Redacción Canal Abierto | Integrantes del Consejo de Participación Indígena (CPI) y del Consejo de Coordinación Indígena (CCI), reunidos en la Mesa Nacional Indígena, emitieron un comunicado público titulado “Arde la Patagonia, arde el corazón de nuestra identidad territorial”. Dirigido al Gobierno nacional, al gobierno de Chubut, a los medios de comunicación y a la sociedad en general “por la situación extrema que atraviesa la Wall Mapu (territorio mapuche), ante los incendios criminales”.
“En nombre de los 58 pueblos originarios, y desde las voces de las comunidades que nos dan el mandato ante el Instituto Nacional de Asuntos Indignas (INAI). Desde este lugar trasmitimos el profundo dolor por los incendios, con fines inmobiliarios y de despojos, sin importar cuántas vidas se van con este accionar criminal”, comienza señalando el pronunciamiento.
Luego, el texto cuestiona a “funcionarios que una y otra vez buscan enemigos internos en los pueblos indígenas (particularmente el pueblo mapuche), intentando tapar con esto la falta de financiamiento a los programas destinados a paliar tragedias medioambientales y tantas otras tragedias sociales, como los accionares violentos y crueles que actualmente vive nuestro país”.
“Seguimos siendo objetos de campañas de todo tipo, basadas en negacionismos, racismo, despropósitos o aberrantes desconocimientos”, advierten.
Además, los representantes originarios subrayan: “Sin reconocer siquiera nuestra idiosincrasia cultural, identitaria y territorial. Incumpliendo leyes que el propio Estado reconoce, llevan adelante proyectos, poniéndonos como objeto de frecuentes e inconsultas acciones, disfrazadas de políticas públicas”.
Por otro lado, el texto destaca que muchos de los brigadistas que están combatiendo el fuego en la Patagonia pertenecen a las comunidades y pueblos indígenas.
“La realidad es que estamos frente a un territorio en disputa, pero no solo la Patagonia, sino todo territorio donde se encuentren recursos naturales a explotar. Y en el medio se encuentran los pueblos indígenas, los recursos naturales y los negocios, siempre los negocios”, sintetizan finalmente.
El pronunciamiento completo
Alzamos la voz de todos los pueblos que representamos, en nombre de los 58 pueblos originarios, y desde las voces de las comunidades que nos dan el mandato ante el Instituto Nacional de Asuntos Indignas (INAI). Desde este lugar trasmitimos el profundo dolor por los incendios, con fines inmobiliarios y de despojos, sin importar cuántas vidas se van con este accionar criminal; decimos ´aquí estamos permanentes, con la cotidiana razón de vida por preservar, cuidar y proteger de nuestra madre tierra´.
Frente a los hechos que son de dominio público por los incendios en la Patagonia una vez más sentimos el dolor extremo del ser por nuestra identidad, frente a la persecución que desde hace años venimos sufriendo de parte de gobiernos de turno y funcionarios que una y otra vez buscan enemigos internos en los pueblos indígenas (particularmente el pueblo mapuche), intentando tapar con esto la falta de financiamiento a los programas destinados a paliar tragedias medioambientales y tantas otras tragedias sociales, como los accionares violentos y crueles que actualmente vive nuestro país.
Ocultando de una u otra manera sus intereses económicos particulares, donde una vez más la mentira es la marca de un Gobierno y de funcionarios que han hecho de los discursos de odio una forma de gobernar.
Desde hace años, inclusive con hermanos indígenas perseguidos y muertos en territorio, seguimos siendo objetos de campañas de todo tipo, basadas en negacionismos, racismo, despropósitos o aberrantes desconocimientos, ya que, desde las políticas públicas, se desconoce, en la práctica y aplicación, los derechos que el propio Estado nos ha reconocido por ser justamente los pueblos indígenas “sujetos de derechos”.
Es permanente el uso y abuso a nuestra condición de miembros de comunidades indígenas, mediante el accionar de políticas de flagrante maldad, sin reconocer siquiera nuestra idiosincrasia cultural, identitaria y territorial. Incumpliendo leyes que el propio Estado reconoce, llevan adelante proyectos, poniéndonos como objeto de frecuentes e inconsultas acciones, disfrazadas de políticas públicas.
