20 años de juicios de lesa humanidad: “Son el efecto no querido de quienes desaparecieron a López”

El exjuez Carlos Rozanski rememora el primer debate y la condena a Etchecolatz tras la reapertura en 2006. Además, advierte sobre la disminución de los procesos y el aumento de las domiciliarias: “Son reflejo de los cuatro años de Macri y los tres de Milei”.
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Publicado 17/09/2026

Por Leo Vázquez | El 20 de junio de 2006, tras largas dos décadas de impunidad, comenzó el juicio oral contra el comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz, el sanguinario torturador del “Circuito Camps”, reinaugurando así la posibilidad de sentar ante los tribunales a los genocidas y criminales de la dictadura. El imputado finalmente fue condenado a perpetua el 18 de septiembre.

Se trató de un juicio emblemático, por múltiples y diversos motivos.  El primero, el obvio, porque dejó atrás las leyes de Obediencia Debida y Punto Final que habían sido derogadas en 2003 a partir de una iniciativa del presidente Néstor Kirchner. Además instaló la posibilidad de que la calificación de “genocidio” sobre lo sucedido en Argentina entre 1976 y 1983 no fuera solo una denuncia política de carácter ideológico, sino una categorización jurídica. Por otro lado, aquel proceso también se vio atravesado por la tragedia infinita de la desaparición de Jorge Julio López.  

Carlos Rozanski fue el presidente de aquel Tribunal Oral Federal de La Plata. A fuerza de condenas y fallos fundamentales, el ex magistrado se estableció como un actor de peso histórico en el proceso de Memoria, Verdad y Justicia de nuestro país.

En esta charla con Canal Abierto a 20 años de la reapertura, describe las estrategias diseñadas sobre la marcha para contrarrestar el efecto negativo que podría haber generado el segundo secuestro del testigo, destaca el rol determinante de las querellas y alerta sobre la situación actual de las causas por crímenes de lesa humanidad cometidos durante el terrorismo de Estado.  

“Al igual que durante el gobierno de Macri hay una banda criminal que está gobernando”, observa.

-En primer lugar me parece mentira que hayan pasado 20 años. Pero si nos retrotraemos a ese momento, significó una bisagra sin dudas, en lo personal para mí por lo que me tocó vivir y para toda la sociedad en general porque era el primer juicio que se llevaba adelante después de muchos años de impunidad. Y en segundo lugar porque significaba claramente un desafío para todo el sistema. No nos olvidemos que todo lo que se aprende en la disciplina jurídica en la facultad de Derecho prevé muchas cosas pero no esto que sucedió. Primero no está previsto hacer un juicio 20, 25 años después, y luego lo que pasó, que fue la tragedia en ese primer juicio, la desaparición de un testigo.

-Sí, nosotros lo habíamos condenado dos años antes por apropiación de bebés, porque en 2004 todavía estaban vigentes Obediencia Debida y Punto Final pero había delitos que habían quedado afuera, y ahí fueron juzgados y condenados Etchecolatz y Jorge Antonio Bergés, el Mengele argentino. 

-Ese fue el efecto no querido de quienes desaparecieron a López, y es un tema de muchísima complejidad, porque cuando pasa eso ya no era solo el desafío de hacer juicios 20 años después sino de cómo seguir con esos juicios, cómo continuar cuando desapareció un testigo que era algo completamente inesperado y qué mecanismos debés poner en marcha para los próximos juicios, en este caso el siguiente era el del sacerdote Christian Von Wernich.

Una vez terminado el juicio de Etchecolatz, que fue precisamente en los alegatos donde desaparece Julio López y donde se acompaña con amenazas en la misma fecha al tribunal y a los fiscales, eso significó un segundo desafío. En mi caso personal me motivó a analizar cómo seguir en los próximos juicios, cómo hacer para que aquellas víctimas sobrevivientes, testigos que tenían que venir a declarar pudieran hacerlo, porque imaginate lo que significa ser testigo y ser citado a declarar después que el testigo anterior fue desaparecido, era algo impensable.

