Endeudarse para sobrevivir: género, cuidados y crisis en los hogares argentinos

Un informe advierte que tomar deuda ya es una estrategia de subsistencia con fuerte impacto en las mujeres. Además, asegura que esta dinámica profundiza la desigualdad y obliga a comprometerse para cubrir gastos básicos. ¿Hay solución?
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Ilustración: Marcelo Spotti
Ilustración: Marcelo Spotti

Redacción Canal Abierto | La morosidad de los hogares argentinos con el sistema financiero alcanzó en enero de 2026 el nivel más alto en más de dos décadas. La proporción de deuda en situación irregular se cuadruplicó en apenas doce meses, los préstamos entre familiares y amigos se desplomaron, y más de la mitad de los hogares financia sus gastos cotidianos con tarjeta de crédito o fiado. Estas cifras, provenientes del Banco Central y del INDEC, describen una crisis de endeudamiento que atraviesa al conjunto de la sociedad argentina. Pero su distribución no es homogénea: las mujeres, y en particular las jefas de hogar con responsabilidades de cuidado, la experimentan con una intensidad y una lógica cualitativamente distintas. Identificar ese rasgo distintivo es el objetivo central del reciente relevamiento del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma.

La radiografía del endeudamiento: una crisis que se acelera

El informe del IEF pone el foco en un fenómeno que ya muestran los datos oficiales: el deterioro acelerado del endeudamiento de los hogares. Según el último Informe de Bancos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la morosidad trepó al 10,6% en enero de 2026, muy por encima del 2,7% registrado un año antes y del 2,5% con el que había cerrado 2024. La suba no es puntual: acumula dieciséis meses consecutivos y alcanza el nivel más alto desde que existen registros comparables.

El informe señala que el mayor deterioro se concentra en préstamos personales y tarjetas de crédito, los instrumentos que los hogares utilizan para sostener el consumo cotidiano. En contraste, los créditos hipotecarios mantienen niveles bajos de mora, en una dinámica que sugiere que, cuando está en juego la vivienda, los pagos se priorizan.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), a partir de la EPH del primer semestre de 2025, completan el cuadro con una mirada sobre las estrategias de supervivencia. Allí se observa que el endeudamiento no impacta de manera homogénea: los hogares de menores ingresos se endeudan más (30,4%) que los de mayores ingresos (18,5%) y lo hacen a través de circuitos distintos.

Mientras los sectores de mayores recursos acceden al sistema bancario, los más vulnerables dependen en mayor medida de préstamos de familiares y amigos, en una proporción casi tres veces superior. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ya había caracterizado esta segmentación como una “infraestructura estratificada” del crédito, donde los hogares con menos ingresos acceden a financiamiento más caro y precario.

Endeudarse para cuidar: la dimensión de género

Sobre ese escenario general, el estudio introduce una clave de lectura específica: la dimensión de género. Retomando investigaciones de la CEPAL, el trabajo advierte que el endeudamiento no cumple la misma función en todos los casos. No es lo mismo endeudarse para invertir que hacerlo para sostener la vida cotidiana.

En ese sentido, se recupera el concepto de “gestión monetaria de los cuidados”: mujeres que no solo asumen las tareas de cuidado, sino también la responsabilidad de financiar los insumos que esas tareas requieren -alimentos, medicamentos, transporte, conectividad o educación-, muchas veces a través del crédito.

Uno de los datos más significativos que aparecen en el análisis es la fuerte caída de los préstamos entre familiares y amigos: pasaron del 35,4% al 15,9% de la deuda no bancaria en apenas un año. Un informe de la consultora Focus Market, dirigida por el economista Damián Di Pace, describe este fenómeno como el agotamiento del “colchón de solidaridad”.

Para los hogares populares —y especialmente para las mujeres a cargo de cuidados—, ese colchón no era marginal, sino central. Su retracción empuja hacia opciones más costosas: tarjetas con tasas elevadas, financieras no bancarias o directamente el atraso en pagos de servicios, expensas y cuotas educativas, rubros donde la morosidad también se disparó en 2026.

La CEPAL caracteriza este proceso como una “espiral de endeudamiento”: caída de ingresos, recurso al crédito para consumo básico, imposibilidad de repago, incremento de la mora, cierre del acceso al crédito formal y desplazamiento hacia circuitos informales más caros. Un ciclo que se retroalimenta y que afecta con mayor intensidad a hogares encabezados por mujeres, con trabajos precarios y bajos ingresos.

El informe también retoma el peso de los estereotipos de género, que siguen asociando lo financiero a lo masculino y desvalorizando la autonomía económica de las mujeres. En ese marco, la sobrecarga de tareas de cuidado no solo limita ingresos, sino que también condiciona el acceso y la gestión del dinero.

El contexto de ajuste: cuando la política pública agrava la desigualdad

El trabajo del IEF vincula esta dinámica con el contexto económico más amplio. Datos del INDEC muestran que los servicios públicos pasaron de representar el 4% del salario mediano en noviembre de 2023 al 11% en 2025, en un escenario atravesado por la quita de subsidios.

Para Valeria Rina Muñoz, especialista en indicadores sociales con perspectiva de género, este cambio refleja una retirada del Estado que trasladó costos a los hogares. “El aumento de gastos fijos empuja a muchas mujeres a endeudarse para cubrir estas necesidades esenciales”, sostiene.

Desde el Gobierno, en cambio, el fenómeno es relativizado. El ministro de Economía, Luis Caputo, atribuyó el aumento de la mora a un “coletazo del ataque político” que “se va a ir acomodando”. Sin embargo, el propio presidente Javier Milei había anticipado al asumir en diciembre de 2023 que el ajuste tendría efectos negativos sobre la actividad, el empleo y los salarios reales.

Los datos actuales parecen confirmar ese diagnóstico, aunque con una distribución desigual de sus impactos. Según la publicación, el deterioro recae con mayor peso sobre las mujeres que sostienen hogares con responsabilidades de cuidado.

En ese marco, el endeudamiento deja de aparecer como un problema meramente financiero para mostrarse como la expresión de una estructura social desigual.

El análisis plantea que avanzar hacia un sistema integral de cuidados podría funcionar como una respuesta de fondo: si el Estado asume parte de los costos que hoy recaen en los hogares —y especialmente en las mujeres—, se desactiva uno de los mecanismos que alimentan la espiral de deuda.

La discusión, entonces, excede al crédito. Involucra la organización social de los cuidados, la distribución de ingresos y el rol de las políticas públicas en un escenario donde endeudarse, para amplios sectores, dejó de ser una opción y pasó a ser una condición para sobrevivir.

Ilustración: Marcelo Spotti

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