Por Inés Hayes* | El cielo está nublado y viene la lluvia. Yamila acaba de salir de una reunión con organizaciones sociales para ver cómo seguir sosteniendo la toma. “Somos 2500 familias. En teoría se adjudican varios la tierra, pero nadie presentó papeles que lo acrediten. Estamos asentados desde el 20 de julio. Los medios se encargaron mucho de correr el eje central para respetar la supuesta propiedad privada de esos dos o tres burgueses que están en la Argentina pero al pobre, al eslabón más débil de la sociedad, se lo criminaliza porque les es más fácil judicializar que ver el trasfondo, que es una cuestión económica, de hábitat, habitacional”, dice mientras desayuna rápido para volver a Guernica.

Esta mañana, la carta (ver recuadro) que Yamila y las otras Mujeres en Lucha de la Toma de Tierras de Guernica escribieron a las ministras de Mujeres, Género y Diversidad de Nación y provincia de Buenos Aires, Elizabeth Gómez Alcorta y Estela Díaz, llegó a las redacciones de los medios de comunicación.

Yamila tiene 25 años, acaba de recibirse de trabajadora social y se quedó sin trabajo por la pandemia. La suya es una de las familias que resisten el frío, el hambre y la brutalidad policial en tierras sin dueños de la localidad bonaerense de Presidente Perón desde el 20 de julio. En su carta, piden que no las desalojen y que el Estado garantice alimentos y viviendas dignas para ellas y sus 3000 hijos e hijas.

 

Entre la violencia y el desempleo

La mayoría de quienes se asentaron el 20 de julio son mujeres jóvenes, víctimas de violencia de género: “Se fueron de sus casas para resguardar su vida y las de sus hijes. El Estado no está garantizando ni cuidando los derechos de las niñeces. Estamos pidiendo también alimentos y elementos sanitarios que no se están tomando en cuenta”.

Otras, muchas, familias quedaron en situación de calle en los últimos meses porque tuvieron que decidir entre pagar un alquiler o comprar comida y pañales. “Somos trabajadores y trabajadoras y la pandemia hizo que no podamos seguir pagando alquileres. Nos quedamos sin trabajo y quienes teníamos un pequeño ahorro, se nos fue en cuentas en los primeros dos meses. Yo trabajaba de moza, en gastronomía, uno de los sectores más golpeados, con eso pagué mis estudios y acabo de egresar ahora en agosto”, describe Yamila.

Los días de frío son más fuertes que en otro lado y los de lluvia se sienten con fuerza. “Hacemos ollas populares, recibimos donaciones de vecinos, de organizaciones sociales y así nos sostenemos”, explica. Y en relación a los cuidados contra el coronavirus detalla: “nos estamos cuidando bastante, estamos con tapabocas y barbijos y creamos una posta sanitaria con algunas chicas enfermeras, promotoras de salud y socorristas que están dentro del asentamiento”, detalla.

Luego invita: “Hay una solicitud de orden de desalojo, pero nuestros abogados están viendo de apelar. Mañana vamos a hacer un abrazo colectivo al Municipio de Presidente Perón, a las 10 de la mañana”.

 

Carta abierta a las ministras

A las Elizabeth Gómez Alcorta y Estela Díaz, ministras de Mujeres, Género y Diversidad

Somos mujeres de la toma de tierras de Guernica, Presidente Perón. Les escribimos desde la toma, donde nos encontramos con nuestros hijos y compañeros peleando por una tierra para vivir.

Muchas de nosotras hemos sufrido violencia de género y, sin poder tener otro recurso, tuvimos que abandonar la convivencia con nuestros violentadores para poder estar a salvo. Vinimos con lo puesto, no tenemos nada más. Muchas de nosotras somos jefas de hogar y madres solteras. Hay entre nosotras trabajadoras de casas particulares, que fuimos echadas de nuestros trabajos durante la pandemia, y otras trabajábamos de changas, viviendo el día a día, pero nuestros ingresos se vieron perjudicados por la difícil situación sanitaria que está viviendo el país. Nuestros compañeros han quedado sin trabajo, sin ingresos. En algunos casos, teniendo que devolver incluso los carros que les habían prestado para juntar lo poco que podían.

