Redacción Canal Abierto | Con llamas que superan los 50 metros de altura y el avance acelerado por efecto del viento, cientos de brigadistas continúan trabajando en Chubut para resguardar poblaciones cercanas, inmuebles y animales.
En la noche del lunes, el fuego rodeaba la localidad de Cholila y avanzaba peligrosamente en dirección a Esquel.
La situación, lejos de ser un hecho aislado o imprevisible, expone una combinación explosiva: condiciones climáticas extremas, años de desinversión en políticas de prevención y combate del fuego, y la inacción de los gobiernos nacional y provincial frente a una emergencia que se repite cada verano con consecuencias cada vez más graves.
En el territorio, brigadistas, bomberos voluntarios y vecinos autoconvocados son quienes sostienen la primera línea de respuesta, muchas veces sin el equipamiento adecuado y con recursos mínimos.
Desde las zonas afectadas se multiplican los testimonios que describen un escenario crítico. Falta de aviones hidrantes, escasez de herramientas básicas, turnos extenuantes y salarios precarios para quienes arriesgan su vida combatiendo el fuego.
A esto se suma la ausencia de asistencia integral para las comunidades afectadas: no hay dispositivos suficientes de evacuación, ni centros preparados para alojar a las familias desplazadas, ni ayuda económica inmediata para quienes lo perdieron todo.
La localidad de Cholila, uno de los puntos más golpeados, se convirtió en símbolo de esta desprotección. Durante horas, el fuego avanzó sin control visible, mientras los vecinos armaban cortafuegos improvisados y organizaban cadenas solidarias para rescatar animales, proteger viviendas y asistir a personas mayores.
En Esquel, la preocupación crece ante la proximidad de las llamas y la posibilidad de que el incendio alcance zonas pobladas.
Hasta el momento, el fuego arrasó con unas 40 mil hectáreas.
A nivel provincial, el gobierno de Chubut se limitó a declaraciones y comunicados generales, sin anunciar un refuerzo significativo de recursos ni un plan de acción a la altura de la emergencia. Desde Nación, el silencio y la demora en el envío de asistencia profundizan el malestar. La falta de coordinación entre jurisdicciones y la dependencia de esfuerzos locales y voluntarios dejan en evidencia un Estado ausente en un momento clave.
Mientras tanto, Javier Milei volverá a subirse a un escenario, esta vez en Mar del Plata: encabezará una nueva edición de su festival ultraderechista y participará en la obra de Fátima Flórez.

