Redacción Canal Abierto | “Mi posición es crítica y doblemente fundamentada», señala Héctor Giuliano, economista especializado en deuda externa, en relación al acuerdo alcanzado en la madrugada de ayer con los principales acreedores de bonos emitidos por el gobierno de Mauricio Macri. Una deuda, por cierto, que la propia gestión Cambiemos ya había declarado en virtual default (también conocido como «reperfilamiento») tras los resultados de las PASO de agosto del año pasado.

“La semana pasada -junto con dos personas amigas que también estudian este tema, Alejandro Olmos Gaona y Francisco Javier Llorens- dirigimos una carta al Presidente para advertirle la inconveniencia de suscribir a esta cuarta oferta que había presentado el propio gobierno por las consecuencias incumplibles”.

Lejos de los pronósticos optimistas, Giuliano remarca que no hay demasiado que festejar si se comparan las metas propuestas al inicio de las negociaciones y lo que se terminará firmando de acuerdo a los últimos anuncios. “Recapitulemos: ¿qué pedía originalmente Argentina cuando presentó su primera oferta a fines de abril pasado y qué es lo que se terminó aceptando? En toda renegociación de deuda, en caso de cesación de pagos como la Argentina, cuentan tres variables: primero, la quita que se pide como deudor para que te condonen y baje el monto; segundo, el plazo, es decir, cuánto tiempo te dan de respiro para que cumplas con las obligaciones; y tercero, la tasa de interés”, abre el juego en diálogo con Canal Abierto.

Empecemos por la quita de capital, ¿qué resultado ve en el acuerdo?

– En materia de quita sobre el capital nominal, que es el valor sobre el que se pidió el préstamo original, el Gobierno declinó pedirles quita a los acreedores. La primera oferta se hizo pidiéndole solo un 5,4% del valor de los títulos. Y estamos hablando de fondos buitre que compraron la deuda argentina a un 30% y ahora piden el 100%. Es decir que reconocerles el valor nominal de los títulos ya implica una ganancia de más de tres veces lo que invirtieron. El gobierno argentino presentó cuatro ofertas en estos meses, así que esta fue la quinta. En cada una fue declinando posiciones, mejorando la oferta, empeorando la posición argentina y mejorando la de los acreedores. En definitiva, declinó pedir el 5% y solamente tiene una quita del 1,9. Eso quiere decir que el que compró esos bonos a 30% va a cobrar 98%.

¿Y con respecto al plazo?

– Todos recordamos que tanto el presidente Fernández como el ministro Guzmán reiteraron que Argentina no podía pagar ni capital ni intereses hasta noviembre del 2023. Eso fue rechazado de plano por los acreedores en las sucesivas ofertas. Ahora se acordó que Argentina empieza a pagar en enero de 2021. Ahora estamos en agosto, así que tenemos que empezar a pagar en condiciones cuyos detalles aún no se conocen, después de un año que va a terminar en condiciones económicas y fiscales muy malas. Porque las medidas tomadas con la cuarentena implican un paro en la economía que ha provocado una recesión extraordinaria, con bajas de salarios reales por inflación y baja de salarios nominales gracias a que la CGT aceptó esas quitas. También bajas en las jubilaciones reales por inflación y nominales por la no aplicación de la movilidad jubilatoria. Esto es la economía general.

El gobierno tuvo que incrementar los gastos, no solamente en materia sanitaria sino también en el área social con medidas como el IFE. En paralelo a este aumento, cayó la recaudación… 

– Esto hace que el déficit fiscal se esté disparando al demonio. ¿Y cómo se va a cubrir? Con más endeudamiento. Es paradójico que en plena negociación y situación terrible para la economía y para las finanzas públicas, el gobierno cierre un acuerdo del que no hay la más mínima demostración de repago sino la idea de patear para adelante compromisos. Pero no estamos negociando con pequeños ahorristas, sino con los fondos buitre más pesados del mundo que -desde el punto de vista financiero- tienen más poder que el Estado argentino. En consecuencia, respecto a la variable plazo, no solamente tenemos que empezar a pagar antes, sino que están concentrando la mayoría de los vencimientos a menor plazo, de tal manera que en los plazos 2024-2025 y 2028/30 se concentran más de 14.500 millones de dólares de vencimientos de capital e intereses. Que los intereses se han ido corriendo desde diciembre hasta ahora, como el país no suspendió los pagos ni blanqueó su default e ignoró esa situación tremenda y aceptó pagar mientras negociaba, en ese interés se fueron sumando intereses impagos que totalizarían entre 6 y 7.000 millones de dólares más. Esto hablando de capital, unos 65.000 millones de dólares. A los que hay que agregar los intereses que -entre atrasados, corridos y capitalizados- sumarían uno 7.000 más. Así que tenemos que calcular que estaríamos hablando de unos  72.000 millones de dólares en total a negociar.

