“Putamadre”, cuando el amor y el dolor se transforman en arte

La periodista y actriz Carolina Fernández lleva al teatro su propia historia atravesada por el vínculo con su hijo detenido, que también participa en la obra. “Las maternidades rotas y los pibes presos siempre han sido escondidos. Es un desafío a la moralidad”, dice.
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Foto: Sebastián Freire / Prensa "Putamadre"
Foto: Sebastián Freire / Prensa "Putamadre"

Publicado 21/10/2026

Por Inés Hayes | El universo creativo de la actriz, periodista y escritora Carolina Fernández cobra una nueva dimensión con su obra teatral Putamadre, un proyecto gestado junto a su socio y productor Claudio Plano, dirigido por Felicitas Kamien con dramaturgia de Teresa Donato y protagonizada por la propia Fernández y su hijo Santiago desde el penal donde está detenido hace cinco años.

La obra, que se puede ver los viernes a las 21,30 en Dumont 4040 (Santos Dumont 4040, Chacarita, CABA), logra conmover desde el minuto cero hasta el final. La novela homónima editada por Sudestada sentó las bases de un propósito vital que hoy se materializa en una experiencia escénica única: “Cuando salió la novela muchas madres se comunicaron conmigo, pero también muchos pibes y se abrieron más preguntas y empezamos a ver más rotura en las maternidades, más dolor en las complejidades de maternar, más soledad, más incertidumbre… Pero cuando empecé a pensar la obra, algo se acomodó, se hizo más claro, sobre todo el sentido de mi vida, desde un lugar luminoso y mágico como es el arte”, explica Caro Fernández a Canal Abierto.

Foto: Sebastián Freire / Prensa «Putamadre»

Cuando Santiago era chiquito, Caro pensó que lo mejor era volver a su ciudad natal, Carmen de Patagones y olvidarse de su sueño de ser actriz por un tiempo. Creía que en su pueblo encontraría las redes para criar a su hijo en comunidad. Pero eso no pasó: desde la escuela la llamaban porque Santiago no se adaptaba y las redes deseadas no sólo no abrazaron, sino que expulsaron. “Convoqué a Tere Donato para que me acompañe en la dramaturgia; todo el tiempo sentía que estaba viendo la obra. Solo tenía un tema a resolver: nadie, ningún actor podía interpretar a mi hijo, hoy privado de su libertad. Cuando le propuse a Santi se terminó de armar la obra. El diálogo entre lo audiovisual rodado en el penal y lo escénico fue instantáneo, supongo que es como esta forma de relacionarnos y vivir con mi hijo. Es una maternidad sin bordes, atravesada por la necesidad de hacer magia para sobrevivir”.

“Una historia así -dice Caro- la contamos con honestidad y con la premisa de no bajar línea. Mostrar desde el arte el vínculo real de una madre y un hijo a los que la cosa no les salió como soñaron, se recibe con mucho amor, con sorpresa, con aplausos. Con algo de alivio, porque las maternidades rotas siempre han sido escondidas, los pibes presos también. Acá está todo sobre el escenario y la pantalla. Es, como dijo un amigo, un desafío sistemático a la moralidad. Es un exceso de amor y verdad”.

Para Caro Fernández, la dirección de Felicitas Kamien fue vital para Putamadre. “El proceso fue una de las experiencias más hermosas que viví. Y el cuidado, el respeto y la legitimidad a cada palabra de Santi es lo que hace que hoy estemos disfrutando de la obra. El equipo es puro amor y entrega. Hay algo que sucedió con las personas que lideran las áreas: Julia Freid es la escenógrafa y ella trabajó con los chicos del penal para hacer la escenografía. Santi mi hijo como director de obra. El herrero del penal es increíble y todos los pibes trabajaron súper profesionalmente. Daniel Ortega hizo un diseño de iluminación descomunal y se sumó al proyecto por amor a nuestra historia. Así fue pasando, fue como magia. Creo que el arte ayuda a vivir. A disfrutar. A mirar diferente. A poner adelante el proyecto y el propósito de vida. A abrazar las historias”.

Bajo la dirección de Felicitas Kamien, la obra encontró un cauce de absoluta sensibilidad y respeto. Uno de los mayores desafíos en la adaptación teatral era interpretar al hijo de la autora, actualmente privado de su libertad. La solución llegó de la mano del propio Santiago, quien asumió la dirección de la obra y propuso un innovador recurso: un diálogo constante y fluido entre el material audiovisual rodado directamente en el penal y la acción en vivo sobre el escenario, una representación descarnada y honesta de una maternidad sin bordes donde la magia y la supervivencia van de la mano y la firme premisa de no bajar línea, mostrando con total transparencia el vínculo real entre una madre y un hijo cuyas expectativas de vida tomaron rumbos inesperados.

Putamadre está siendo recibida con ovaciones, aplausos y un profundo alivio al visibilizar realidades históricamente silenciadas. Se consolida así como un desafío sistemático a la moralidad y demuestra cómo el arte ayuda a vivir, a mirar las realidades desde otra perspectiva y a poner en primer plano los verdaderos propósitos de la existencia.

Foto: Lina Etchesuri / Prensa «Putamadre»
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