La dictadura en el interior de Buenos Aires: “Nos cruzamos con los represores en las plazas”

El investigador Jorge Meza presenta sus libros sobre el terrorismo de Estado en el centro bonaerense. En el marco de la reciente inauguración de un Espacio de Memoria en Azul, el escritor destaca la importancia de “seguir enfrentando todos los vientos de olvido”.
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Publicado el 15 de septiembre de 2026

Por Leo Vázquez | Jorge Meza es maestro de educación especial, escritor, poeta y sobreviviente de la dictadura. Vive en Azul y ha dedicado su empeño a develar y difundir los daños provocados por la represión en los pueblos de la zona centro de la Provincia de Buenos Aires y las luchas de los organismos, los familiares y las comunidades. Sus libros La Noche Azul (2023) y sobre todo Desde las sombres del tiempo (2026) completan un panorama histórico ineludible a la hora de intentar comprender los alcances del terror fuera de las grandes capitales.

Ambos volúmenes publicados por CTA-A Ediciones recogen juicios emblemáticos por crímenes de lesa humanidad, las historias de las víctimas, de los perpetradores y los centros clandestinos, las complicidades, los logros alcanzados y los reclamos pendientes.    

Con todo eso fue impulsor junto a la Mesa de Derechos Humanos local que integra de la apertura de un Espacio de Memoria en la Ex Estación del Ferrocarril en Azul, que finalmente se concretó el pasado 4 de septiembre en un acto que contó con la presencia del Subsecretario de Derechos Humanos bonaerense Matías Moreno, el Intendente Nelson Sombra (Unión por la Patria), sobrevivientes de ese claustro de torturas y exterminio y representantes de organizaciones.

En esta charla con Canal Abierto, Meza describe los rasgos distintos que tuvo la larga noche en la región y advierte:

“Todavía tenemos en Azul cuatro nietos que no tienen su identidad”.

Además, valora la reciente inauguración en su distrito destacando que “en un contexto de negacionismo adquiere un valor que da fuerza para seguir enfrentando todos los vientos de olvido”

-Fue un momento muy emotivo y un hecho histórico, porque en las ciudades del interior a veces cuesta mucho más romper el silencio, la indiferencia, y nosotros venimos trabajando desde hace muchos años con distintas organizaciones de derechos  humanos y personas que van aportando a lo largo de todo este tiempo a la reconstrucción de la memoria. Yo siempre digo que la memoria es una construcción colectiva y la verdad es que pasaron muchos gobiernos municipales y recién con ésta última gestión pudimos empezar a transitar ese camino de apertura. Nos acompañaron muchos colegios secundarios, se está trabajando bastante bien con la cuestión del aniversario 50 del golpe, en las aulas se viene trabajando la pedagogía de la memoria, jóvenes que participan en los en los espacios a nivel provincial también, entonces cuando se inauguró el sitio vinieron columnas de muchos de los colegios públicos y privados junto a organismos, vecinos, familiares y pudimos lograr abrir la planta alta del edificio, que consta de dos plantas y fue todo un centro clandestino, primero fue una planta verificadora de automotores durante la dictadura, y después un centro clandestino, por ahí pasaron varios detenidos y algunos sobreviviente pudieron reconocerlo, fundamentalmente por dos o tres cosas muy puntuales, una es una escalera vieja de madera que hacia ruido, y el jardín está emplazado en una rotonda que es una avenida de piedra, por lo tanto cuando los autos pasaban, ase trajinar también se reconoció y pudieron hacer la señalización con los pilares de memoria, verdad y justicia y otra señalética que le va a dar un marco especial al espacio y empezar habitarlo para que los vecinos y las escuelas puedan llegar y reconstruir ese espacio que habitó el terror. Como casi en todas las ciudades de Argentina el terrorismo de Estado dejó sembrados centros clandestinos, victimas y tantas heridas abiertas, así que para nosotros fue un acontecimiento histórico digno de destacar.

-Sí, tiene un doble valor, por un lado nosotros recibimos el aval del gobierno municipal y de la Provincia de Buenos Aires a través de la Subsecretaría de Derechos Humanos, pero en un contexto de negacionismo adquiere un valor que da fuerza para seguir enfrentando todos los vientos de olvido y muchas veces no solamente de negación sino ya de justificación de la barbarie.