Así que en lugar de una quita tenemos un recargo, porque nos capitalizan los intereses impagos. Es como que fueras a un banco y mientras negociás, el banco te sigue recargando intereses como si fuera un reloj de taxi. Y cuando llegás a un acuerdo te plantea que esos intereses que deberías haber pagado, y pagaste una parte y otra no, por la parte que no pagaste te da un nuevo bono como parte de capital futuro que a su vez devenga intereses. Eso es usura pura, porque estás pagando intereses sobre intereses. Y eso es lo que hizo el ministro Guzmán con bonos que vencen en 2030. Los intereses se empiezan a pagar a partir del año que viene hasta el 2030.

Nos queda el tercer eje, la tasa de interés…

Argentina hoy está pagando una tasa de interés que, según el rendimiento, va entre el 7 y el 11% anual en dólares. Es la tasa de interés más alta del mundo. Ningún país paga tanto, como tampoco paga en el plano interno, con tasas del 30 al 40% y que durante el macrismo llegaron al 70%. ¿Qué tasa pactó Argentina? Es una tasa de interés creciente que empieza con menos del 1% pero que rápidamente va creciendo y se estabiliza en 5% de interés anual. Este es uno de los puntos que en esa carta conjunta que mandamos enfatizamos. Hoy en día, las tasas internacionales están entre el 0 y el 1%. El Tesoro de los Estados Unidos, como referencia, coloca bonos a 30 años que rinden el 0,25% anual. La Unión Europea, que está tratando de salvar países endeudados como España o Italia les va aprestar como forma accesible tasas que a lo sumo llegarían al 1%. Y Argentina, que está en cesación de pagos, no puede pagar ni el capital ni puede arañar el pago de los intereses porque se los están capitalizando está aceptando con este acuerdo tasas del 5%, o sea 5 veces mayores que el mercado internacional. Está negociando en el peor momento, porque es un momento de crisis y está por el piso y hay algo más grave, que es que no es solamente Argentina que ya venía de arrastre son que hay entre 40 y 50 países del mundo que están al borde del default porque esta crisis de la pandemia ha desequilibrado las finanzas públicas de muchos países, tanto de países en desarrollos como desarrollados. La Unión Europea y Estados Unidos están sufriendo las consecuencias de esta crisis.

Entonces el convenio que se estaba negociando con Argentina tenía una doble dimensión: por un lado, la nacional que es la que nos incumbe a nosotros en lo directo, pero también internacional. El Premio Nobel Joseph Stiglitz, que es además el mentor del ministro Guzmán, ha planteado el caso Argentino como una experiencia piloto. Con lo que se arregle con Argentina va a ser tomado en cierta medida como patrón o punto de referencia para los acuerdos que lleguen otros países. Con lo cual estamos sentando un mal precedente, por el cual en lugar de ayudar a los países que estén en situación de crisis parecida de default los va a agravar.

¿Cómo se lee este acuerdo en comparación con otras negociaciones de deuda?

– Está el caso de Ecuador, que ya ha llegado a un acuerdo desfavorable por su cuenta. O el caso de Líbano, que también está negociando al borde del default. Y hay varios países centroamericanos, por o hablar de Africa. Estamos viviendo el peor momento de la crisis económico financiera internacional y resulta que bajo esta circunstancia un gobierno que debiera haber y declaraba estar en imposibilidad de mejorar la oferta, al final termina aceptando condiciones que tienen un agravante adicional, que es que no se van a poder grabar porque bajo estas condiciones que se están delineando, cuyos detalles todavía no se conocen, no se cumple el principio de sostenibilidad de la deuda pública. Así que todo ese discurso de que no se va a apagar lo que no se pueda pagar y que tenemos que comprometernos solo a lo que podamos pagar, quedaría solo en el discurso. Así que, desde ese punto de vista, mi opinión es totalmente adversa a lo que se ha acordado. Estamos frente a una nueva rendición financiera, cosa que es una constante en Argentina. Cualquiera sea el color de los gobiernos de turno. Argentina lo viene sufriendo desde hace 40 años. Desde que con la dictadura se empezó a trabajar este sistema de deuda perpetua en la que el capital nunca se cancela, sino que se renueva y se hace roll over permanente y total de las obligaciones. Es decir, vence un bono viejo que se cambia por un bono viejo. Bajo este sistema de endeudamiento perpetuo no hay margen de maniobra ni de mejora.

Y ahora se abre un nuevo capítulo que es quien le pone el cascabel al gato. ¿Cómo va a presentar los números el gobierno? Al final se transigió un valor más cercano al que pedían los acreedores. Argentina empezó pidiendo en abril un valor presente de 39 dólares por cada 100 y los acreedores les pedían el 61. Ajustaron en 55. Esto quiere decir que los acreedores sacrificaron y Argentina aumentó 17 puntos el valor del dólar que les aceptó a los acreedores, que son lo fondos buitres que compraron títulos al 30%.

