Sobre el robo de un transporte colectivo

Un joven del Conurbano robó un colectivo para “cumplir el sueño de ser colectivero”. Y la insólita anécdota abre el juego a la sonrisa pero también a una pregunta menos simpática: ¿qué sociedad es ésta donde hasta los sueños más modestos se vuelven inalcanzables?
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Publicado originalmente el 31/08/2026

Por Gonzalo Romano* | Una encuesta reciente de Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) retrata la paupérrima expectativa de vida de los jóvenes de barrios populares del Conurbano bonaerense, en contraposición con los de altos ingresos.

Mientras los últimos sueñan con convertirse en profesionales o viajar por el mundo, los primeros tienen expresiones como “espero tener un trabajo” o “quisiera irme del barrio”.

La poca o nula movilidad social ascendente retacea los sueños de progreso y aleja el horizonte de posibilidades, dejando como saldo un presente perpetuo de lucha por la sobrevivencia y la cobertura de las necesidades primarias, sin posibilidad de ahorro o inversión a futuro.

A esto se suma el encarecimiento de la vida cotidiana y el alto índice de endeudamiento, que deriva tanto en el aumento del estrés socioeconómico y la emergencia en salud mental.

Es probable que en alguna medida el escenario descrito esté vinculado al crecimiento alarmante de la tasa de suicidios, aunque claro, este es multicausal y no puede arriesgarse una asociación directa.

Quizás en este panorama, se entienda o explique el episodio que nos compete: el del robo de un colectivo por un joven que quería “cumplir el sueño de ser colectivero”.

El sueño del pibe

La madrugada del domingo 23 de agosto, en el oeste del Conurbano bonaerense, un joven de 24 años robo un colectivo de la Línea 216, ubicada en el partido de Merlo. Hizo el recorrido habitual, subió pasajeros en las paradas correspondientes hasta que chocó en Morón y fue detenido. Pero lo que más impactó a los policías fue la insólita confesión que hizo el joven del móvil: “Solo quería cumplir mi sueño de ser colectivero”.

El fiscal Fernando Capello, a cargo de la UFI N.° 2 del Departamento Judicial de Morón, ordenó una pericia psicológica y psiquiátrica urgente. Esta medida busca determinar si el acusado es imputable, es decir, si tenía la capacidad mental para comprender la criminalidad de sus actos en el momento del hecho.

Sin salida

En una escena de la película Atrapado sin salida, el agente de cambio (McMurphy/Nicholson) motiva a otros internos a robar un barco y desviarlo a altamar. Así lo hacen y pescan. Entonces McMurphy le dice a otro interno: “¿Ves? Ahora no eres un loco, ahora eres un pescador”. Es decir, ahora tiene otra identidad, es alguien, además de la del loco enajenado y aislado del resto de la sociedad.

Eso era el trabajo durante el Estado de Bienestar. Así como el destierro medieval quitaba la ciudadanía e identidad de quienes lo padecían, en la actualidad la desocupación o el borramiento de lazos que unan el trabajo a un patrón identificable —primero en la tercerización y luego, mas exacerbado, en las economías de plataformas—, dejan al trabajador (al sujeto) solo, incumpliendo sus derechos, creyéndose libre (de ataduras, de lazos recíprocos).

El trabajo es una red de relaciones, de interacciones sociales donde no solo se producen bienes materiales para comercializarlos sino que también se transforman realidades, se crean identidades, rituales, culturas.

Más allá del caso en cuestión y sus particularidades, lo que advierto es que expresa una lógica. Las nuevas derechas emiten un discurso aporofóbico que culpabiliza a quienes ya han abandonado, y la idea de justicia social resulta una aberración. En este marco, conceptos como el de solidaridad pierden prestigio y prima el individualismo.

Este ejército de reserva, de excluidos, de sobrantes que el mercado no puede absorber ¿Dónde van? ¿Qué hacen? ¿Qué expectativa de vida tienen?

La esperanza es el sueño del hombre despierto (Aristóteles)

Recuerdo que un profesor de filosofía del colegio secundario, repetía: “Quien le roba a otro las zapatillas, por ejemplo, no quiere las zapatillas. Quiere su vida, quiere la vida del otro”.

Que el deseo o sueño del joven que protagonizó el robo sea ser colectivero es tan válido como otros, máxime teniendo en cuenta que el salario promedio supera con creces el mínimo vital y móvil y que forma parte del sindicato más fuerte del país, Camioneros, lo que garantiza una capacidad de presión suficiente para obtener una negociación paritaria exitosa.

El problema es que no pueda ingresar a ese ámbito corporativista o a otro, que no pueda desarrollarse lo suficiente para pertenecer a una comunidad normada, ordenada por reglas explícitas e implícitas; y que el modelo de sociedad actual no brinde las posibilidades para que un sector importante de la población total acceda a servicios básicos en materia de salud, educación, deporte y cultura.

Que el objeto de robo sea un transporte colectivo, desde el psicoanálisis implica una interpretación más (teniendo en cuenta que el automóvil es un gran símbolo del individualismo). El ladrón quería pasar inadvertido como un trabajador más, común y corriente, una parte de un todo.

Para terminar, un relato.

Hay un episodio que involucra a los movimientos sociales que es narrado hasta su mitificación. Involucra a Néstor Kirchner y Emilio Pérsico. Cuenta que en una movilización durante su incipiente presidencia, Néstor, desde las alturas del edificio de Desarrollo Social, convoca a Emilio, en el llano. Este sube, predispuesto al diálogo. Se cuenta que en un momento Néstor dice: “¿Qué nos pasó, Emilio? Antes luchábamos por la revolución y ahora peleamos por comida”.

No se sabe la respuesta.

*Escritor, periodista.

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