Ex Estacion de Ferrocarril Provincial, Azul

-Hubo que luchar mucho porque en Azul durante más de 20 años “por algo será” y “algo habrán hecho” fueron dos frases que calaron hondo en la sociedad y además porque el gobierno militar utilizó a la sociedad civil como parte de su andamiaje de complicidad, la mayoría de los gabinetes municipales de la dictadura fueron transformados en colaboradores civiles, por eso hay en nuestras ciudades del interior, de la provincia de Buenos Aires y del centro bonaerense grandes poderes agrícola ganaderos, acá están las tierras robadas a los pueblos originarios, dos cuarteles militares, la diócesis de la Iglesia Católica, la cárcel, fuerzas de la Policía Federal y la Bonaerense, hay todo un armando represor muy instalado que hace que la ciudad sea de alguna manera netamente conservadora. Siempre subrayo que acá nacieron Astiz y Etchecolatz, como emblemas del terror, y a lo largo de que pasaron gobiernos populares, del peronismo, el radicalismo y también del PRO, no se pudo lograr esa apertura pero finalmente esa insistencia de tantos años, casi 45, logró que haya esa decisión política para la reapertura, por lo menos de la parte de arriba que es donde se realizaban las torturas y las cuestiones más terribles, y la parte de abajo sigue siendo un jardín maternal municipal pero nosotros ya empezamos a pedir que sea todo un lugar para la memoria. En ese contexto obviamente están los imprescindibles de siempre, los luchadores a pesar del silencio y la complicidad que son dos términos que definen una sociedad en una época bastante difícil.

-Representa un triunfo. Una pequeña batalla ganada. Hay algunos autores comunitarios que dicen que cuando hablamos de los desaparecidos, son los molestos aparecidos, porque es como volver a hablar de una historia que muchas veces la comunidad quiere dejar atrás. Yo siempre tomo esas palabras de Adolfo Pérez Esquivel que dicen que mirar el pasado no es para quedarnos en él sino para iluminar el presente y poder construir una sociedad más justa. Ese es el camino en un marco de una sociedad no solamente conservadora sino que tiene marcas muy fuertes como el ataque al cuartel antes del golpe, que dejó una cuestión muy instalada en la sociedad en cuanto a la violencia previa al golpe, y entonces eso hace que también justifique el silencio.

Las particularidades que tienen las ciudades del interior es que nosotros los vecinos nos cruzamos con los represores y los torturadores en las plazas en las que hamacan a sus nietos. Estas son las cercanías con las cuales transitamos. A veces eso con el Poder Judicial y el poder mediático se hace muy difícil de sostener, pero de a poco se van abriendo esas posibilidades.

Muchas veces se agregan generaciones nuevas que también sienten ese compromiso para que el “nunca más” no solamente sean dos palabras sino que sea una consigna  habitada de tiempo, espacio y hachos concretos.

-Azul fue parte de la Subzona 12 de la represión, de la zona centro de la provincia que abarcaba muchos de los partidos como Azul, Olavarría, Tandil, Las Flores, Saladillo, que es un poco lo que después se analizó en la megacausa La Huerta, que era uno de los centros clandestinos, y al ser la Universidad del Centro, el epicentro de todo ese juicio, quedó instalado como el juicio de La Huerta pero en realidad abarcó a muchos de los partidos, y pude reconstruir a lo largo de más de tres años las audiencias que se fueron dando en el tribunal oral de Mar del Plata, que se fue trasladando a distintas ciudades y que también se transmitió en la facultades de la UNICEN en las otras ciudades, como Derecho en Azul, Sociales en Olavarría. Yo iba todas las semanas a tomar con un papel y una lapicera los testimonios y eso me permitió reconstruir esa represión clandestina, los desaparecidos, las heridas abiertas, los familiares, lo que pasaba cuando iban a buscar a sus seres queridos y ellos tenían 4 o 5 años y hoy frente a un tribunal teniendo 40 y pico de años contaban lo mismo, con el mismo llanto como si hubiera sido ayer. Toda esa reconstrucción me permitió armar un libro que se llama Desde las sobras del tiempo que de alguna forma intenta ser un canal de dialogo con nuevas generaciones para que en base a ese juicio se pueda reconstruir no solamente la historia de las víctimas sino quiénes fueron los ejecutores, los responsables, cómo se hizo el organigrama de la represión a nivel de jefatura zonal, y eso me parece valioso que pueda quedar en un libro y en una biblioteca porque de alguna manera nosotros tenemos que ir dejando esas huellas.

El libro es un poco la continuidad de libros anteriores que hice de investigación para Azul y para la zona, porque además sufrí las cárceles de la dictadura, fui detenido durante más de siete años, por lo tanto es una temática que me atraviesa personalmente y como soy docente soy un convencido de que es un aporte más a esa construcción de la pedagogía de la memoria.

-Sí, uno de los objetivos era ese, cómo habitamos esas dos palabras que fueron un consenso democrático logrado a la salida de la dictadura con los juicios a las juntas, que después se fue desdibujando con los indultos, Obediencia Debida y Punto Final, esas leyes nefastas que tuvimos que transitar con gobiernos democráticos. Entonces me parece necesario que el libro aporte a ese “nunca más” y sobre todo porque en nuestras zonas del interior cuesta bastante, es difícil poder armar materiales de ese tipo a pesar de que hay, audiovisuales, libros, pero a veces no es suficiente en un contexto negacionista y en el interior donde a veces la gente prefiere dejar de lado esas cuestiones.

