León XIV frente a una Argentina desigual y un gobierno en retroceso

La llegada del Papa pondrá cara a cara valores antagónicos: los de la iglesia social, orientada a los más necesitados, y los de Javier Milei, ocupado en garantizar los privilegios de los sectores de poder. El legado de Francisco y cuatro días para recuperar la esperanza.
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Visita de Milei al Vaticano (2025)
Visita de Milei al Vaticano (2025)

Publicado 08/11/2026

Por Federico Chechele | La llegada del Papa León XIV a la Argentina despierta una expectativa que está a la altura de la dimensión de su investidura a nivel mundial. Se espera que millones de argentinos se movilicen para acompañar sus misas, le manifiesten su fe y le acerquen sus preocupaciones. Así sucede en cada rincón del mundo y así lo vivimos también durante las dos visitas que realizó Juan Pablo II a nuestro país, en 1982 y 1987.

Aquellas experiencias estuvieron atravesadas por escenarios y significados muy diferentes. En 1982, el Papa polaco de rostro amigable y pronunciamientos políticos más bien moderados llegó por primera vez a la Argentina durante el tramo final de la dictadura cívico-militar, en plena Guerra de Malvinas y poco antes de la rendición argentina. El país también atravesaba un momento de tensión por el conflicto del Canal de Beagle con Chile. En ese contexto, su visita estuvo marcada por un fuerte llamado a la paz. Sin embargo, también hubo lugar para romper el silencio impuesto por la dictadura: familiares de desaparecidos, sobrevivientes y militantes lograron desplegar una bandera frente al Sumo Pontífice para visibilizar los crímenes de lesa humanidad que se estaban cometiendo en el país.

Cinco años después, en 1987, encontró una democracia que comenzaba a recuperar aliento y que buscaba consolidarse frente a las amenazas que todavía la acechaban. Fue entonces una visita de carácter federal, con una gira por diez ciudades y una misa multitudinaria ante más de un millón de personas en la avenida 9 de Julio. En ese entonces, se pronunció contra el divorcio, tema que por esos días dominaba la agenda del gobierno de Raúl Alfonsín.

León XIV encontrará otro país, pero con problemas que vuelven a repetirse. Una Argentina cada vez más injusta y desigual, atravesada por la fragmentación política, las tensiones institucionales y las dificultades para construir una respuesta colectiva frente a un gobierno que le da la espalda a la mayoría de su propio pueblo.

Pero también encontrará a un presidente debilitado. El plan económico del gobierno de Javier Milei fue concebido, desde sus inicios, para beneficiar a un sector minoritario de la sociedad, que busca profundizar sus negocios a costa de las mayorías. Mientras tanto, buena parte del país intenta sobrevivir haciendo malabarismos para llegar a fin de mes. Esta realidad se refleja en la pérdida del poder adquisitivo, el deterioro de la actividad económica y un clima de incertidumbre que vuelve a encender las alarmas, con el riesgo país nuevamente en alza.

Encontrará a un Milei con el boleto picado por algunos de sus propios mentores, que ya comienzan a pregonar un supuesto “mileísmo sin Milei” y a buscar alternativas para garantizar la continuidad de su proyecto político. El establishment no está dispuesto a abandonar el rumbo, quiere conservar la reforma laboral, el DNU 70/2023 y ese esquema económico que busca garantizar sus privilegios a costa de salarios que no alcanzan para cubrir las necesidades básicas y de una pobreza que golpea cada vez a más familias.

A ese escenario se suma la apuesta internacional de Milei. El mandatario hizo de su alineamiento incondicional con Donald Trump una de las principales banderas de su política exterior. Sin embargo, su aliado más importante acaba de recibir una paliza electoral en Estados Unidos, con una pérdida de apoyo parlamentario histórica por lo que Milei podría quedarse sin los salvatajes económicos que hasta ahora lo mantenían a flote. También apostó políticamente por Flávio Bolsonaro en Brasil, pero Lula logró revertir el resultado de la primera vuelta y derrotarlo en el balotaje. Como si eso no fuera suficiente, Milei terminó facilitando la salida de Bolsonaro de Brasil hacia Estados Unidos, en medio de una investigación judicial, profundizando aún más el deterioro de las relaciones diplomáticas con el principal país vecino. Además, toda vez que puede, Milei se refiere a Benjamín Netanyahu  como “amigo” siendo el máximo responsable del genocidio contra el pueblo palestino; y éste también perdió las elecciones recientemente. Incluso, tanto Milei como su equipo económico, llenó de elogios al gobierno de Paraguay que esta semana implosionó con la renuncia incluida de su presidente Santiago Peña.

No se trata de una sucesión de casualidades, de buena o mala suerte. Se trata de modelos de país y de decisiones políticas que terminan dejando a los pueblos a merced de los intereses de unos pocos.

Esta es la Argentina que León XIV podrá observar desde el avión y durante sus recorridas. Un país hermoso, inmensamente rico en recursos y capacidades, pero cada vez más desigual. Una sociedad en la que se privilegian los grandes negocios por encima de las necesidades colectivas, donde buena parte de los grandes medios de comunicación construye relatos que ocultan o distorsionan la realidad y donde una oposición todavía fragmentada parece demasiado lejos de encontrar una respuesta a la altura de las necesidades populares.

En ese contexto, la agenda organizada por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) contempla una visita del Papa al Pequeño Cottolengo Don Orione, ubicado en Claypole, partido de Almirante Brown, en el segundo cordón del conurbano bonaerense. Se trata de un hogar y una comunidad dedicada a la atención y el acompañamiento de personas con discapacidad intelectual y motora. La elección de este lugar adquiere una particular relevancia en el escenario actual porque es una institución que atraviesa graves dificultades por la falta de recursos y fondos que reclama al Gobierno nacional, mientras que las personas con discapacidad constituyen uno de los sectores más afectados por las políticas de ajuste impulsadas por la gestión de La Libertad Avanza.  

La presencia del Papa pondrá inevitablemente en escena las contradicciones de una Argentina que tiene mucho para ofrecer, pero que atraviesa un profundo deterioro social. Y también permitirá observar a un Gobierno que, detrás de sus intentos de mostrarse fuerte y sus discursos de confrontación, enfrenta un creciente desgaste político.

León XIV llegará como jefe de la Iglesia católica y como una de las figuras de mayor relevancia internacional. Pero también como jefe de un Estado, el Vaticano, que conoce el peso de las relaciones de poder. En su visita encontrará a un país que necesita recuperar la esperanza, reconstruir sus vínculos y volver a poner en el centro las necesidades de su pueblo.

Una Argentina que no puede resignarse a que su futuro quede en manos de los intereses de una minoría. Esa era una de las convicciones que guiaban el pensamiento del Papa Francisco y que hoy forman parte de su legado. León XIV recoge esa herencia y tiene ante sí el desafío de darle continuidad.

Federico Chechele en X: @fedechechele

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