Redacción Canal Abierto | Los casos de abusos y violaciones por parte de miembros de la Iglesia católica arrastran casi 80 años, y con el paso del tiempo, fueron en aumento. Quienes dedican su vida a investigar la problemática, se mantuvieron escépticos durante la realización de la cumbre antipederastia que encabezó Francisco este fin de semana.

“No hay nada que se pueda señalar como quiebre respecto a este tema. Los que trabajamos este tema seguimos pensando que fue un gesto que forma parte de la estrategia comunicacional del Papa, que es audaz en comparación a los anteriores, pero se están demandando hechos concretos, y en ese terreno sigue sin haber nada, sólo expresiones de deseos para el futuro”, explicó Julián Maradeo, autor de La trama: Detrás de los abusos y delitos sexuales en la Iglesia Católica.

En un intento estratégico por demostrar que se está dando participación a las víctimas, se incluyeron algunos testimonios en el cónclave. Sin embargo, en los hechos, los sobrevivientes no tienen la posibilidad de actuar activamente.

Ejemplo de esto es el reclamo que desde SNAP (Survivors Network of those Abused by Priests) se hizo al Vaticano como estado miembro de las Naciones Unidas. En febrero de 2014, el Comité de Derechos del Niño emitió un informe crítico que señalaba que el Vaticano mantenía activo su sistema de encubrimiento de curas abusadores.

“La Santa Sede tenía tres años para contestar con otro informe que demuestre los cambios de fondo que estaba haciendo para revertir esa situación. Hasta el día de hoy no ha respondido”, comentó Maradeo.

Lo cierto es que esta falta de cambios concretos de fondo tuvo un fuerte impacto en las víctimas, que emitieron una serie de comunicados repudiando el discurso final de Francisco.

“Hemos presenciado un nuevo acto de simulación e hipocresía por parte de funcionarios de un Estado independiente, incumplidor serial de Convenciones internacionales sobre Derechos Humanos. Esta Cumbre confirma el estado de corrupción sistémica que impera en la Santa Sede, al evadir premeditadamente las exhortaciones que organismos internacionales le hicieran hace cinco años atrás”, comunicaron desde la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina.

“Oír el grito de los niños” fue una de las frases expresadas por el Papa antes de comenzar con este cónclave. A pesar de esto, el objetivo de proteger a los menores dentro de la iglesia perdió valor al sacar el foco de la pederastia eclesiástica y ponerlo, por ejemplo, en el seno familiar.

“El trato irrespetuoso, denigrante y revictimizante que tuvieron las víctimas – no permitiéndoles el debate “cara a cara”, dentro de las deliberaciones – demuestra el alto grado de miseria y cobardía de todos y cada uno de los jerarcas. También el desprecio y la cosificación de estas, tratadas como parias, verdaderos ajenos a lo que se estaba abordando. Estas acciones implican un retroceso sustancial ya que muchas víctimas dispuestas a denunciar pueden desistir de hacerlo y retrasarán o postergarán definitivamente su proceso de recuperación”, continuó el comunicado de los sobrevivientes.

Este accionar de la Iglesia está explicado en la obra de Maradeo, quien lo denomina como el manual de encubrimiento. “En el vaticano se decide atacar al problema cuando éste se hace público, y no cuando empieza a haber denuncias que, como mínimo, encienden una alarma”, expresó el periodista.

En Argentina, un caso paradigmático fue el de los cura italianos enviados al instituto Próvolo luego de haber abusado de chicos hipoacúsicos en los años 60 y 70. “Como mínimo, el Vaticano lo sabe desde 2008, cuando empiezan a haber movilizaciones en Roma. Lo cierto es que –como mínimo también- el Papa Francisco lo sabe desde octubre de 2015, cuando la asociación de sordos de Verona le entrega en manos (de lo cual hay registro fotográfico) un fichero en donde se describía el recorrido de todos estos curas que habían abusado en Italia, y muchos de ellos estaban en Argentina”, comentó Maradeo.

Y agregó: “Recién en diciembre de 2016 interviene el instituto Próvolo en Mendoza, un año después que le entregasen el fichero. Y lo hace por la denuncia que en ese momento se motoriza gracias a la vice gobernadora de Mendoza”.

En su libro, el periodista dedica un capítulo a los sobrevivientes. “No sólo buscan justicia, sino también poder revertir esta situación para que los chicos de hoy no atraviesen los padecimientos que les tocó vivir a ellos”, comentó.

Por otra parte está la lucha que va más allá de los pederastas. Es poder ir detrás del sistema encubridor que se ha desarrollado y modificado con los años. La Iglesia viene llevando esto sobre sí por más de 40 años y no para de esconderlo debajo de la alfombra.

“Lo esperable es que realmente los episcopados abran la puerta a la participación de las redes de sobrevivientes, en definitiva, a aquella voz que se han negado a escuchar por décadas. De esa manera, y a partir de la empatía, podría encontrarse la vuelta a un problema que para la Iglesia se ha convertido en una real bola de nieve y en una grave afrenta para su imagen que está atravesada por un discurso regido por la moral”, manifestó Maradeo.

Por su parte, el comunicado de las víctimas destacó: “Las 21 propuestas de esta iglesia/pastor mentiroso que fueron simples puntos de partida. No son otra cosa que medidas ya existentes, mecanismos obsoletos que sólo buscan blindar la institución a favor de los sacerdotes y monjas abusadores y –obviamente– en contra de las víctimas, a las que se les niegan los más elementales derechos y garantías”.

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