Al alcance de la mano Por Hernán López Echagüe

El bienestar de los despachos, de los apartamentos, de las residencias y de los comercios a cada paso y de los edificios de las grandes ciudades; la melancólica hipnosis de los centros comerciales, el florecimiento de la entrega a domicilio, los hipermercados. La conjetural real realidad en la pantalla de la computadora o del celular. La vida, en fin, al alcance de la mano. Una existencia condenada a perdurar, displicente y solitaria, entre cuatro paredes. Un estado de las cosas que desvanece la curiosidad por saber el origen de todo lo que proporciona una vida, a veces, una vida llevadera. El agua, la energía eléctrica, el gas y el combustible; la lechuga, las pilas alcalinas y la pata de pollo; la manzana y el filé de merluza, la leche y las flores, el papel satinado y superfluo para envolver un regalo, el trozo de carne asada y las papas, fritas o hervidas o a la crema. En las grandes ciudades el agua brota de la canilla con toda amabilidad. Basta pulsar o girar un grifo y ahí está, fría si el grifo escogido lleva una perla de plástico azul, caliente si la perla es roja, tibia si tenemos habilidad para entremezclar el favor de uno y otro grifo. Agua que corre y a nadie le interesa saber de dónde diablos viene, agua continua y, al parecer, eterna, fruto de la ventura, que bien puede correr y correr, y, si no estorba el sueño, escurrirse, poco a poco, en gotas, hacia el túnel del lavabo, por horas y horas, porque en las horas de la vida no hay tiempo para otra cosa que no sea deambular y estar, sin ser, sin saber ni conocer ni preguntarse qué, por qué, hacia dónde, errar, desplazarse, consumir lo que la pálida dicha de un fraguado deseo de permanencia indica, cómo oponerse, qué razones esgrimir sin caer en el ridículo de la interrogación, vamos, hombre, si la vida es así y así es la vida, obsequiosa y magnánima. Daría la impresión de que todo, absolutamente todo, siempre estuvo allí, antes que el verbo, la palabra y la música; todo al alcance de la mano, aguardando a ser consumido y dilapidado. Despertar y usar, caminar y gastar y corroer.