¿Cuáles son los valores de los argentinos?

El último trabajo del Observatorio Pulsar de la UBA, que continúa uno anterior, plantea que la falta de identidad político-partidaria convive con un fuerte arraigo de ciertos valores morales y sociales. Te contamos cuáles.
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Redacción Canal Abierto | La crisis de representación en Argentina ha dejado de ser una simple anomalía electoral para consolidarse como una realidad estructural. La primera parte del estudio de Creencias Sociales 2026 elaborado por el Observatorio Pulsar de la UBA dio cuenta del avance del “ningunismo”, ese creciente sector de la sociedad civil que no encuentra amparo en ninguna bandera ni candidato. En la esta segunda entrega, titulada Creencias sin partidos: Estado, mercado y derechos en la sociedad argentina se adentra en el subsuelo de esa orfandad.

La conclusión central es que el desapego por las estructuras partidarias tradicionales no se traduce en un vacío ideológico, sino en una reorganización profunda donde el debate sobre el rol del Estado vuelve a quedar abierto. El informe está realizado en base a un relevamiento nacional de 1.252 casos efectuado entre mayo y junio de 2026 y muestra que tras un período marcado por un fuerte viraje de las preferencias colectivas hacia lógicas de mercado y desregulación, los datos actuales muestran retorno transversal de la demanda de intervención pública.

El dato que funciona como un quiebre en la serie histórica se encuentra en la concepción del país ideal. Ante la disyuntiva, el 57% de los argentinos manifiesta que le gustaría vivir en un país donde el Estado asume un rol activo para reducir las diferencias económicas entre las personas, frente a un 41% que se inclina por un modelo sin intervención donde la disparidad dependa puramente del esfuerzo individual. En sus consideraciones centrales, el trabajo destaca que “después de varios años de preferencias económicas volcadas hacia lo privado, aparecen señales de que la discusión Estado vs. mercado vuelve a abrirse”.

Este reposicionamiento no es un hecho aislado, sino una tendencia que se replica en múltiples dimensiones del eje económico, como la creación de empleo. En el año 2023, la primacía de las firmas privadas era aplastante, con un 60% de respaldo frente a un 33% que prefería la centralidad de las empresas públicas. Tres años más tarde, la brecha se redujo drásticamente a un escenario polarizado de 50% contra 46%.

Al mismo tiempo, el diferencial de confianza entre el ecosistema empresarial privado y el público se acortó al mínimo histórico, ubicándose en un ajustado 50% a 45% respectivamente. Esta paridad también se traslada al plano de las aspiraciones laborales de los ciudadanos, donde ante idénticas condiciones de remuneración y estabilidad, la sociedad argentina asiste hoy a un virtual empate técnico en el cual el 50% elegiría un empleo público y el 47% optaría por el sector privado.

Los investigadores de Pulsar remarcan que “en distintas dimensiones de la vida económica la presencia del Estado recupera terreno”. Este conjunto de variables demuestra que el privatismo, polo dominante de los últimos ciclos políticos, ha perdido terreno. No obstante, los analistas de la UBA advierten que esto no representa un regreso lineal a un estatismo ortodoxo de bloques compactos, sino una reapertura de la discusión sobre el equilibrio de fuerzas entre lo público y lo privado, planteando la duda sobre si estamos ante “un cambio transitorio o el comienzo de una nueva tendencia”.

Si la economía funciona como el gran ordenador y clasificador de las identidades partidarias tradicionales —marcando una distancia insalvable de 55 puntos entre el peronismo y Juntos por el Cambio, el eje de los derechos civiles introduce un cortocircuito absoluto en las clasificaciones tradicionales. En esta dimensión, la escala tradicional de izquierda y derecha deja de ser predictiva. Mientras que autoubicarse en los extremos ideológicos es útil para anticipar qué se opina sobre los impuestos o los subsidios, nos dice muy poco sobre lo que se piensa en torno a la esfera privada. El mapa se desordena a tal punto que el segmento de la sociedad que se define de centro emerge como el más tradicional y conservador, mientras que la centroizquierda se consolida como el polo más liberal. Asimismo, la distancia máxima entre los electorados de los diferentes partidos políticos se reduce a solo 37 puntos en esta agenda, mostrando una tendencia generalizada al amontonamiento en la zona moderada y liberal de la tabla. El estudio concluye explícitamente que “las libertades atraviesan las identidades” y que, a diferencia de lo que ocurre con la economía, las posiciones sobre derechos no siguen una progresión clara ni reproducen de manera lineal las diferencias partidarias.

La agenda de derechos civiles no avanza como un bloque uniforme, sino a través de legitimaciones fragmentadas que exponen diferentes grados de aceptación social. Por un lado, la eutanasia y la adopción homoparental sostienen un 69% de apoyo, consolidando mayorías sociales históricas y sumamente transversales, al igual que la subrogación de vientres que alcanza el 59%. Por el otro, el debate en torno al aborto continúa dividiendo tajantemente a la población, registrando un virtual empate con un 47% a favor de garantizar el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo y un 50% en contra. Ciertos debates públicos encuentran límites rígidos en la idiosincrasia local, como la legalización del consumo de marihuana que cuenta con un rechazo mayoritario del 64%, en tanto que el apoyo a la regulación del trabajo sexual sufrió un marcado declive, cayendo del 48% en 2025 al 34% en la medición actual. El informe detalla con crudeza que “la legalización de la marihuana y del trabajo sexual encuentra mayores resistencias” en esta etapa de la cultura política local.

Lejos del mito de una sociedad polarizada en dos mitades irreconciliables, la técnica de agrupación proyectiva del Observatorio Pulsar revela una fragmentación en cuatro grandes perfiles ideológicos casi simétricos, producto de cruzar las visiones económicas con las morales. El segmento mayoritario es el Privatista Liberal con un 29%, caracterizado por su defensa de la autonomía de mercado en combinación con una agenda amplia de libertades civiles. Lo siguen el Estatista Tradicional con un 24%, que propugna una fuerte intervención del Estado en el tejido socioeconómico pero asume posturas conservadoras en temas morales, y el Estatista Liberal con otro 24%, integrado por aquellos que conciben al Estado tanto como un motor de redistribución de la riqueza como un garante de la ampliación de los derechos civiles. El cuadro lo completa el Privatista Tradicional con un 20%, quienes abogan por un Estado mínimo en lo económico pero defienden la conservación de las estructuras morales tradicionales. En conjunto, el documento aclara que “los perfiles liberales siguen siendo mayoría (54%), aunque reducen su ventaja respecto de 2025”.

El análisis de datos demuestra que aquellos ciudadanos desvinculados de las identidades partidarias, identificados anteriormente bajo el ala del “ningunismo”, se ubican en el centro exacto del eje económico y apenas inclinados hacia posturas liberales en el eje social. No son apáticos, sino el reflejo de una sociedad que rechaza los dogmas cerrados y prefiere la flexibilidad. El informe advierte que “el crecimiento del ningunismo convive así con creencias económicas y sociales que siguen organizando diferencias”.

Ilusustración: Marcelo Spotti

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