Redacción Canal Abierto | Las paredes de las principales ciudades de Chile son un texto. Intervenidas de mil formas y colores, guardan la memoria viva de las luchas del pueblo por sepultar el origen de una democracia nacida de la mano del dictador y tutelada por sus herederos. El pasado domingo 25 de octubre, el plebiscito para decidir el cambio constitucional echó una gran palada de tierra a la fosa de un sistema político que hace tiempo huele mal.

Algunas de las miles de frases que pueden leerse en los muros: “Chile despertó”, “Paco edúcate”, “Estado asesino”, “Pacos QL (culiaos), “Fuera Piñera”, “Chile decide”, “Salgan a la calle”, “Vencer o vencer”… Esta última se une a un testimonio de un joven que decía “se metieron con una generación que ya no tiene nada que perder, ya no tenemos nada”. Ya no hay patria o muerte: vivir o vivir.

El resultado del plebiscito fue contundente. El “apruebo” a una nueva Constitución llegó al 78 por ciento; y la opción de Convención Constitucional se impuso con un 79,10 por ciento frente a la de Convención Mixta (20,90%). Esto implica que se elegirá por voto popular a 155 constituyentes con paridad de género, frente a la segunda opción que pretendía incluir un 50 por ciento de parlamentarios en ejercicio.

El Dato: de 564 comunas a lo largo de todo Chile solo 5 rechazaron la posibilidad de cambiar la Constitución. En las comunas de Vitacura, Las Condes y Lo Barnechea –en la región Metropolitana de Santiago–, Colchane (Tarapacá) y La Antártica (Magallanes) triunfó el “rechazo”.

A su vez, esta fue la elección de mayor participación absoluta desde el retorno de la democracia, con un poco más de 7.500.000 votos emitidos. En porcentajes sólo creció un 2% respecto a la última elección presidencial, pero es relevante si se tiene en cuenta el contexto de pandemia y que el voto no era obligatorio.

“Hay tres cosas fundamentales que se conquistaron en todo este proceso y ayer tuvieron un momento fundamental. Primero, que llegáramos a un plebiscito constitucional fue porque el pueblo chileno movilizado y autoconvocado le impuso al sistema político –al Parlamento y al Ejecutivo– la necesidad de un cambio de la Constitución. Ese plebiscito fue convocado para darle una salida a la crisis institucional y política que tiene que ver con la disputa sobre el modelo de desarrollo actual y un cambio de modelo de desarrollo para el Chile del futuro”, sostiene en diálogo con Canal Abierto Esteban Silva, integrante de la plataforma Chile Mejor Sin TLC, de la Fundación Constituyente XXI y de Unidad Social, uno de los colectivos que dinamizó el camino para llegar a la Constituyente.

“El pueblo chileno fue mayoritariamente a votar y el triunfo del apruebo y de la opción de una Convención Constitucional fue arrasador. A pesar de todas las limitaciones previas que puso el gobierno de Piñera a este proceso, que no quería desde el origen el cambio constitucional y tuvo que cederlo; la represión desatada contra la revuelta social desde el 18 de octubre de 2019 hasta hoy; el uso y abuso de la situación de COVID; etc.”

¿Qué quedó demostrado el domingo?

-Los resultados demuestran que la gran mayoría del pueblo chileno quiere no sólo un cambio de la Constitución sino también que la Convención Constitucional se transforme y tenga las facultades de una Asamblea Constituyente Originaria. Que no sólo redacte la constitución de Chile sino que además subordine y pueda reformar a todas las instituciones del país.

Aquí hay una crisis institucional de envergadura. El resultado tan arrollador a favor del cambio de la Constitución debería transformar el mandato de todas las instituciones de la sociedad chilena para que sean refundadas a la luz del cambio de la Constitución.

 

Hay un camino largo aún para llegar a que la Asamblea esté en sesiones. ¿Qué pasos crees que deben darse?

-Primero, permitir que los independientes, las organizaciones sociales, la ciudadanía tengan una posibilidad de electividad que no esté restringida por la actual ley electoral. Hay un conjunto de temas que tienen que ser resueltos y despejados para permitir de verdad que este cambio de la constitución tenga una participación mayoritaria de los ciudadanos sin la tutela o las restricciones de la actual ley de partidos políticos.

Segundo, hay que mantener la movilización social y la afirmación de las demandas económico sociales que tiene el pueblo de Chile que están en conflicto con el modelo económico neoliberal actual administrado por Piñera.

Y tercero: hay que armar un proceso constituyente ciudadano que acompañe el proceso institucional pero que lo desborde y se autoconvoque. Tiene que haber una asamblea popular constituyente en cada comuna, que escale a niveles regionales y después a nivel nacional. Que permita al pueblo recuperar espacios de participación que no están en la institucionalidad actual y generar la Propuesta Constitucional del Pueblo y que esta sea luego compatible con la elección. Que las candidatas y candidatos tengan prácticamente mandato a la convención constitucional a través de esta Propuesta.

Esteban Silva en la Plaza de la Dignidad

¿Qué papel deben jugar los partidos que hasta hoy fueron parte del status quo de este sistema institucional? 

-Los partidos políticos que son transformadores, anti neoliberales, tienen que saber escuchar esta decisión tan categórica del pueblo que se volcó a las urnas. Particularmente muchos jóvenes, nuevas generaciones, gente que no había votado. Donde hubo más votación y subió la tasa de participación fue en las comunas populares de todo Chile, allí donde hay mayores tasas de pobreza y desempleo, allí subió la participación de los jóvenes.

La clase política tienen que leer esto y abrir espacio a la participación de independientes y de dirigentas y dirigentes de movimientos sociales y populares a la convención y poner a sus partidos al servicio de esa política y no mantener el actual sistema que impide la participación.

 

¿Votó la primera línea?

La primera línea estuvo votando y la última también. Aquí hay una larga lucha del pueblo. Los jóvenes tienen la posibilidad y el deber de encabezar los cambios, de empujar los límites, de levantar las banderas, pero al mismo tiempo las anteriores generaciones que mantuvieron esas luchas también han estado en esta lucha; aquellos que no aceptaron esta transición pactada que dejó al pinochetismo sin Pinochet incólume.

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