Tel Aviv y las dictaduras del Río de la Plata: “En los 70, por primera vez Israel se asoció a fuerzas antisemitas”

Mientras los genocidas torturaban y desaparecían a miles de personas -entre ellas muchas de origen judío-, Israel tejía alianzas políticas y estratégicas con esos regímenes. El historiador Gerardo Leibner devela estos vínculos, que son parte de su propia historia.
TIEMPO DE LECTURA: 19

Por Nahuel Croza | Con 11 años de edad, Gerardo Leibner llegó con sus padres a Israel en mayo de 1976. Militantes comunistas uruguayos, exiliados en Buenos Aires desde noviembre del 75, la familia encontró refugio en las agitadas tierras del cercano oriente escapando de las dictaduras genocidas y la doctrina de seguridad nacional.

Décadas más tarde Gerardo se doctoró en Historia en la Universidad de Tel Aviv, donde es investigador y docente, y descubrió que en las entrañas del mismo Estado que los ayudó a huir del Plan Condor se tejían redes de complicidad con los asesinos antisemitas que persiguieron a su familia en el Río de la Plata.

En octubre, presentó a ambas orillas del Mar Dulce su libro “Israel y las dictaduras en el Río de la Plata. Una alianza política, 1972-1984”, editado por el Fondo de Cultura Económica. A partir de una investigación que abarca archivos estatales de Israel, Uruguay, Argentina y Estados Unidos, así como prensa de la época y diversas fuentes no exploradas hasta el momento, el historiador reconstruye y analiza las diferentes dimensiones de un vínculo político y diplomático. 

“La novedad en mi investigación es que profundiza en la colaboración, más que nada política, de Israel, que les brindó a ambas dictaduras del Río de la Plata relaciones públicas en Estados Unidos, en Europa Occidental y un importante grado de legitimidad política. Entre otras cosas, al colaborar con el silencio de ambos regímenes respecto a los desaparecidos y al negar, y ayudarles a esconder, el carácter indudablemente antisemita que tenían los sistemas de represión en ambos países”, advierte en diálogo con Canal Abierto Leibner, quien dirige el Instituto Sverdlin de Historia y Cultura de América Latina en la mencionada casa de estudios en la que es profesor asociado en el Departamento de Historia.

-Fue una política de Estado que se inició durante los últimos gobiernos laboristas. Al principio, en el caso de Uruguay, Golda Meir era la primera ministro, luego Isaac Rabin y continuó, con pequeños matices, bajo los gobiernos del partido Likud, de la derecha, a partir de 1977.

Se trató de una política exterior de Israel que estaba muy vinculada a las políticas estadounidenses en la Guerra Fría y que se concebía a sí mismo, al igual que a ambas dictaduras del Río de la Plata, como trincheras de Occidente, trincheras que luchaban contra el peligro comunista, marxista, de la subversión internacional y contra los movimientos de liberación nacional. Había una coincidencia profunda en el marco de la Guerra Fría. 

-Yo señalaría un aspecto que a veces se pierde en las relaciones entre países y son las relaciones públicas. O sea, la capacidad que Israel ofrecía para evitar o disminuir críticas hacia ambas dictaduras en medios de prensa en Occidente y en el Congreso de los Estados Unidos, en una época en la cual el discurso de los derechos humanos estaba en alza, precisamente al comienzo del gobierno de (Jimmy) Carter, el único presidente estadounidense que puso énfasis en el respeto a los derechos humanos en su política exterior.

Entonces, tanto Israel como Argentina, Uruguay, el Chile de Pinochet, se encontraron con que su gran padrino, Estados Unidos, de repente los criticaba por las violaciones a los derechos humanos y empezaron a colaborar considerándose trincheras occidentales que eran maltratadas desde los centros de poder, eran malentendidas en su afán por luchar contra el peligro comunista.

También te puede interesar: La complicidad de Israel con la dictadura

–Esto le ponía una serie de problemas, y colocaba a los diplomáticos israelíes en el Río de la Plata frente a una serie de contradicciones. Israel tenía dos posiciones fuertes en aquella época. Una: era ser parte beligerante del bloque occidental y eso los acercaba a las dictaduras. Pero, por otra parte, en su razón de ser, en su propia ideología sionista se considera como el escudo defensor de las poblaciones judías en el mundo y eso le implica cierto grado de solidaridad judía.

Simultáneamente, a la vez que colaboraba con las dictaduras, que les vendía armas, que les daba adiestramiento en materia de inteligencia, que hacía operaciones de relaciones públicas para lavarles la cara ante la prensa de occidente, los representantes israelíes hicieron esfuerzos por rescatar a personas que estaban en peligro.

