Redacción Canal Abierto | El Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) realizó la primera investigación sobre violencia política de Argentina a partir de experiencias en primera persona de mujeres que participan en política. El informe fue coordinado y elaborado por Lucía Martelotte junto a Ximena Cardoso Ramírez, Nadia Ferrari, Victoria Gallo, Natalia Gherardi, Celeste Minetto y María Eugenia Nieto. El estudio se presentó el pasado 4 de septiembre en el salón Illia del Senado.

El objetivo del trabajo es visibilizar y concientizar sobre la violencia contra las mujeres en política ya que hasta el momento no existía una investigación de estas características.

Una de las primeras preguntas de la encuesta indagaba acerca de la percepción de dis­criminación contra las mujeres en el ámbito político: un 98% de las encuestadas respon­dió afirmativamente. Al ser consultadas por la percepción de situaciones de violencia de género a lo largo de sus carreras políticas, 8 de cada 10 encues­tadas contestó afirmativamente.

“Siempre tenemos que estar demostrando que somos capaces. En la investigación los datos de títulos universitarios y superiores ponen de manifiesto esto. Las mujeres necesitamos más credenciales para llegar a los mismos lugares que los varones. Esta violencia política muestra obstáculos para acceder a los puestos de poder y para poder ejercerlos. Muchas mujeres capaces y con mérito y  ganas de participar se quedan en el camino”, explica en diálogo con Canal Abierto, Lucia Martelotte coordinadora de la investigación e integrante de ELA.

En 2016, el 79% de las legisladoras del Congreso Nacional contaban con un título universitario o de educación superior, frente al 71% de los varones. En el Senado, el 90% de las mujeres tenían a esa fecha un título de educación universitaria o superior frente al 69% de los varones; mientras que en la Cámara de Diputados, el 76% de las mujeres tienen título universitario frente al 72% de los varones.

“Sistemáticamente las mujeres que se dedican a la política son juzgadas por su aspecto físico y no por su desempeño -relata Martelotte-. Se les exige mérito para entrar pero después se les evalúa su aspecto. Es muy contradictorio. No hay ningún modelo de mujer que esté bien visto en la política, las que son excesivamente femeninas como Cristina Fernández de Kirchner o como aquellas que deciden pintarse, vestirse y están pendientes, están mal vistas y se las critica”.

Y agrega: “Aquellas que se apartan del canon  y que les importa menos, también son criticadas por feas, por gordas por viejas. Es muy difícil ser mujer y ser política porque nunca vamos a dar con la norma. No existe ningún modelo de mujer que sea aceptado en la política”.

Las principales formas y manifestaciones que adopta la violencia política con­tra las mujeres en Argentina, son la psicológica (50%) y la simbólica (28%). En menor medida, las legisladoras refirieron a situaciones de violencia económica (22%). Por último, tanto la violencia física como la violencia sexual fueron reportadas en menos del 10% de los casos.

“Al principio de la encuesta no reconocían la violencia  y una vez que les empezabas a preguntar por cuestiones más específicas muchas nos agradecieron porque decían que era la primera vez que se ponían a pensar en estas cosas, lo veían como algo común, natural”, explica la investigadora.

58% de las encuestadas señaló que en el transcurso de sus trayectorias políticas se les ha impedido que asistan a reuniones importantes y/o en las que se toman decisiones, y un 44% que le han impuesto tareas ajenas a las atribucio­nes de su cargo vinculadas con tareas consideradas “típicamente femeninas”, como tomar notas u ocuparse de la organización y logística de encuentros y actividades.

“Necesitamos que haya más mujeres y para que haya más, tenemos que trabajar sobre estos problemas que están invisibilizados y naturalizados. No es algo natural que me hagan comentarios sexistas, que me callen, que me manden a hacer tareas que son ajenas a las responsabilidades del cargo si no que eso es violencia política”, sentencia Martelotte.

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