Así el dolor de ser y no poder seguir siendo lo que somos, nos acompaña una vez más como el frío que carcome nuestros cuerpos, raídos, maltratados, cansados por el paso del tiempo y la ignominia del destrato, de la negación al Ser y Hacer de nuestros pueblos, de saber que no cesa la idea de ser objetos de su maldad y discursos de odio, cuando nosotros solo somos pueblos o comunidades indígenas; somos personas, racionales, pensantes, con una idiosincrasia diferente pero nuestra, con un concepto identitario diferente pero que nos basta para saber quiénes somos, que queremos y cómo pretendemos proyectarnos.
¿Por qué tenemos que seguir siendo objetos de maldad, mentiras, engaños cuando en realidad somos víctimas? ¡¿Hasta cuándo van a seguir hostigando a nuestros pueblos?!
¿O pretenden violentarnos de nuevo como en la época de la conquista y colonización de la Patagonia argentina?, donde por “cada oreja de Tehuelche o Selk´nam pagaban un patacón”, o se destinaba más hectáreas de campo por cada persona indígena asesinada. Una cruel práctica de pago a cazadores de indígenas en connivencia con intereses de diversos tipos, simbolizando la violencia y despojo territorial contra los pueblos originarios. O vamos a regresar a la Campaña del Desierto donde todas las tierras ganadas al “indio” pasaban a ejecutarse a través de la inmobiliaria de Adolfo Bullrich, que atendía desde sus oficinas, donde actualmente hoy está el reconocido Patio Bullrich, en la ciudad de Buenos Aires.
El mismo Adolfo Bullrich y Cía., quién fundó en 1867 la casa de remates y quién se encargó de las propiedades rurales despojadas a las comunidades indígenas donde promocionaba: “Los mejores campos del norte, libres de indios. Aprovechen la ocasión que es pichincha”, que se lee en uno de sus anuncios de la época.
La realidad es que estamos frente a un territorio en disputa, pero no solo la Patagonia, sino todo territorio donde se encuentren recursos naturales a explotar. Y en el medio se encuentran los pueblos indígenas, los recursos naturales y los negocios, siempre los negocios. Esos han sido los objetivos que primaron en la persecución sistemática al pueblo mapuche, desde los grandes medios de comunicación, el poder real, junto con la oligarquía que incita y pretende que las fuerzas públicas nos hagan desaparecer, omitiendo adrede que ellos fueron quienes usurparon nuestros territorios ancestrales, buscando un enemigo interno para justificar su accionar. Y como en los siglos pasados, serán nuestros pueblos los caídos, mientras ellos continuarán con total impunidad, avalados nuevamente por el Estado. Una historia que se repite en tiempo de posmodernidad y nadie, en la inmediatez del vivir o sobrevivir en nuestro país, dice nada.
Frente a tamaña desgracia medioambiental y sistemática persecución a miembros de los pueblos indígenas tildándolos de cualquier cosa y/o delito, es importante decir que nos encontramos en una situación de extrema vulnerabilidad, acoso e inseguridad.
Aun así, nosotros, guardianes de la naturaleza, hijos/as de la madre tierra como una simbiosis imposible de romper, seguiremos ejercitando el respeto, el amor y el compromiso inquebrantable por la preservación, cuidado y protección de nuestra Madre Tierra y, por ende, de la sociedad en todo su conjunto, destacando que muchos de los brigadistas que están combatiendo el fuego en la Patagonia pertenecen a nuestras comunidades y pueblos indígenas, son nuestros padres, hijo/as, nuestros hermanos/as.
El texto lleva las firmas de:
Olga Curipan, Pueblo Mapuche, Buenos Aires; Daniela Guevara Varela, Pueblo Nación Selknam Ona-Ushuaia; Gustavo Raúl Matorras, Nación Wichi del Chaco; Pedro Andrés Coria, Nación Rankul-che, La Pampa; Cielo Ruth Montenegro, Pueblo Moqoit, Santa Fe; Trinidad Bustos, Pueblo Huarpe, San Juan; Felisa Curamil, Pueblo Mapuche, Rio Negro; Fabricio Silva, Pueblo Mapuche, Mendoza; David Sánchez, Pueblo Diaguita, Tucumán; Julia Ceballos, Pueblo Comechingon, Córdoba; Irene Nahuelquir, Mapuche Tehuelche, Chubut; María Elena Millanahuel, Mapuche, Santa Cruz; y Héctor Senaque, Pueblo Charrúa, Entre Ríos, entre otros y otras
Ilustración: Marcelo Spotti