El libro es la reconstrucción del último de los juicios, porque ha habido otros anteriores en Olavarría, en Tandil, y este es un poco el megajuicio que cierra otras características como por ejemplo que pasó la noche del 24 de marzo en toda la zona, que pasó después con los desaparecidos, y además el libro intenta reconstruir no solamente eso sino qué pasa con nuestros nietos robados, nosotros todavía tenemos en Azul cuatro nietos que no tienen su identidad, aparecieron dos con la lucha de Abuelas, nos faltan señalizar algunos centros clandestinos, hay toda una tarea por delante, y el libro tiene el prologo de Adolfo Pérez Esquivel que de alguna manera funciona como un impulso para que la memoria de los pueblos siga siendo parte de esa reconstrucción.

-Yo destacaría primero la cercanía que tuvo la represión dentro de las ciudades, el que te venía a buscar quizás era el policía que te encontrabas en la cancha de fútbol, o el militar que participaba en alguna comisión de cultura o de la mejora del parque, mas allá de que por supuesto otra de las características era la represión clandestina, como se hizo en el resto del país, era la patota que llegaba a la noche, que avasallaban no solamente personas sino bienes, que robaban a los hijos de vecinos, por algo tenemos nietos que estamos buscando.

Otra de las características es la complicidad con el poder, fundamentalmente a través de la presa, que fue uno de los pilares de sostenimiento de la dictadura, incluso con cuestiones de tragedia, porque por ejemplo hay una radio AM que su directivo apoyaba la dictadura y sin embargo tenía una hija desaparecida, esas cuestiones que se fueron dando y sostuvieron a la dictadura se dieron también por ejemplo con la sociedad civil haciendo concursos sobre el ejército, entregando estatuillas con la figura del general Roca, todo una estructura civil que sostenía profundamente lo que iba pasando desde una normalidad mientras que por la noche sucedían las aberraciones más terribles que puede tener una sociedad.

Hay que decir que antes del golpe hubo detenidos políticos, exiliados. Reconstruir todo eso también llevó mucho tiempo y generó muchas dificultades porque en las ciudades en las que todos o casi todos nos conocemos esa cercanía permite dudar que lo que pasó o lo que se cuenta sea realmente lo que sucedió.

No es fácil, a veces tenemos esa sensación de que la dictadura paso en las grandes ciudades y los centros clandestinos son la ESMA o La Perla, y sin embargo a la vuelta de la esquina nosotros tenemos los mismos dramas.

-Al principio fueron los que se hicieron en la ciudad de Olavarría, que se denominaron Monte Peloni 1 y 2, el nombre del centro clandestino, que hoy también está recuperado. Después hubo un juicio muy importante por el abogado Carlos Moreno, un laboralista que defendió a los obreros de la cementera Loma Negra y otras de la ciudad, cuando la dictadura acusaba de subversivo a cualquier reclamo laboral, y que es el padre del actual Subsecretario de Derechos Humanos bonaerense y que también impacto mucho porque Moreno logró fugare del centro clandestino y fue recapturado y después asesinado, y La Huerta sería el cuarto juicio que de alguna manera empieza a cerrar muchas de las causas que se siguen tramitando todavía en la zona y que en algún momento desembocarán en otro juicio. Son causas que transitan en los juzgados de primeras instancias, a veces en forma silenciosa. Cada uno de esos juicios tuvo la particularidad de sacar a la superficie lo que pasó, y cada una de las investigaciones tiene su importancia.

Yo tengo otros libros que desde CTA-A Ediciones han aportado también, por ejemplo La noche Azul, que es una crónica de complicidad civil y silencio que me prologó Osvaldo Bayer, que narra lo que fue la complicidad con la dictadura porque ninguna dictadura se sostiene sola, ese es también el mensaje, porque a pesar de la fuerza tarde o temprano se empiezan a desgastar y cuando la sociedad civil apoya a la dictadura cuesta mucho mas.    

-Yo lo que hago con los libros los milito como parte de mi actividad de memoria, entonces los acompaño, en algunas localidades yo soy el que propone presentaciones, en otras me llaman, a pesar de los pocos meses de publicación este libro ha recorrido muchas de las ciudades porque la idea es que pueda recorrer todas las que tuvieron víctimas, donde hice la investigación, como una manera de volver con el producto terminado para seguir construyendo esas redes.

Acabo de venir de Cacharí que es en el partido de Azul.

Ahora el 22 de septiembre voy a una escuela de Las Flores auspiciado por el Espacio de Memoria, y en octubre voy a dos facultades de la Universidad Nacional de Mar del Plata. El 30 de octubre a Caruhé, de donde es uno de los desaparecidos que está en el libro, Carlos Alaye, hijo de Adelina Alaye, una de las Madres muy reconocida de La Plata, me invitaron para presentar libro.

Ya estuvimos en La Plata con la CTA-A, seguiremos hasta fin de año y en 2027 quedará Mansión Seré en Morón, CABA y algunas otras…

Y en cada uno de los lugares los concejos deliberantes lo declaran de Interés Legislativo, Educativo, porque también es una semilla para esas comunidades.

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