Redacción Canal Abierto | Yohandri Varona Torres es un militar cubano. El 3 de enero pasado, cuando Estados Unidos atacó Venezuela y secuestró a su presidente, llevaba apenas dos meses y seis días integrando la Seguridad Personal de Nicolás Maduro, haciendo honor a la tradición internacionalista de su país enarbolada por Fidel Castro y el gobierno revolucionario.
El viernes 16 de enero participó de un homenaje a sus 32 compatriotas caídos en la invasión norteamericana, desarrollado en el Salón de Protocolo Nicolás Guillén en Camagüey, su ciudad natal. Habló poco, pero pudo reconstruir lo que fueron esos momentos de fuego cruzado que pusieron al mudo en alerta.
A las 12 de la noche se puso en su posición, le correspondían seis horas de guardia. Y aunque todo se veía tranquilo Yohandri sabía que el mayor peligro estaba en confiarse. Por eso cumplía su guardia con un celo rayano en el exceso.
Eran cerca de las dos de la mañana cuando vio al primero de los helicópteros del grupo de comandos estadounidenses que esa madrugada desembarcaría en Caracas para secuestrar al jefe de Estado de la Republica Bolivariana.
Apenas tuvo tiempo de salir de la posta en la que cumplía el servicio para parapetarse a unos metros de distancia y comenzar a disparar. A esa decisión, o a la suerte, le debe la vida. Como si se guiaran por un plano de exactitud milimétrica los atacantes dirigieron su fuego contra la caseta que hasta solo unos segundos antes había ocupado.
“Tenían mucho más poder de fuego que nosotros -narra Yohandri-, que solo contábamos con armamento ligero. Lo otro a su favor es que parecían saber dónde quedaba todo. Así le tiraron a las postas y a los dormitorios donde estábamos los cubanos y lograron matar, entre los primeros, a los jefes”.

Con 23 años de experiencia en el Departamento de Seguridad Personal y grado de primer suboficial, nunca había vivido nada ni parecido. Pero en el entrenamiento le habían enseñado bien y esa madrugada vació cargador tras cargador disparando contra los enemigos. “Había que tirar y tirar. Defender y matar”, sentenció.
“Nos batimos ahí contra los aviones que estaban ametrallándonos. A pesar de que nuestro armamento era más pequeño no dejamos de pelear, nos enfrentamos. Tengo mi preparación y sé cómo combatir, pero eran superiores a nosotros. En ese momento mi único pensamiento fue batallar. Había que tirar y empecé a hacerlo”, contó.
“Todo estaba oscuro –siguió-. Si un helicóptero viene para arriba de ti, lo único que te queda es tirarle y defenderte. Así fue. Hasta el último momento estuvimos disparando”.
“A pesar de su ventaja de fuego, estoy seguro de que les hicimos bajas. Más de las que ellos reconocen. Nos batimos duro. Seguimos tirando hasta que casi todos fuimos cayendo, muertos o heridos”, describe.
No fue un combate rápido, ni fácil, como en principio intentaron hacer creer Trump y sus voceros. Con el paso de los días se ha ido confirmando que solo la muerte y la falta de municiones consiguió apagar la resistencia de los cubanos.
Yohandry recuerda todo con una lucidez terrible. Sus ojos parecen repasar una a una las imágenes. Llora. Llora de rabia. Nunca podrá olvidar el enfrentamiento, dice, pero sobre todo las horas posteriores, en que los sobrevivientes del grupo debieron trasladar los cuerpos de sus compatriotas caídos.
“Los cargamos y llevamos hacia un edificio, que había sufrido daños pero nos permitía guarecerlos. Fue muy duro, porque eran hombres a los que conocíamos, con los que habíamos convivido hasta pocas horas antes. Pero los llevamos a todos, no abandonamos a ninguno”.
“Nuestros compañeros son una gloria para toda Cuba. Ellos eran mis hermanos. Estaban conmigo trabajando. Los vi caer a todos y a todos los cargué. Allí no hubo apoyo de nadie para eso, pero ningún cuerpo quedó en el campo. Los preservamos en un dormitorio de nosotros. No puedo explicar el dolor. Pero al menos nadie se quedó en Venezuela. Aquí están, en nuestra Patria”.

“Cuando empiezan a caer las bombas en lo único que se piensa es en combatir. Estábamos allí para eso y fue lo que hicimos. Solo me queda el dolor de que no pudimos pararlos. Y este dolor –dijo mientras se golpeaba el pecho-, tengo que desquitármelo con el enemigo”.
El 6 de enero, el gobierno cubano publicó las identidades de los 32 cubanos miembros de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior que murieron en Venezuela, un listado que incluye a dos coroneles, un teniente coronel, cuatro mayores y otros grados castrenses, de entre 26 y 67 años. Todos actuaban en el primer círculo de seguridad personal del líder chavista y fueron promovidos de grado de manera póstuma.
“Con mi país estará siempre mi disposición para contrarrestar al enemigo donde haga falta. Así nos enseñó el Comandante. Y tampoco puede ser en vano la muerte de mis compañeros”, sintetizó Varona Torres.

Fuentes: Periódico adelante.cu y Club Argentino de Periodistas Amigos de Cuba.
Foto principal: Homenaje a los oficiales cubanos que murieron durante la operación estadounidense en Venezuela. Ceremonia celebrada en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en La Habana, Cuba, el jueves 15 de enero de 2026. Crédito: Ramón Espinosa / AP. Tomada de france24.com.