Yo firmé un convenio con dos organismos, uno era de la Provincia de Buenos Aires, la oficina de Atención a la Víctima, y el otro era el CODESEDH, el Comité para la Defensa de los Derechos Humanos que dirige Norberto Liwski, médico, víctima histórica y torturado, y ese aporte fue absolutamente decisivo en los juicios que siguieron, no solo en La Plata sino en el resto del país, porque esos mecanismos consistieron en que se modificaba el criterio de citación de testigos, es decir, hasta ese momento de la desaparición de López, como marca el Código de Procedimiento, se citaba al testigo a una sala contigua a la sala de audiencias, se lo mantenía incomunicado del resto de los testigos. Todo el procedimiento, como todo el código y los códigos, estaba pensado para momentos distintos de la historia, y nosotros nos encontrábamos con que había desaparecido un testigo, con lo cual ya todos los conceptos de los códigos dejan de tener sentido. Ahí es donde tomamos la decisión de modificar eso y a partir de ese momento los testigos en vez de ser citados a la sala de audiencias eran citados directamente al edificio de mi despacho, a siete u ocho cuadras de la sala, e ingresaban a mi propio despacho y yo les preparaba un té o un café, y había dos psicólogas o psicólogos de los dos organismos con los que, previo a la audiencia, conversábamos de cualquier tema, obviamente no del juicio, pero como mecanismo para que sintiera algo distinto a lo tradicional, al testigo que está encerrado en una habitación incomunicado que es claramente un absurdo no solo en casos de lesa humanidad sino de cualquier testigo víctima y testigo en general que tiene que ser teóricamente bien tratado en un contexto donde el sistema lo maltrata.

Esa fue la modificación que hicimos y realmente funcionó superando la expectativa.

-Fue trascendental, que se incorpore en un sistema procesal la querella es absolutamente imprescindible desde mi punto de vista, porque si bien están cumpliendo un rol en muchos aspectos parecido al del fiscal, por momentos los superan porque tiene que ver con ese interés que trasciende al fiscal, que es el de la propia víctima que ha padecido, ya sea la desaparición de un ser querido o propia, o como torturada y violentada en aquella época. A mí me parece que es algo que suma geométricamente y en este caso de los juicios se comprobó que han hecho un aporte invalorable que está traducido en la sentencia. Las querellas eran Guadalupe Godoy, Myriam Bregman y Alejo Ramos Padilla, fijate lo que pasó con esa gente en los años siguientes, maravillosa actuación…

-Ese planteo inicial significó un desafío por cuestiones muy profundas desde el punto de vista jurídico, porque lo que estaban pidiendo no estaba en la acusación, no se puede condenar a una persona por algo que no está en su acusación, es un principio elemental del derecho penal, pero al mismo tiempo lo que planteaban tenía toda la razón del mundo porque claramente lo que había sucedido en Argentina había sido un genocidio, entonces el desafío era cómo se hace para llamar por su nombre a lo que corresponde, siendo que el propio sistema no te lo está permitiendo en la acusación fiscal, y ahí lo que hicimos con los dos colegas fue conversarlo, no muy largamente porque estuvimos los tres de acuerdo en que en Argentina había habido un genocidio, lo que había que encontrar era la manera de expresarlo sin que afecte la validez de la sentencia, esto es algo que no se conversó mucho en notas periodísticas pero me parece fundamental porque el camino que nosotros encontramos en ese primer juicio fue poner lo que sí sucedió, que es un genocidio, pero no ponerlo como parte de la acusación, que no había estado integrada con esa figura, sino “en el marco del genocidio”, con lo cual, conceptualmente se ubicaba de manera inequívoca en un fenómeno insuperable de tragedia pero sin poner en riesgo la sentencia, y así se escribió y fue confirmado en todas las instancias incluida la Corte Suprema.

-Fue una figura emblemática, si bien formó parte de todo un proceso, no todos actuaron de la misma manera. En el caso de él lo que se comprobó en los juicios es su nivel particular de crueldad en los actos, que si bien son comunes a todos los protagonistas del genocidio, no son iguales las actitudes. La personalidad de él era muy particular, primero porque no cualquier persona puede torturar, eso en la historia del mundo es así, y este era un personaje que no solo tenía un nivel de crueldad ilimitado sino que además era torturador de mano propia, caso Jorge Julio López por ejemplo. Yo no recuerdo bien, pero me parece que lo juzgué tres o cuatro veces, y lo condenamos las tres o cuatro veces, pero él sobresalió en ese sentido y por esa razón es que se le negó reiteradamente la prisión domiciliaria por un concepto que yo había puesto en el voto, que es una mención bastante osada pero había que hacerla, yo puse que es una persona que “debe pasar el resto de lo que le queda de vida en prisión”.

