Redacción Canal Abierto | Lorenzo Loncon es el werken (vocero) de la Lof Paicil-Antriao, cuyo territorio se emplaza en la costa este del lago Correntoso, en el bellísimo paisaje de Villa La Angostura, Neuquén, desde tiempos inmemoriales.

“Cuando estaba este conflicto de límites entre Chile y Argentina, estas dos comunidades ya estaban reconocidas del lado argentino. Dentro de esta disputa territorial con Chile, el lonko Antriao ayudó con el bote, el lonko Paicil con los caballos, y el presidente Roca, el mismo que hizo el genocidio de la Conquista del Desierto, le entregó a estas familias esas 635 hectáreas con un título de ese tiempo que, lo hemos consultado con nuestros abogados, tiene vigencia”, explica.

Esas 635 hectáreas fueron fraccionadas en 133 partes donde actualmente viven 60 familias, cuyo título de propiedad -en manos de la comunidad- data de 1902. El lote pastoril número 9, como se llama para el catastro, corresponde a una de esas fracciones y las 87 hectáreas que pretende desarrollar el Fideicomiso Lago Correntoso, para un gran emprendimiento inmobiliario con el respaldo de los gobiernos provincial y nacional, son a su vez un remanente de ese lote originario.

Entre los inversores de este emprendimiento se encuentra el basquetbolista Emanuel Ginóbili, quien desde 2004 comenzó a comprar tierras en la cordillera patagónica. El proyecto incluye urbanización y hoteles de cientos de plazas sobre territorio reconocido a las comunidades y bajo el amparo de la Constitución Nacional de 1994, y sobre bosque nativo hasta ahora intacto. «Ahora Ginóbili nos acusa a nosotros por usurpadores ante la Justicia», explica el werken. Y allí se emplaza uno de los grandes conflictos que tiene la comunidad, que deberá enfrentar el juicio en octubre.

 

¿A quién le compró Ginóbili las tierras?

-A la familia Salamida, y ahí está la madre del cordero. Porque Salamida fue durante la última dictadura intendente designado de Villa La Angostura. Nuestro abogado, Luis Virgilio Sánchez, logró determinar que a Paicil, uno de los descendientes de ese título de 1900, lo hicieron firmar con el dedo en el Tribunal Federal de Zapala, que todavía sigue siendo el único. Y el Código viejo y también el actual es ilegal, así que ya ahí hay un vicio.

Según la memoria oral de la gente, este tal Salamida tenía un negocio en Villa La Angostura y les daba fiado a las personas a cambio de una cantidad de hectáreas. No hablamos de una manutención digna, sino que les daba lo que se estaba pudriendo. Pagó, como le dicen los abogados, un precio vil.

¿Hoy cuál es la situación catastral de esas tierras?

-El Lote pastoril número 9 lo sigue siendo porque nunca se ha logrado disgregar. Entonces los privados que supuestamente tienen papeles sobre alguna parte de ese territorio, allí sigue diciendo «Lote pastoril número 9, sección X». Pero eso no está saneado porque nunca lograron que ni el lonko Paicil ni el lonko Antriao firmasen para que puedan hacerlo.

¿Pudieron tener alguna entrevista con Ginóbili?

-Nunca, y tampoco él se expresa públicamente sobre este tema, así que siempre es la voz de sus abogados.

¿Por qué los acusa a ustedes de usuarpadores y no a Salamida de estafa?

-No lo sabemos porque no nos dan explicaciones.

Hace pocos meses, el abogado del deportista, Jorge Mena, sostuvo en declaraciones a Diario Andino: «Si a Ginóbili le pagan una indemnización, se retira, pero la intención de él es hacer un progreso para la zona».

 

Olvido estatal

Los conflictos no se reducen a Ginóbili. El año pasado, un hombre llamado Fabián Atilio Converti apareció diciendo ser el nuevo dueño de un lote que también es propiedad de la comunidad y donde se encuentra la obra en construcción de calle Traful. Allí pretende terminar una hostería en un territorio que está declarada Zona Roja en la jurisdicción municipal de la provincia de Neuquén.

La zona es, además, propicia para derrumbes, y varias de las obras ya los han provocado. “Está prohibido construir por las Leyes Nacional y Provincial de Bosques, y hay derrumbes por la inestabilidad de la tierra y la pendiente de 45 grados, sumadas al peso de los coihues que son árboles muy pesados y se vienen abajo. Los ingenieros vieron los negocios y no los riesgos ambientales”, explica el werken.

A él se suma el empresario local Martín Bianchini, quien quiere desalojar a una familia mapuche alegando propiedad sobre otra parte del Lote 9.

Por otra parte, que ese mismo lote no haya sido parcelado impide que se haga un tendido eléctrico en la zona y las familias del Lof Paicil-Antriao, al día de la fecha, no tienen luz eléctrica.

Tampoco recibieron ningún subsidio de los gobiernos municipal o provincial cuando se vieron afectados por la erupción del volcán Puyehue en 2011 –como sí lo hicieron algunos comerciantes de la zona-, ni fueron asistidas cuando hace poco quedaron incomunicadas por uno de estos derrumbes y la explosión de un camión de YPF.

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