¿Qué pasa con los que no aceptan? ¿Hay riesgo de volver al ciclo de juicios como el de Paul Singer?

– Esto teóricamente evita esa situación. En estos bonos existen lo que se llaman Cláusulas de Acción Colectivas, por la que una mayoría obliga a la minoría. Cuando se reúne a una determinada mayoría de los acreedores que acceden a arreglar, la minoría tiene que aceptar esas condiciones. Eso antes no estaba previsto, pero después de las crisis del 2001, tanto los bonos que emitió el gobierno de Kirchner en los megacanjes de 2005 y 2010 como los que emitió Macri a partir de 2016 llevan estas cláusulas. Es más, las Cláusulas de Acción Colectivas, que con complejas en su aplicación porque se hacen por título y por serie de título, iban entre el 75% y el 66%, con Kirchner y Macri respectivamente. Esto significa que Argentina propuso lo siguiente: si más del 50% de los acreedores bajo ley extranjera están de acuerdo el resto tiene que aceptar. Y como el patrón del mercado es BlackRock, lo que ellos hacen es palabra santa. Si no se arreglaba con Black Rock y el resto de los fondos buitre como Templeton o Fidelity, ese porcentaje no se obtenía. Esto quiere decir que si se anunció un acuerdo el gobierno obtendría la mayoría mínima necesaria para obligar a que el resto se tenga que adecuar a estas condiciones y no haya juicios como hicieron en su momento en Nueva York. Esa es la carta de canje, arreglan, acepta la mayoría de los fondos acreedores y el resto se tiene que adecuar a esa oferta. Por eso la Argentina presentaba propuestas. Es un aspecto muy poco transparente, porque esos ignotos tenedores minoristas no sabemos quiénes son, pero yo sospecho que son testaferros de los grandes grupos. Porque es difícil que un pequeño ahorrista vaya a comprar bonos argentinos, salvo que lo haga con uno de estos monstruos de la bolsa que especula con la compra-venta de títulos. Pero lo concreto es que lo que se arregle con los fondos que han entrado a negociar con el gobierno dejaría arreglado el total. Igual hay un detalle, que es que esto no es inmediato. Hoy vencía el plazo que había dado Argentina para que los acreedores acepten esta última oferta. Como agravante el presidente se bajó un poco porque pedía un máximo de 53,50 y lo subió a prácticamente a 55. Además, va a mantener abierta la oferta hasta el 24 de agosto para que entren más acreedores como para ratificar que no hay problema en el acuerdo. Después de las formalidades, a partir de septiembre se instrumenta el acuerdo en los que los compromisos son que empezamos a pagar a partir de enero.

¿Cómo se paga esto? Porque estamos en un año en el que la economía viene parada a raíz de la pandemia del coronavirus.

– Esa es la pregunta del millón. Porque la cifra que está dando el ministerio de hacienda en cuanto a aumento de déficit fiscal son tremendas. El país está gastando más y recaudando menos. ¿De dónde va a sacar la plata? La respuesta está implícita en el acuerdo, porque la finalidad del acuerdo es doble. La primera derivación es que el gobierno acuerda con los acreedores la forma en la que va a pagar, pero concentrando los pagos en los próximos 10 años, arrancando fuerte en 2024, cuando el gobierno actual ya no está. Pero nada es gratis, porque por un lado logra cierto alivio, aunque empiece a pagar el año que viene. Pero con eso viene la segunda condición que es que al firmar un acuerdo con los acreedores el país queda habilitado formalmente para volver al mercado internacional de capitales a colocar más deuda. En vez de una tautología es un círculo vicioso. La finalidad del acuerdo es permitir el reingreso de Argentina al mercado internacional de capitales. Estamos festejando que vamos a poder volver a endeudarnos para poder pagar la deuda que convinimos pagar ahora. Con lo cual, la cuenta de endeudamiento va a subir tanto por lo que tenemos que cubrir como por las cargas de la deuda futura. Además, vamos a tener más déficit fiscal que cubrir. Por eso decía que no se cumple la primera condición autoimpuesta por el gobierno que era la de la llamada sostenibilidad de la deuda.

¿Qué se entiende por sostenibilidad de la deuda?

