Por Gladys Stagno | La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA) a la que la Cámara Baja dio media sanción el pasado 26 de agosto es uno de los proyectos clave que el oficialismo busca convertir en ley.
Lo crucial de esta reforma radica en que no sólo busca cambiar las reglas de la política monetaria actual: busca garantizar que éstas permanezcan afines al ideario libertario en el futuro, gobierne quien gobierne.
El dato surge de un reciente informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), en el que detalla paso a paso las consecuencias de que esta reforma se convierta en ley.
Dependencia financiera externa
Según detalla el CESO, uno de los cambios centrales que establece el proyecto es que la misión del Banco Central quedaría reducida a preservar el valor de la moneda.
De esta manera, desaparecerían de su mandato la promoción del desarrollo económico, el empleo y la equidad social, funciones establecidas para la entidad desde la reforma de 2012. Aquel planteo –que se llevó adelante bajo la gestión de Mercedes Marcó del Pont– apuntaba a eliminar la concepción sobre el rol del BCRA heredada de la convertibilidad.
En concreto, el proyecto elimina el artículo 20 de la Carta Orgánica y prohíbe la asistencia directa al Tesoro, pero mantiene las operaciones del BCRA en el mercado secundario de títulos públicos, sin establecer un límite específico. También desaparece cualquier excepción para catástrofes, pandemias u otras emergencias.
Para el CESO, esta modificación deja abierta una vía de intervención indirecta sobre la deuda. “No se trata solo de un cambio técnico en el diseño institucional del Banco Central, sino de un intento de fijar, más allá del resultado de las urnas, un modelo económico específico y de profundizar la dependencia financiera externa del país”, asegura.
Un Estado inútil
Por otro lado, esa reducción de funciones del BCRA llega justamente cuando la economía necesitaría más herramientas.
“El espíritu liberal y poco intervencionista de la nueva Carta Orgánica choca de frente con la realidad del sector financiero –plantea el CESO–. La economía argentina se encuentra en la puerta de ingreso a una crisis de deuda del sector privado (…): la caída de los ingresos, combinada con la desregulación de las tasas de interés, disparó los niveles de mora del sistema bancario y financiero”.
Y agrega: “En este contexto, el Gobierno debería estar pensando en regular las tasas e intervenir el mercado de financieras de crédito (hoy fuera de su órbita), no en profundizar su liberalización”.
Reservas en riesgo
Pero hay puntos aún más sensibles y riesgosos. “La habilitación para usar las reservas internacionales como garantía de operaciones financieras es, probablemente, la modificación más gravosa e irreversible del paquete”, sostiene el informe.
Se trata de un artículo –de los más discutidos en Diputados– que habilita al Banco a mantener parte de sus activos externos en depósitos u operaciones a interés, “pudiendo utilizarlos como garantía en operaciones propias de banca central”. También amplía la nómina de acreedores admitidos, incorporando a bancos privados internacionales junto a los organismos multilaterales”.
“En la práctica, esto permitiría al Banco apalancarse en los mercados internacionales usando reservas como aval, aun sin que el Tesoro nacional acceda en forma directa al financiamiento externo –advierte el CESO–. El riesgo señalado no es menor en el contexto actual, con el riesgo país por encima de los 500 puntos básicos: si las reservas quedan comprometidas como garantía, un incumplimiento podría derivar en su ejecución por parte de acreedores externos, con jurisdicción de tribunales extranjeros sobre activos que hasta ahora gozaban de inembargabilidad”.
Por otro lado, y contradiciendo el relato oficial, la presunta “emisión cero” que promete la reforma no se verifica en la experiencia de estos dos años y medio. En concreto y según el CESO la emisión no desapareció, sino que cambió de canal: se desarmaron pasivos del BCRA y fueron reemplazados por deuda del Tesoro, mientras la compra de divisas y otras operaciones continuaron inyectando pesos.
Si la expansión monetaria queda atada al ingreso de dólares, una economía vulnerable a los ciclos externos puede quedar expuesta a saltos bruscos de liquidez y tasas cuando esas divisas no ingresen. “Lejos de garantizar estabilidad”, advierte el CESO, la reducción de herramientas podría amplificar esas oscilaciones.
Anarcocapitalismo por siempre
Finalmente, el proyecto apunta a dejar atado, más allá del resultado de las urnas, el margen de acción de los próximos gobiernos.
En línea con un reciente informe del IPyPP, el CESO advierte que la reforma busca blindar a las autoridades del BCRA frente a futuros cambios políticos. Para remover al presidente o a los directores ya no alcanzaría con una decisión del Poder Ejecutivo: sería necesaria la aprobación de ambas cámaras del Congreso por dos tercios de los presentes y una causal específica de “falta grave y manifiesta”. En un Congreso fragmentado, señala el CESO, ese umbral podría impedir que un gobierno elegido con otro programa económico cambie la conducción del Banco.
Así, señala, el resultado práctico del proyecto “es que un gobierno futuro, con un programa económico distinto, podrá heredar autoridades monetarias designadas por la gestión actual sin capacidad real de removerlas”.
Ilustración: Marcelo Spotti

