Franco Oscari: “Somos personas humildes que defendemos el territorio”

El joven campesino de un paraje rural “monte adentro” de Jujuy estuvo más de diez días preso por una denuncia por “amenazas” de Patricia Bullrich. En esta nota, cuenta cómo vivió el proceso, que ahora continúa en libertad, y habla de la lucha diaria en defensa de “la vida en el campo”.
TIEMPO DE LECTURA: 9

Por Elisa Corzo | El pasado viernes 3 de julio, Franco Oscari, el campesino oriundo de un paraje rural en Jujuy, acusado de “amenazas coactivas” por enviarle un mensaje a la cuenta de Facebook de Patricia Bullrich, finalmente obtuvo su libertad.

Aunque aún continúa procesado y le impusieron distintas restricciones -como un embargo de $700.000 y la obligación de ir una vez por mes a San Salvador, a 160 kilómetros de su hogar- sus abogadas ya presentaron la apelación y confían en que van a poder revertir las medidas. También plantearon la incompetencia del juez federal Ariel Lijo: “Él no puede dictar nada”, asegura María José Castillo.

“Lo que hay que remarcar – explica en diálogo con Canal Abierto– es que quedó acreditado por el juez de Jujuy que la detención se había convertido en arbitraria por los traslados. Por eso también entendemos que el juez Lijo se apuró en resolver la excarcelación (la soltura), porque en realidad había un planteo pendiente. Él lo resolvió antes porque ya era muy bochornoso todo lo que había pasado”.

Para la abogada, la causa “realmente es descabellada, es un disparate”. “Todo el despliegue que hubo, con la policía federal que llegó de Buenos Aires en aviones, parecían que estaban buscando al menos un narcotraficante peligroso. Y sumado a esto, el desgaste jurisdiccional, con la intervención de jueces en todo el país y alojando a Franco en distintas jurisdicciones”.

Todo eso, señala, “no tiene no tiene ningún argumento, al menos racional”. Por eso, “nosotros entendemos que no va a prosperar porque no hay una configuración de delito”.

“Los que me conocen saben que no puedo matar ni una gallina”

Desde Palma Sola, donde se quedó unos días tras su liberación para visitar a la familia, y a su mamá y hermanos que viven en el barrio Nueva Esperanza, Franco cuenta que lo que vivió -y que fue acreditado por el Comité Nacional de Prevención de la Tortura de Salta– “fue traumatizante para toda la familia”.

“La verdad es que quedamos todos afectados. Ya veníamos con el tema del desalojo y sumarle esto”, dice, en referencia al conflicto territorial que tiene desde hace diez años la familia de su novia en el paraje “Las Goteras” y que sumó un nuevo capítulo en abril cuando la jueza Mirta del Milagro Vega, del Juzgado Civil y Comercial de San Pedro, firmó una orden de desalojo.

“La familia también se preocupó mucho”, agrega Oscari. “Fui sometido a traslados innecesarios, fui desnudado en múltiples veces, me han chicaneado los policías y lo más crucial fue que durante los traslados no se le informó nada a mi familia, ni a mis representantes, ni a mis abogadas, no se le informó en ningún momento de dónde yo estaba. Prácticamente estuve desaparecido”, denuncia.

“Nosotros somos una familia humilde, así que gracias a Dios que las abogadas y sus contactos, gracias a la organización que estuvo presente, pudieron pudieron dar con mi localización. Yo ya estaba en Tucumán en ese momento”, explica.

Oscari, que es parte del MNCI – Vía Campesina, y de la agrupación local Tierra Fértil, cuenta que vive en el campo -a unos 30 kilómetros monte adentro de Palma Sola- con su novia, con quien trabaja codo a codo en la cría de todo tipo de animales. “La familia tiene ovejas, gallinas, chanchos, vacas, también tenemos caballos, un burro, chivas, ovejas”.

“Imagínese -dice para graficar la desproporción de la causa iniciada por Bullrich y la justicia federal- es una vida de arrancar el día de temprano ya con las gallinas, después sacar a pastorear las ovejas, ir al monte a buscar los animales que por ahí algunos se enferman y hay que asistirlos”.

“Yo solamente busco defender lo que a nosotros nos parece parece correcto. Defender el territorio, defender la soberanía alimentaria que que se está perdiendo con con el avance de la política, se están violando muchos derechos. Y quisiera que la gente tome conciencia y tengan cuidado con lo que se dice en las redes sociales, porque hay mucha inteligencia, mucho espionaje. Así que tener tener en cuenta esas esas cosas”, alerta.

“Las personas que me conocen -cierra sobre la denuncia de la exministra de Seguridad- saben que yo no tengo maldad y que nunca voy a poder hacer eso. No puedo matar ni una gallina, voy a voy a mandar a matar a una senadora, no tengo ni los recursos. Ni ni para comer. La verdad que si la gente no se hubiese solidarizado de esa manera, no sé cómo yo hubiese podido tener un alimento estando encarcelado”.

Una muestra de debilidad

María José Castelli afirma que aunque no hay un vínculo objetivo o directo, sin dudas que Franco sea un defensor del ambiente juega un rol en la persecución desproporcionada que padeció.

“Sabemos que él no es un campesino más que está en su tierra y no tiene ninguna problemática pública y social. Al contrario, se encuentra en un en un paraje rural que está en disputa por la tierra hace más de 10 años, donde hay un juicio de desalojo en curso. Y a su vez, él está involucrado a través de su familia y también por su activismo social en la pelea contra contra una minera que se instaló en Palma Sola, en el bosque nativo”, recuerda.

“Hay que comprender” -explica la abogada- “que hay legislación que protege a las personas que son defensoras de derechos humanos y defensores ambientales porque suelen suceder estas cuestiones que no se entienden, pero que de alguna manera generan un mensaje o pretenden generar un mensaje a él, a la familia, a la población, de que no se comprometan políticamente”. Pero, aclara, “como Franco, su familia y generalmente la gente cercana a ellos están formados políticamente, conocen de estas situaciones, no va a generar ese ese efecto de amedrentamiento”.

En efecto, para ella, lo ocurrido más que una muestra de preopotencia es un signo de debilidad. “Por lo menos en Jujuy lleva mucho tiempo un gobierno que ha violentado las garantías constitucionales desde que asumió, en diciembre 2015, y eso va agotándose. Porque ha habido una respuesta inmediata de la sociedad de pedir la liberación de Franco y ver que esto estaba mal”.

Franco, en tanto, sostiene la misma convicción. “Quiero pedirle a la gente que si ellos creen que las cosas están mal, luchen, luchen por su por sus derechos, luchen por la tierra, que la madre tierra es la que nos da todo. No hay que permitir que vengan empresarios, nos exploten, se lleven el dinero y nos contaminen. Hay que defender el territorio, defender la soberanía alimentaria y la vida en el campo, que es muy satisfactoria, muy saludable, sin químicos. Uno sabe lo que come, sabe lo que bebe”. “Es todo lo contrario -dice- a vivir en la selva de cemento”.

Portada: Franco Orscari en Las Goteras, abril de 2026. Fuente: Página/12

Salir de la versión móvil