Redación Canal Abierto | El sábado 3 de octubre a las 21 horas, el Club Artístico Libertad vuelve al CAFF (Sánchez de Bustamante 772, CABA) para presentar Instrucciones para derribar un satélite, un concierto que combina canciones nuevas, repertorio histórico y una puesta audiovisual propia. Las entradas se consiguen en efectivo en boletería o anticipadas por PlanOut.
Detrás de ese nombre hay un colectivo musical de veinte artistas (músicos, técnicos y artistas visuales) que desde hace más de quince años trabaja con el cancionero republicano de la Guerra Civil Española y la resistencia al franquismo. Lo hace a partir de la investigación de archivos históricos musicales y audiovisuales, y con un formato que combina música en vivo con proyección de imágenes. El resultado es un espectáculo que, cada vez que se presenta, convoca a un público fiel y fervoroso.
La historia del grupo se remonta a 2009. Según cuenta Demian Casaubon a Canal Abierto, la idea surgió de una anécdota personal. La figura que impulsa el proyecto es su abuela, que era anarquista y les cantaba esas canciones. “Un día se me ocurrió revisar ese repertorio, algo muy familiar. A partir de eso empecé a ver que esas canciones se podían versionar de distintas maneras”. En ese momento también estaba surgiendo el Club Artístico Libertad como organización, con un modo de producción ligado a la libertad. “Se compaginaron esas dos cuestiones: una curiosidad familiar, una evocación, con una forma que estábamos tratando de encontrar para juntarnos con un grupo de personas, artistas, músicos”, explica Casaubon.
El Club fue fundado en 2009 y trabaja de manera cooperativa y libre, reivindicando el formato de club en el que cada uno de sus miembros participa de las actividades en la medida del deseo y de las posibilidades. “Nos llamamos club porque tratamos de recuperar el significante vinculado con cierta cuestión de encuentro y cierto tejer de lazos a nivel micro, de barrio, de afinidades muy concretas donde la gente se nuclea”, señala Casaubon. Y agrega: “Tenemos internamente una especie de lema que es ‘el que quiere cuando puede’. Es un proyecto que se parece a un club, donde uno hace la actividad que quiere y va cuando puede”.
Esa forma de organización, sostiene el músico, no está exenta de desafíos: “Una organización de este tipo tiende directamente al fracaso. Pero lo vamos sosteniendo, y lo sostenemos porque internamente se han dado, en 15 años, un montón de contradicciones, discusiones, idas y venidas, y todo eso forma parte de nuestra vida artística y de nuestra vida como colectivo”.
La agrupación tuvo un primer ciclo de actividad que se extendió por diez años, con presentaciones, grabaciones, intervenciones teatrales y videoclips, hasta diciembre de 2019. Tras esa pausa, en 2024 sus integrantes volvieron a reunirse y desde 2025 presentan el nuevo material, que incluye versiones del repertorio histórico y canciones propias, en un espacio de música y reflexión política que, según describen, trabaja sobre un pasado que parece presente y un presente que parece pasado.
El vínculo con el cancionero de la Guerra Civil Española es genuino y personal. Muchos de los miembros del club crecieron escuchando esas canciones en su vida cotidiana. Consultado por la convivencia de este rescate con sus composiciones propias Casaubon explica que “no hay intenciones de emular estéticamente el repertorio con el que trabajamos, sino que es algo muy genuino. Donde sí son concordantes ambos repertorios es en la sensibilidad, el sistema ideológico y los valores que están detrás de lo que decimos”.
Respecto al valor de este repertorio casi 100 años después, Casaubon reflexiona: “Si historizamos un poco estas canciones, si tomamos las que se cantaron entre el 36 y el 39, se siguieron cantando mucho más adelante. Hay como explosiones, o no sé si explosiones, pero sí continuidades en un discurso que, por ser no hegemónico, por ahí no ha tenido visibilidad”. Y agrega que “hay una voz continua que, como debajo de las baldosas, hace crecer una hierba que siempre se mantiene y, aunque se corte, aunque se intente callar, siempre vuelve a aparecer”.
