El rebote: 1.250.000 nuevos pobres en seis meses

El INDEC registró 9,7 millones de personas pobres y 2,25 millones de indigentes en el primer semestre de 2026. La indigencia alcanzó al 10,8% de los niños de 0 a 14 años, mientras la actividad económica cayó 1,4% interanual en julio. Caputo insiste en celebrar.
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pobreza infantil

Publicada el 24/09/2026

Por Gladys Stagno | Los datos oficiales de pobreza e indigencia se vaticinaban malos. A las 16 de este jueves, se confirmó que lo eran: en la Argentina, según el INDEC, 9.729.000 personas son pobres y  2.249.000 son indigentes.

En porcentaje, la pobreza alcanzó al 32,3% de la población y al 24,4% de los hogares en el primer semestre de 2026. La indigencia, en tanto, llegó al 5,6% de los hogares, donde viven el 7,5% de las personas.

Esto significa que la pobreza creció 4,1 puntos porcentuales (p.p.) en relación al segundo semestre de 2025; mientras que la indigencia subió 1,2% en el mismo período. En personas, significa 1.254.864 argentinos más en la pobreza y 364.890 en la indigencia, en un semestre. En comparación con el primer semestre de 2025 los datos muestran un incremento de 0,7 puntos porcentuales en la pobreza y de 0,6 en la indigencia.

Los números son conservadores si se tiene en cuenta que sólo cuentan a quienes viven en los 31 aglomerados urbanos del país. Si se extrapolaran al total de la población, los pobres sumarían un total de 14.933.850 personas. Los indigentes, 3.467.612. En relación con el último semestre de 2025, serían un aumento de 1.895.628 pobres y 554.818 indigentes en seis meses.

Los ingresos, la gran variable

Ambos índices se calculan en base a las líneas trazadas por la Canasta Básica Total (CBT) y la Canasta Básica Alimentaria (CBA), respectivamente. La primera se encuentra en $1.440.395, para una familia tipo, y la segunda en $669.098.

Si tomamos en cuenta los números medidos por el Observatorio del Salario ATE-INDEC, en agosto un hogar necesitó $2.597.863 para no ser pobre. De ese monto, $888.634 corresponden a una canasta alimentaria mínima; $1.709.229 a otros bienes y servicios esenciales.

Pero los ingresos familiares distan mucho de esas cifras. El salario mínimo vital y móvil actual apenas alcanza los $383.800. El ingreso promedio, en tanto, ronda los $1.600.000.

La situación muestra su peor cara en el detalle por grupo etario. Allí, los datos del INDEC muestran que la indigencia se eleva en la infancia: 10,8% de los niños de 0 a 14 años, son indigentes.

Las regiones más castigadas son el Noreste (41,5% de pobres) y Cuyo (36,7% de pobres). Desagregado, la ciudad que pica en punta entre los 31 medidos por el organismo oficial es Concordia, con 56,2% de su población bajo la línea de pobreza; seguida de la zona de Gran Resistencia, con el 48,6%.

Gobierno en negación

Lejos de admitir el deterioro de la calidad de vida, el Gobierno aseguró que los números siguen siendo positivos. En un su red social X, el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, aseguró que “si bien las tasas de pobreza y de indigencia se incrementaron 4,1 p.p. y 1,2 p.p. en relación al semestre previo, ambas tasas registraron una fuerte baja en relación al primer semestre de 2024. Frente a dicho período, la tasa de pobreza se redujo de 52,9% a 32,3%, en tanto la de indigencia cayó de 18,1% a 7,5%”.

Claro que evitó mencionar que ese semestre reflejó más de 11 puntos en relación con el semestre anterior, producto de la devaluación del 118% del peso, que se tradujo en un 25,5% de inflación, con la que el propio Caputo inauguró su gestión, allá por diciembre de 2023.

Esta tarde el INDEC también publicó el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), que mostró que la misma cayó 1,4% interanual en julio de 2026, y -2,9% en relación con junio de este año.

Caputo también obvió este dato, y destacó que el EMAE “registró un crecimiento de 1,7% en los primeros 7 meses de 2026 en relación a igual período del año anterior” y justificó la baja asegurando que “durante julio se registraron distintos shocks transitorios que afectaron a varios sectores de actividad”, como “la menor disponibilidad de gas en el caso de la industria manufacturera, las mayores lluvias y nevadas en relación a los promedios históricos para la construcción, la minería y algunos servicios, y las menores horas trabajadas en algunos sectores en relación al mundial de fútbol”.

No son las únicas omisiones. Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), las cifras oficiales “deben analizarse a la luz de los cambios metodológicos implementados por el INDEC y las distorsiones en la medición de las canastas”.

Entre ellas, la que más pesa es la forma en que se mide la CBT. “La metodología que utiliza el INDEC para actualizar la Canasta Básica Total subestima el peso de los servicios y el transporte en la estructura de consumo de los hogares –explica el CEPA–. Dado que estos rubros han tenido incrementos muy superiores a los de los alimentos durante la gestión actual, el coeficiente de Engel utilizado no refleja adecuadamente esta realidad. Esto resulta en una CBT artificialmente baja, lo que hace que más hogares queden por encima de la línea de pobreza sin que sus ingresos hayan crecido significativamente en términos reales”.

Para los analistas, varios de los factores que inciden en la suba de la pobreza dan cuenta del deterioro del nivel de vida general. Se trata de la suba en el precio de los alimentos, la caída pronunciada en los ingresos del creciente trabajo informal, y el aumento del desempleo. Números de la “micro”, que en Excel oficialista no parecen tener relevancia.

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