Es la historia también de mi familia, de mis padres. Alrededor de unas 500 personas que estaban en riesgo de vida en Argentina a fines de 1975 y, por lo menos, hasta 1979 fueron rescatadas por la Agencia Judía (de Inmigración) actuando en nombre de Israel, otorgándoles documentación para salir de Argentina, entre ellos a uruguayos que estaban en el país como mis padres.

Eso implicaba contradicciones, una ambigüedad muy fuerte en la actitud israelí ante la represión y ante el antisemitismo que se manifestaba en ambas dictaduras, no sólo en la tortura con especial saña hacia los detenidos judíos, sino también con atentados a instituciones judías, hostigamiento a los familiares de desaparecidos y detenidos, distintas expresiones de una mentalidad vigente en ambas dictaduras, de esa mentalidad nacional católica que consideraba a la población judía de ambos países como ajenos a la nación.

-Claro. Ese nacional catolicismo, que es la ideología común de los dictadores de esa época, de forma contradictoria implicaba varias cosas. Por un lado, en el caso argentino no había mucho reparo, a partir de 1978, en liberar presos de origen judío, presos legales que estaban reconocidos como tales, y liberarlos antes de cumplir la pena mediante la opción constitucional de expulsión del país a pedido de la embajada de Israel. 

Desde el punto de vista de la dictadura se sacaban de encima a subversivos a los que además no consideraba del todo argentinos. Desde el punto de vista de Israel era ganar la población judía que se iba a convertir en israelí y, desde el punto de vista sionista, esa inmigración judía es lo que iba a asegurar la predominancia frente a la natalidad de los palestinos.

Lo que no era compatible era cualquier tipo de acción en relación a los detenidos desaparecidos, ni siquiera la denuncia. Los gobiernos de Israel, durante mucho tiempo, hasta fines de 1982, hicieron mucho esfuerzo por acallar las denuncias de las desapariciones. No lograron acallarlas porque había libertad de expresión dentro de Israel, pero hicieron lo posible por minimizarlas y en realidad fueron cómplices del pacto del silencio que caracterizó a la dictadura argentina hasta el final.

Los funcionarios israelíes sabían perfectamente que esas personas habían sido ejecutadas por las Fuerzas Armadas argentinas, sabían que habían sido desaparecidas por una decisión gubernamental de hacerlas desaparecer. Y, sin embargo, fueron partícipes de ese pacto de silencio hasta muy tarde.

-Hay un poco de confusión, por lo menos desde el punto de vista de los posicionamientos ideológicos. Hay que entender que hasta mayo de 1977 en Israel gobernaba el Partido Laborista, que era miembro de la Internacional Socialista y, supuestamente, era de centro izquierda. Sin embargo, se consideraba como una trinchera de Occidente.

Para todo un sector de la comunidad judía rioplatense de izquierda sionista, eso era motivo de cierta confusión. Y lo que yo estoy demostrando no estaba tan claro para los contemporáneos. Quienes fueron rescatados por la acción del Estado de Israel, quienes eran militantes de izquierda en el Río de la Plata, llegaron a Israel y rápidamente se dieron cuenta de que era un país bastante racista, colonizador, que oprimía a la minoría árabe, pero, por otro lado, estaban muy agradecidos a quienes les habían salvado la vida.

–El caso de Harguindey es muy interesante porque bajo ningún punto de vista fue catalogado como uno de los moderados de la dictadura. Era un personaje que tenía a su cargo un grupo de tareas personal que le realizaba tareas de secuestro, extorsión y asesinato, incluso para sus feudo personal, no solo como parte de “la misión eh purificadora de la patria”.

Harguindey era el nexo cotidiano del gobierno militar con la embajada de Israel. Tenía relaciones muy cercanas con los diplomáticos israelíes. Era el que facilitaba, cuando surgían problemas entre la Policía Federal y las agencias de seguridad israelíes o la seguridad de la embajada de Israel. Su grupo de tareas recibió obsequios de parte de los israelíes como forma de acercamiento personal a él.

Por otro lado, cada vez que se presentaba alguna clase de problema con personas vinculadas a los dirigentes de la comunidad judía oficial, la DAIA o la Agencia Judía, entonces intervenía Harguindey y, supuestamente, hacía esfuerzos por solucionar los malentendidos.

El caso Jacobo Timerman

Jacobo Timerman era un periodista y empresario periodístico, fundador de las revistas Primera Plana, Confirmado y del diario La Opinión que comenzó a editarse en 1971 y en 1977 fue clausurado y expropiado por Videla. Timerman, director del periódico, fue secuestrado por una patota dirigida por el coronel Ramón Camps y estuvo chupado y luego preso dos años y medio.

