráfico: Melina Florio
Colaboración Artística: Victoria Marroquín
Prensa & difusión: Daniel Franco
Producción: Victoria Chamorro y Victoria Hladilo
Asist de Dirección: Sebastián Frígoli
Redes de la obra: @sieteestaciones.teatro