Esta pandemia que agarró haciendo muchísimo esfuerzo para poder pagar un alquiler que no baja de los cinco mil pesos, para poder afrontar el pago de las tarifas, y para poder alimentar a nuestros hijos. En nuestro caso, no pudimos afrontar más ese costo, y muchas de nosotras nos vimos frente a la peor decisión que puede vivir una madre: elegir entre pagar un alquiler, o comprar comida y pañales para nuestros hijos.

Frente a esta situación, desde el 20 de julio estamos realizando una ocupación pacífica y tomamos en nuestras manos el reclamo por una vivienda digna que nos ha sido negado. Junto a nuestros compañeros, tomamos las tierras que se encuentran en los campos de Numancia y San Martín, en Guernica. Son tierras que no tienen dueño. Así lo han constatado los abogados solidarios que nos están ayudando para poder llevar adelante nuestro reclamo.

Pasar las noches acá no es nada fácil, señoras ministras. Nuestro hogar son carpas hechas con cartones, lonas y chapas. Tenemos que abrigarnos del frío y de la lluvia con lo que no tenemos, ayudándonos entre nosotras, fortaleciendo estos lazos de solidaridad que tan fuertemente hemos tejido, organizando ollas populares y merenderos para que los más de 3 mil niños y niñas que están acá, nuestros hijos, no pasen hambre y puedan tener al menos una comida al día.

El apoyo de organizaciones solidarias y de vecinos de la zona que estamos recibiendo es esperanzador. Nos ayudan con colectas, nos aconsejan, nos empujan para adalante a no bajar los brazos.

Sin embargo, estamos sufriendo todo tipo de hostilidades. La policía, que nos hostiga y amedrenta permanentemente. Los medios de comunicación intentan distorsionar la veracidad de nuestro reclamo, acusándonos de las cosas más horribles. Algunos políticos piden que “la Justicia actúe” y nos saque de estas tierras. En algunos casos, como Sergio Berni, han llegado a pedir que nos metan presas. Les preguntamos ¿por qué la condena antecede al entendimiento? Ellos, con sus decisiones de vista corta, alientan a que se nos condene.

Nosotras, sin embargo, no bajamos los brazos. Venimos buscando en la fuerza de nuestra organización, el valor que necesitamos para salir adelante, por nosotras, por nuestros chicos, y también por nuestros compañeros.

Vimos durante estos años la fuerza que cobró el movimiento de mujeres que salió a las calles en defensa de sus derechos, contra la violencia de género, peleando por una vida sin miedo, una vida digna, una vida que merezca ser vivida. ¿Saben, señoras ministras? Esa es la consigna que más fuertemente levantamos quienes estamos acá.

No tener vivienda también es violencia. Derecho a la vivienda, a la niñez. 3 mil niños

Esa marea que inundó las calles del mundo con especial fuerza en nuestro país, nos inspira y nos llena de energía. Por eso, señoras ministras, creemos que nuestro reclamo es justo. En las últimas horas nos hemos enterado que la Cámara de Apelaciones de La Plata dio la orden para desalojarnos, nos preguntamos ¿dónde quieren los señores jueces que vayamos a vivir? Esta decisión solo nos arrojará a la calle, de donde vinimos. Quizás estos señores no entiendan que violencia de género también es no tener una vivienda digna, y un acceso a la niñez con plenos derechos.

Les pedimos que nos acompañen, que nos ayuden a echar atrás el desalojo. Que se hermanen con nuestro reclamo de #NiUnaMenosSinVivienda.

Esperamos una pronta respuesta,

Mujeres en Lucha de la Toma de Tierras de Guernica.

 

*Agencia ACTA-CTA

Foto: Ricardo Pristupluk / La Nación

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