“El tema de Timerman es un tema muy interesante porque él, desde antes de la dictadura, había sido un colaborador muy activo de la embajada de Israel. El diario que dirigía, La Opinión, era muy prosionista. Es detenido a comienzos de 1977 en el marco de la investigación que se convierte en una escándalo con connotaciones antisemitas muy claras de la muerte (en México en un sospechoso accidente aéreo) de David Graiver y el colapso financiero del grupo Graiver.

Graiver, un financista de origen judío, principal accionista de Papel Prensa y accionista minoritario del diario La Opinión, fue acusado por el régimen militar de administrar los fondos de los Montoneros. Ramón Camps, que asciende a general gracias a este escándalo, consideraba a Timerman era parte de una especie de complot judío, peronista, marxista, todos los ingredientes de la mitología nazi.

En ese marco es secuestrado y torturado. La embajada de Israel se comporta de una forma bastante distinta a otros casos porque se trata de un colaborador cercano y se ve que hay una deriva antisemita incontrolable, muy peligrosa en aquel momento.

Es uno de los pocos casos en el cual Israel realmente realiza una campaña dentro de Argentina, pero también internacional para en principio obtener ciertas garantías de legalidad: que pase por un juzgado, que su situación sea blanqueada porque al principio estaba desaparecido y luego para obtener su liberación, lo que se logra con mucha presión estadounidense e internacional en septiembre de 1979.

Timerman mismo, muy agradecido por la acción de Israel y Estados Unidos para liberarlo, muy rápidamente se da cuenta de los grados de complicidad entre Israel y la dictadura y empieza a denunciarlo a comienzos de los 80. Empieza a denunciarlo sin tener claro muchas cosas que logro develar en mi investigación, y termina muy peleado con el gobierno de Israel.

Hoy

-El Estado de Israel viene ocupando territorios y poblaciones palestinas desde hace muchas décadas, mucho antes de las dictaduras argentina o uruguaya. Las cosas que suceden ahora tienen sus raíces en la ocupación de Palestina, en un proceso profundo y continuo de colonización que se ha acelerado ya antes de octubre de 2023, adquiriendo un carácter cada vez más dramático y mucho más después del 7 de octubre de 2023 que dio el pretexto para una guerra realmente genocida sobre Gaza.

Sí puedo decir que lo que veo ahora en el presente y que está relacionado con mi investigación es que creo que en ella logro detectar las primeras alianzas explícitas entre el gobierno de Israel y fuerzas de ultraderecha que tienen pasado e incluso presente antisemita. Es algo que hubiera sido impensable en la década del 60. En los 60 Israel arriesga las relaciones diplomáticas con Argentina al capturar al (jerarca nazi Adolf) Eichmann en territorio argentino. Viola la soberanía argentina y pone en riesgo sus relaciones internacionales.

En los 70, por primera vez Israel está dispuesto a aliarse con fuerzas antisemitas que son aliadas en planos internacionales, con las cuales comparte una visión occidental y es capaz de pasar por encima, o dejar al costado, su carácter antisemita.

Lo mismo funciona al revés. Los militares argentinos, o algunos de ellos, y los uruguayos de los años 70 son fuertemente antisemitas y al mismo tiempo admiradores de la capacidad militar de Israel. 

Esa mezcla de antisemitas que admiran y hacen alianzas con Israel hoy es muy clara en fuerzas de la ultraderecha europea como el caso del ex primer ministro de Hungría, Viktor Orban, muy antisemita, que habla de una Europa cristiana, y por otro lado se alía con Israel. Hay personajes así en el entorno del bolsonarismo, y en la pata más reivindicadora de la Junta Militar Argentina en el entorno de Milei. Eso que hoy es muy evidente empieza a surgir en la época que yo investigo”.

Gerardo Leibner (Montevideo, 1965) es doctor en historia por la Universidad de Tel Aviv, donde se desempeña como profesor asociado en el Departamento de Historia. Además, es director del Instituto Sverdlin de Historia y Cultura de América Latina. Publicó los libros El mito del socialismo indígena. Fuentes y contextos peruanos de Mariátegui (1999) y Camaradas y compañeros. Una historia política y social de los comunistas del Uruguay (2011), en dos volúmenes: La era Gómez, 1941-1955 y La era Arismendi, 1955-1973. Es autor, además, de numerosos artículos académicos sobre historia política del siglo XX y metodología de la historia oral, así como sobre política y sociedad en Israel.

Foto de Gerardo: Federico Gutiérrez.

Salir de la versión móvil