Por Melissa Zenobi | Todos, todas y todes recordamos de alguna manera qué estábamos haciendo el 19 y 20 de diciembre de 2001, los días del estallido de una rebelión que se gestó al calor de las ollas, puebladas y piquetes en toda la Argentina. En las fábricas tomadas, en las asambleas comunitarias, en los cortes de rutas y en los comedores populares iba creciendo la organización y tejiéndose esta revuelta que dijo “Basta” a un modelo económico, político y social.

“¿Por qué queremos hablar del 2001 después de 20 años? Porque todavía nos interpela, Porque creemos que aquella rebelión popular aún tiene mucho por decir”. Florencia Vespignani, Pablo Solana, Nadia Fink, Martín Azcurra, Natalia Revale y Chempes reúnen relatos y vivencias en torno a esta revuelta histórica en el libro: “2001 No me arrepiento de este amor. Historias y devenires de la rebelión popular”.

Empezando por el estallido, la primera crónica cuenta sobre aquellas largas y calurosas horas del 19 y 20 de diciembre. En la Ciudad de Buenos Aires, pero también en las provincias, los hambreados y los ahorristas se unían por primera vez para ganar las calles bajo la emblemática consigna: “piquete y cacerola, la lucha es una sola”.

Con las Madres de Plaza de Mayo al frente, una multitud se convocaba para llegar a la Plaza y también al Congreso Nacional, mientras puertas adentro de la Casa Rosada el gobierno desgastado de Fernando de la Rúa no tenía otra opción que escuchar al pueblo movilizado. El resto es historia conocida: el helicóptero, la represión, cinco presidentes en una semana. 39 fueron las y los muertos del 19 y 20 de diciembre, 6 de ellos en Capital Federal que también contó a más de 100 heridos.  Por esos días unas 4.500 personas fueron detenidas en todo el país.

La rebelión, tal como lo entendieron las y los autores de este libro, se nutrió de numerosas rebeliones previas. Historias de héroes y heroínas populares –algunos de ellos anónimos, otros no tanto-, pero también de procesos organizativos colectivos, recobran vida para dar cuenta de que el 2001 es todavía un proceso inconcluso. “Los relatos de este libro celebran historias de compromiso y lucha social, potentes energías vitales de nuestro pueblo. Elegimos poner la lupa en el activismo, las emociones, las ideas y los empujes”, señalan.

El Pocho Lepratti, Norma Pla, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, Martín “el Oso” Cisneros, La Negra Avedaño, son algunos de esos imprescindibles que dejaron huella y fueron semilla para las generaciones que vinieron atrás.

Pero el trabajo también recoge el rol clave que tuvieron y siguen teniendo los héroes colectivos: las brujas piqueteras que entendieron que lo que verdaderamente cambia la vida de las personas es organizarse y luchar; la resistencia de un feminismo intuitivo que nacía en las calles; el trabajo cotidiano en las empresas tomadas;  las resistencias en Cutral Co; la incansable lucha de las Madres de Plaza de Mayo y el legado siempre presente de las y los 30 mil detenidos desaparecidos.

La rebelión de las travas

Entrevistadas por Nadia Fink, las activistas trans Marlene Wayar y Susy Shock recuerdan su participación durante los días calientes de diciembre 2001. Donde estaban, con quien y a qué revuelta se sumaron, y una certeza clara de lo que dejó la gesta: “Nunca más me sentí sola después del 2001”.

20 años más tarde, y con mucho activismo acumulado, Marlene Wayar trae la memoria de una sensación que para ellas era nueva: “había como una sensación muy grande de sentirse parte: que se acercara alguien y te ofreciera agua en el camino, que te dijeran “vamos todas compañeras. Y las chicas decíamos `guau´. Muy fuerte, muy lindo”. ¿Y qué quedó, qué se acumuló?: “A mí me gusta pensar, veinte años después, en lo mínimo que ha sucedido, lo pequeño, lo más cercano que ha sucedido. El éxito es cómo hacer crecer y sostener eso pequeño”, reflexiona Susy.

Esta parte del libro trae además el recuerdo de Diana Sacayán y las reflexiones que dejó al respecto Lohana Berkins: “El 19 y 20 de diciembre significó para las travestis que por primera vez nos sentimos unidas en un reclamo común: el no rotundo a la imposición del estado de sitio. Vale ahora plantear la diferencia: para las travestis el estado de sitio es a diario”.

Y es que las travestis venían de una larga lucha que en 1998 consiguió la derogación de los edictos policiales que habilitaban la violencia contra ellas en las calles. De allí surge el primer Código Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires donde se eliminaron figuras como “llevar prendas del sexo contrario”, que alivió a las travestis y mujeres en situación de prostitución.

No hay patrón en Zanón

La lucha de las y los obreros de una de las fábricas más importantes de porcelanato de América Latina tiene su punto determinante en el 2001. En abril de ese año realizaron una huelga de 34 días para resistir al intento de Luigi Zanón de suspender trabajadores. Cuando en septiembre de ese año, se anunciaron despidos masivos, las y los trabajadores tomaron la planta. La permanencia en Zanón fue rápidamente abrazada por sindicatos, estudiantes, y organizaciones. En marzo del 2022 FaSinPat –ex Zanón-, comenzó a producir sin patón.

“Zanón se hizo fuerte y el ejemplo de control obrero se irradió hacia todo el país: fueron cientas las empresas tomadas y puestas a funcionar por los trabajadores y trabajadoras ante los intentos de vaciamientos patronales”, explica el comunicador Pablo Solana.

Memoria y lucha

A 20 años del 19 y 20 de diciembre, aún no están confirmadas las condenas de funcionarios políticos y los agentes policiales responsables de la represión en un juicio que finalizó en mayo de 2016. Enrique Mathov, funcionario político a cargo de las fuerzas de seguridad federales; Rubén Santos, quien era el comisario a cargo de la PFA y Norberto Gaudiero, comisario a cargo de las operaciones de la PFA, tienen penas de entre 3 y 4 años en suspenso.

En este sentido, sus autores y autoras sostienen que el reclamo contra la impunidad sigue vigente: “Somos un pueblo con memoria, en eso reside parte de nuestra fuerza. Por eso sigue siendo necesario alimentar los reclamos de justicia. Claro que solo habrá verdadera justicia cuando, siguiendo los versos del poeta nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy, podamos decir `¡Buenos días! Sin mendigos en las calles´”.

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