-El tema es que el horror no te impida llevarlo adelante y que no te frene a la hora de poner las palabras que corresponden. Eso fue muy difícil para todos los que tuvimos la responsabilidad de actuar, sobre todo por el efecto que el horror tiene en la persona que tiene la responsabilidad de llevar adelante un juicio, algún día también habrá que hablar de eso, de qué le pasa al que tiene que enfrentar una situación como juzgar hechos de esa envergadura y qué hace el sistema para contener y proteger a esas personas. Es muy complejo, pero además hoy tenemos problemas más urgentes en el país.

-En este momento descendió muchísimo, hay dos indicadores importantes, el primero es la disminución de la frecuencia de los juicios, y el segundo es la cantidad de prisiones domiciliarias, son dos indicadores importantes que para mí son el reflejo de dos eventos fundamentales en el país: uno son los cuatro años de gobierno de Mauricio Macri y el otro son los tres años que llevamos de gobierno de Javier Milei.

Y mucho más acelerado en la época actual donde al igual que durante el gobierno de Macri hay una banda criminal que está gobernando, es como si fuera aquel gobierno pero con un mayor impulso en el nivel de rapidez y crueldad con el que se toman las medidas, y eso no incide solo en el hambre, la enfermedad, la falta de remedios, sino que además impacta en el Poder Judicial y eso explica porqué se disminuye o se ralentizan los juicios y aumentan las domiciliarias. Tiene que ver claramente con lo ideológico.

-Sí, la primera vez que yo lo analizo Milei era diputado, él ya estaba mostrando una veta absolutamente cruel que se tradujo en su voto en contra de ayudar a los niños y bebés con cardiopatías congénitas, eso no lo hace cualquier legislador, a mi me llamó la atención e incluso llegue a denunciarlo por ese tema, y le hicieron una nota periodística y le preguntaron por qué votó eso, imaginate votar en contra de salvar la vida de bebés y niños, y su respuesta fue porque era un gasto para el Estado. A mi me sacudió ese concepto, lo investigué y llegué a que históricamente el punto más vinculado era en 1939 cuando Hitler en pleno apogeo genera un plan de exterminio de personas con enfermedades y discapacidades, se llamó Aktion T4, de ahí es que comienzo a investigar y llegó a la conclusión de que tienen una cantidad enorme de similitudes que son interesantes para tener en cuenta y dejar de pensar que nazi es solo el que lleva un uniforme negro o arma una cámara de gas. Hay mucho más detrás de eso y tiene que ver con el concepto de crueldad, por eso Javier Milei públicamente está orgulloso de ser cruel.

-En la historia de mundo la adquisición de garantías y de protección a los derechos elementales nunca fue lineal hacia arriba, sino que siempre sube y baja, porque cuando se avanza en materia de reconocimiento siempre hay una reacción. La palabra “reaccionario” viene de allí, es la reacción negativa ante un avance positivo. Los avances en memoria, verdad y justicia que se produjeron en aquellos años, a mi entender a partir de 2003 porque recordemos que lo del 83 se frustró con dos actos absolutamente incalificables que fueron Obediencia Debida y Punto Final y los indultos, ese fue el punto de inflexión hacia abajo, y luego en 2003 vuelve a subir a partir de las decisiones políticas que se tomaron y que permitieron hacer ese juicio.

Hoy estamos en un punto muy bajo, primero porque el país está gobernado por un fenómeno criminal muy complejo encabezado por Javier Milei, y eso tiene una repercusión inmediata en todo lo que significa derechos humanos y en el proceso de memoria, verdad y justicia.

Pero la parte llena del vaso es que aquello que se conquistó a partir de esos años todavía continúa, continúan haciéndose los juicios, con las críticas que correspondan pero con jueces que están haciendo valientemente esos juicios y eso va a continuar.

Yo veo que cuando toquemos fondo esto va a resurgir como ha sucedido históricamente, lo único que yo dejo planteado es que en el momento en que eso suceda, se tome conciencia y se analicen estos años y se tomen medidas completas, interdisciplinarias desde una óptica en perspectiva que permitan que cuando decimos “nunca más”, se concrete verdaderamente, para que nunca más personajes no ya como los del genocidio del 76 sino también como Javier Milei puedan volver a dirigir los destinos del país.

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