Por Elisa Corzo | En el marco del 1 de mayo, Día del Trabajador y la Trabajadora, y a menos de seis meses de las elecciones presidenciales, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva lanzó a través de un decreto la segunda edición de “Desenrola Brasil”, un programa destinado a las familias agobiadas por las deudas: un flagelo que alcanza al 80,4% de los hogares y cuyo factor principal son las tarjetas de crédito.
El programa -con una duración de 90 días- está destinado a aquellas personas que ganan hasta cinco salarios mínimos (8.105 Reales, es decir, poco más de dos millones de pesos argentinos) y que busquen renegociar deudas con tarjeta de crédito, sobregiros (algo así como un adelanto de cuenta corriente), o préstamos personales.
En concreto, ofrece quitas de deuda de entre el 30 y el 90%, plazos de pago de hasta cuatro años y tasas de interés reducidas: del orden del 1,99% mensual –cuando hoy, según afirmó el ministro de Economía, Darío Durigan, las de tarjeta de crédito rozan el 15%-. El plan además ofrece un período de gracia de 35 días para empezar a pagar y la eliminación de informes crediticios negativos.
Desde Argentina, donde los niveles de morosidad y endeudamiento de las familias alcanzan niveles récord, Luci Cavallero, referente Movida Ciudad -una organización con un fuerte trabajo militante para asesorar y acompañar a personas víctimas del abuso financiero-, señala que con sus pros y sus contras, el programa impulsado por Lula debe ser observado con atención por cualquier fuerza política que pretenda gobernar para las mayorías.
“Finalmente, el progresismo se da cuenta de que en la suba de los niveles de endeudamiento y, en general, de financierización de la vida de la población hay un gran problema político. Primero, tenemos un efecto clarísimo sobre la subjetividad, por lo que significa vivir endeudado o endeudada, con una gran sensación de malestar hacia cualquier Gobierno que favorezca ese nivel de sobreendeudamiento”, apunta, en diálogo con Canal Abierto.
“Por otro lado, es un gran límite a cualquier política redistributiva, porque hay un esquema de ganancia financiera que termina capturando ingresos de manera masiva. Y tercero, el endeudamiento trae graves problemas para la sustentabilidad económica”, explica.
En ese sentido, la también referente deNi Una Menos afirma que “el programa Desenrola tiene muchos aciertos: es un programa de política pública pionero en América Latina por su masividad, y con una gran popularidad en Brasil”.
Lo explica así: “El Estado arma un esquema de refinanciación de deudas y lo que hace es ofertarle a los acreedores que entren, dándoles incentivos. Hay quitas, hay bajas de interés, eso es interesante. Otro dato relevante es que no es que el Estado absorbe los costos de los rescates sino que los absorbe el mismo sistema financiero”.
Como límite, Cavallero señala que el programa convierte nuevamente en sujetos de crédito a esas personas endeudadas. “Es un Estado que permanentemente rescata al sistema financiero y otras entidades financieras no bancarias de sus propios excesos. Pero, en general, es un programa para mirar, sobre todo, por la masividad que representa”.
¿Qué pasa en Argentina?
Como señalábamos, en un contexto de caída o congelamiento de los ingresos de los trabajadores y trabajadoras, en nuestro país el endeudamiento también se encuentra en niveles dramáticos. Porque además, se trata de créditos con tasas de interés de usura que se toman no para comprar o refaccionar una casa, comprar una moto, un auto o irse de viaje, sino para sobrevivir.
Como indica el informe “1° de Mayo – El deterioro sociolaboral en la Argentina de Milei”, elaborado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) que preside Claudio Lozano, “cuando el ingreso no alcanza, aparece la deuda como forma de supervivencia”. En ese marco,“más de un tercio de los hogares, 35%, tuvo que recurrir a sus ahorros familiares. A la vez, 17,7% pidió préstamos a familiares o amigos, 16,9% tomó créditos de bancos o financieras, y 52,2% apeló a compras con tarjeta de crédito o fiado”.
Otro estudio, de la consultora 1816, trazaba el panorama de las deudas con otro gran protagonista de este flagelo: las billeteras virtuales. En febrero de este año, la morosidad en este segmento alcanzaba el 30%.
Frente a este panorama, el Gobierno del “no hay plata” de Milei casi no ofrece respuestas. Por lo pronto, una línea de créditos del Banco Nación para “consolidar deudas”, destinada a clientes de la entidad que tengan deudas no judicializadas, con tasas que, depende el caso, pueden rondar el 60% (cuando el de las tarjetas de crédito se ubica entre el 120% y el 150%).
En paralelo, las distintas fuerzas políticas presentaron en el Congreso 18 proyectos de ley para abordar la cuestión. Por ahora, las iniciativas avanzan con lentitud.
Por eso, organizaciones sociales y políticas vienen impulsando distintas estrategias para asesorar y acompañar a personas víctimas del abuso financiero. Una de las más activas es Movida Ciudad, que además de realizar reuniones virtuales y actividades presenciales puso a disposición un correo electrónico (desendeudamiento@movidaciudad.ar) para aquellos que estén “agobiadxs por las deudas”.
“Decimos que toda deuda es política porque el sobreendeudamiento se origina por salarios congelados, y precios de servicios y alquileres que no paran subir. Si necesitas asesoramiento, ¡escribinos!”, invitan.
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