– La primera interpretación que puede hacer cualquiera es que la deuda se pueda pagar. Pero no, lo que implica en la jerga financiera y práctica quiere decir que se llega a un arreglo tal que se compromete a pagar religiosamente intereses y cumplir las condiciones que imponen los acreedores, con ese compromiso en mano el deudor puede pedir más deuda, garantizando la sostenibilidad del pago de los intereses de la deuda para hacer la renovación del capital. Porque el capital nunca se cancela, es perpetuo. Se va renovando y el prestamista, como todo usurero, gana en tener al deudor apretado con una deuda perpetua renovándole contantemente la deuda y cobrando intereses. Esta encerrona, que es el abc de la deuda, no solamente va a seguir existiendo, sino que, como paradoja, los gobierno presentan sus claudicaciones como victorias. Ahora lo están felicitando al gobierno. Cuando aparezcan todos los economistas del establishment seguramente van a felicitar la razonabilidad del gobierno y vender expectativas. Pero queda la pregunta de quién y cómo se paga esto. Y la respuesta es con más ajuste fiscal. Es como dijo el economista Guillermo Calvo el año pasado: un gobierno populista puede llegar a hacer el ajuste de manera más fácil porque va a tener menos resistencia social.

Y falta la deuda con el FMI

– La situación del Fondo es un capítulo aparte porque el Fondo fue cómplice. Como bien dijo en su momento el presidente Fernández, aunque después no actuó así, el FMI fue corresponsable de esto. Macri vino a gobernar con deuda y en dos años tomó deuda de manera irresponsable por más de 86.000 millones de dólares, que es más o menos la misma cifra que se fugó del país en ese tiempo. En dos años llevó al país a la cesación de pagos, que fue la crisis de abril de 2018. En ese momento, si Macri hubiera tenido un mínimo de honestidad y dignidad tendría que haber abierto las negociaciones de reestructuración de deuda con los acreedores. Si él llevó al país al default tendía que bancarse él la renegociación. Pero lo que hizo fue pedir un salvataje al Fondo para que lo bancara financiera y políticamente para poder completar el mandato. Y el fardo de la bomba de tiempo de la deuda se la pasaba al gobierno siguiente, que fue lo que pasó con la asunción de Fernández. Para mí, el agravante de Fernández es que en ningún momento dijo nada de esto. Muchos lo marcábamos desde el primer momento, pero la clase política parece que nunca se anotició de la situación. Nadie estaba denunciando a Macri por ser un irresponsable que en complicidad con los acreedores estaba tomando más deuda impagable para Argentina. Sin embargo, esto ocurrió bajo las narices de todo el mundo y nadie dijo nada. En ese momento, Macri contó con la complicidad tanto de los acreedores que aprovecharon a baja de los bonos que compararon a precio basura como del FMI que autorizó con los elogios de Lagarde un endeudamiento que tampoco podía pagar. Mientras que el Fondo es cómplice de este desastre, también es el aliado que apoya a Argentina y felicita el acuerdo con los acreedores y después van a hacer lo suyo que es lo que se supone que es cambiar el actual acuerdo stand by que es por tres años y que ya vence por uno más largo, que se llama de facilidades extendidas. Por lo cual, el Fondo alargaría un poco más los plazos hasta 10 años de plazo. Con esto, le daría una refinanciación a mayor plazo. Pero esa refinanciación tampoco es gratis. Por ejemplo, Macri concertó el megapréstamos por 57.000 millones de dólares, que fue el préstamo más grande tanto para el Fondo como prestador como para Argentina como receptor. De esos 57.000 millones el Fondo desembolsó 44.000 y ahora la deuda con el Fondo es de 49.000, porque desde que se otorgó hasta ahora el Fondo le va devengado 5.000 millones de interés. Así que ahora Argentina tiene que renegociar el acuerdo que firmó Macri y no pudo cumplir, los intereses acumulados atrasados que tampoco se puede pagar y pedir condiciones de refinanciación, que cuando son bajo facilidades extendidas se hacen contra condiciones de ajuste que son más duras y severas que las que se hacen bajo acuerdo stand by, según el reglamente del Fondo. Así que después de cerrar este acuerdo con los acreedores, nos espera la negociación con el Fondo, simultánea con la de los acreedores internos.

Desde el gobierno se plantea que este es el mejor acuerdo posible. ¿Cree que podría haber habido otra alternativa?

– Cuando los fondos rechazaron la cuarta oferta el gobierno debió haberla retirado y replantease los términos de la negociación pidiendo el principio de igualdad financiera según el cual la Argentina tenía que renegociar su deuda a las tasas de interés internacionales. Así como hacen los países europeos, Argentina podría refinanciar a 30 años a una tasa del 1% que es lo que corresponde por justicia a nivel internacional. ¿Por qué Argentina tiene que pagar tasa 5 veces más altas que el mercado internacional con las que va a tener una carga pública que le va a restringir su crecimiento? El gobierno plantea que hay que llegar a un acuerdo para poder crecer, pero la deuda es el principal obstáculo del crecimiento.

 

Recibí más periodismo de este lado

Nuestros temas