Sobre la elaboración de ese repertorio, el músico recuerda una respuesta que le dio una mujer mayor, Rosita, a quien entrevistó durante la investigación que realizó para la elaboración del espectáculo: “Le hice una pregunta muy sin categorías conceptuales: ‘Rosita, ¿por qué tanta canción? ¿Tanto cantar?’. Y la respuesta que me dio me pareció de lo más sensata, intuitiva y espectacular: ‘Pues a los españoles nos gusta cantar. Eso es todo’”. Además, destaca el trabajo que implica reponer esas canciones: “Al ser una transmisión oral, popular y de trinchera, tenés un montón de fuentes y de versiones sobre las cuales tenés que tomar decisiones de todo tipo: estéticas, poéticas, incluso ideológicas o políticas”.
En un contexto donde la palabra “libertad” aparece repetida y disputada desde sentidos muy diferentes, el Club propone volver a nombrarla, recuperarla y reivindicarla como construcción colectiva, derecho, memoria y posibilidad de encontrarse y reconocerse con otros. “Hay que disputar el sentido de las palabras. Hay que disputar el sentido de las metáforas que se instalan para cualificar lo real, para nutrir, contar y narrar nuestras vidas”, afirma Casaubon. Y subraya: “‘Libertad’ es claramente ahora una palabra que es un campo de batalla, un terreno de disputa, y nosotros lo explicitamos desde nuestra propia práctica”.
Esa disputa aparece también en las canciones propias. Así es que en Tu ley no es mi ley, la canción que abre su último EP, Instrucciones para derribar un satélite, se escucha “No te atrevas a ensuciar / la palabra libertad / colectiva siempre fue / no individual como querés”, así como también en el repertorio histórico: “Cuando cantás ‘el bien más preciado es la libertad, hay que defenderla con fe y valor’ en el Himno a las barricadas, que es un himno del siglo XIX traducido en 1933, aparece algo de la palabra libertad siendo usada en otros términos, para significar otras luchas, otras reivindicaciones”, cuenta Casabuon.
Más allá de lo simbólico, el cantante reivindica el encuentro como potencia y sostiene que “cuando estamos juntos, cuando sucede ese hecho, hay algo que potencia la vida. Genera un encuentro que potencia las ganas, la rebeldía, las ganas de seguir luchando, la forma de cantar y de vincularse y abrazarse desde categorías totalmente distintas a la propuesta de estas nuevas derechas, de este fascismo en el que estamos firmes hoy por hoy a nivel global”.
A lo largo de su trayectoria, el Club se presentó en espacios como el Auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional —donde debutó en 2009—, el Centro Cultural Caras y Caretas, el Centro Cultural de la Cooperación, el Cabildo de la Ciudad de Buenos Aires, el Teatro Payró, la Legislatura porteña, la Fundación Mercedes Sosa y el CAFF, entre otros. En 2016 editó su primer álbum, Rojo y negro, con once canciones del proyecto, presentado a sala llena en el CAFF. En 2019 llegó el EP El rayo que no cesa, con cinco canciones, dos de ellas propias. Y en 2025 estrenaron Instrucciones para derribar un satélite, con cinco composiciones originales.
El grupo también participó de celebraciones, actos conmemorativos y homenajes vinculados a la Guerra Civil Española: fue convocado durante dos años consecutivos para los festejos del aniversario de la Segunda República de la Federación de Asociaciones Gallegas en el Teatro Bambalinas; se presentó en 2015 en el Cabildo porteño en la primera conmemoración del Día Nacional del Exiliado Español en la Argentina; y participó en 2016 de “La Esfinge Republicana”, ciclo organizado por el teatro Hasta Trilce por los 80 años de la Guerra Civil. Este año participó de las conmemoraciones por el aniversario de la Segunda República en abril y por los 90 años de la Guerra Civil, ambas en el Centro Cultural Betanzos de Buenos Aires.
Su música también trascendió el escenario: formó parte de la banda de sonido del documental Una flor para España. La solidaridad de los niños argentinos con la II República Española durante la Guerra Civil (2011), editado por la agrupación Margen y presentado en la Biblioteca Nacional, y del capítulo 1 de la serie Ni dios ni amo. Historia del anarquismo en la Argentina (Lupa TV). Además, el colectivo realizó la música original para el corto Las voces del cuerpo de Francisco Correndo (2010) y la musicalización en vivo de la obra La tragedia de la familia Rampante, del grupo El Escuadrón Volante, en el Centro Cultural IMPA (2008-2009). En 2024, Leandro Tolchinsky dirigió el documental El Fantasma de la Familia Rampante, con música original del Club Artístico Libertad.
Foto: Germán Romeo Pena

