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Cine

Una de zombies charrúas

El estreno de “El tema del verano” marca la vuelta de Pablo Stoll a la pantalla grande en un tono alejado del intimismo que marcó sus obras. “Hoy hay más terror en la realidad que en una película”, plantea el realizador. Desde el jueves, en el Gaumont.
Publicado 10/02/2026 12 minutos para leer
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Redacción Canal Abierto | Ana, Malú y Martina son tres argentinas que están en Uruguay mientras el coronavirus empieza a adueñarse de las costas rioplatenses. Allí se dedican a seducir hombres con dinero para robarles. En el que pretenden sea su último golpe, se internan en una residencia artística con el fin de robarle bitcoins al dueño de la propiedad. Por desgracia para ellas, pero por suerte para los espectadores, las cosas empiezan a salirse de lo planeado. El conflicto comienza cuando las víctimas anteriores del trío de viudas negras llegan al lugar convertidos en zombies.

Este es el disparador de El tema del verano, película con la que el realizador uruguayo Pablo Stoll rompe una ausencia de 13 años en las salas cinematográficas. Y es un retorno que sorprende a quienes han seguido su carrera, iniciada a fines del siglo pasado en sociedad artística con Juan Pablo Rebella, fallecido en 2006.

La película esta protagonizada por Azul Fernández, Malena Villa y Débora Nishimoto. Cuenta, además, con la participación de Daniel Hendler, a esta altura un abonado en la obra del director. Otro crédito fuerte es la banda sonora, a cargo de Luciano Supervielle.

El recorrido por las pantallas argentinas comenzó el jueves pasado en la Sala San MArtín, donde estará hasta el jueves en el marco del ciclo La semana de los muertos vivos, en el que se proyectaron films del género. A partir del jueves, podrá verse todos los días a las 20 en el cine Gaumont.

Lo que se presentaba como un proyecto de resolución rápida, devino en más de una década de trabajo con marchas y contramarchas, 23 versiones del guión incluidas hasta el estreno en salas, producido la semana pasada.

«Empezó como una comedia de zombies –que es lo que es– pero también en un momento se transformó en un proyecto en sí mismo medio zombie, esa cosa que estaba muerta y viva al mismo tiempo y que avanzaba muy lentamente, pero que a la vez yo creía que era inexorable, al estilo de los zombies, y que realmente lograría hacerlo», cuenta Stoll, un poco en broma y un poco en serio, en diálogo con Canal Abierto.

“Siempre estuve vinculado al cine, pero no dirigí un largo. Y estuve probando otros géneros diferentes a los que venía haciendo, cosas distintas a las que hacía antes”, reveló el cineasta.

La referencia a lo que venía haciendo antes del realizador refiere al cambio radical en tematica y tono que esta nueva cinta presenta frente a sus predecesoras, tanto en colaboración como en solitario tras la partida de Rebella.

Sin embargo, Stoll reveló que “siempre me gustaron los zombies. Soy muy consumidor, medio nerd, del cine de terror. Y siempre fue algo que, con Juan por ejemplo, no compartía; a Juan (N.deR: Rebella, con quien coririgió 25watts y whisky) le chupaba un huevo el cine fantástico. A mí siempre me gustó de chico y era una cosa que quería hacer. Entre medio laburé de guionista, sobre todo para Brasil, escribo a pedido, hago muchas adaptaciones y me tocó trabajar bastante en géneros no fantásticos ni de terror, pero de otros géneros, y me fue gustando ir más por ese lado y no tanto por la comedia absurda intimista que habíamos trabajado con Juan Pablo y que después hice en dos películas más”.

“Fue un poco probar otra cosa que tengo ganas de hacer y ver cómo me sale. La verdad es que podría haberme sido más fácil hacer algo más parecido a lo que venía haciendo, pero ya lo hice: lo hicimos con Juan en su momento, después hice yo solo. Tenía ganas de algo distinto que me gustara. No sé si fue tanto una decisión de dar un volantazo, sino una curva que se fue dando a lo largo del tiempo, levemente. Cinematográficamente estoy en otro lugar ahora. Si bien me siguen encantando las películas que hice, el cine de Jarmusch, de Bresson, todas las cosas que me influyeron, me dan ganas de hacer otras cosas”, apuntó Stoll.

Como toda obra cuyo desarrollo se producía en el inicio de la década actual, se vio afectada por la irrupción de la pandemia de Covid 19. A tal punto es así que, además de las postergaciones propias del momento, el suceso terminó siendo un elemento constitutivo ge la trama.

“La idea siempre fue el tono y el género; inicialmente era una película que arrancaba con unas chicas que querían hacer un robo, un golpe, y después eso se transformó en una película de zombies, con un poco de comedia romántica metida. Todo eso fue cambiando y reconfigurándose hasta que llegó la pandemia y ahí tuvimos que reconfigurar todo de una. Realmente no podíamos filmar de otra manera que no fuera concentrándonos en una sola locación, limitando la cantidad de actores y algunos elementos del guión”.

“Cuando hicimos esa última versión 23 con Adrián Viñes, que es el coautor, nos pareció que la pandemia tenía que estar; no podíamos escribir una película de zombies y fin del mundo durante la pandemia, filmarla en pandemia, y no hacer referencia a lo que estábamos viviendo, lo que veíamos en las noticias y el absurdo que implicaba todo”, agregó el realizador.

Y acotó que “entonces fuimos por ese lado. Nos pareció que era algo que teníamos que hacer, que estaba bueno y que, además, el género nos iba a permitir hacer algunos chistes o reflexiones que desde otro lugar no se podrían hacer, o serían demasiado solemnes. Nos pareció bueno meterle un poco de pandemia a la película”.

Si el antagonismo paradigmático de la película de zombies es entre estos seres y los vivos a quienes quieren comer, Stoll decide complejizar la trama. En El tema del verano la muerte y posterior conversión no anula las rivalidades ni alinemientos previos. Quienes eran parte de un bando lo siguen siendo, más allá que de que sus integrantes se encuentren en distintos lados del mostrador que separa a los vivos de los muertos.

Sobre este aspecto, el realizador señaló que la intención fue “no contar nuevamente la historia de los humanos que se quedan encerrados y cómo reorganizan la sociedad en relación a un otro que los va a comer y está ahí afuera. Esa película de zombies ya existe, hay millones y muchas están buenísimas. Pero en este caso queríamos que la película fuera cambiando y que pusiera el punto de vista un poco en el zombie también. Hay un momento en que la película se transforma completamente en una película de zombies, donde los zombies son los protagonistas”.

Y explicó que “la idea siempre fue que los zombies fueran convirtiéndose, siendo un poco conscientes de lo que pasaba y empezando a entender qué les ocurría y cómo se relacionaban con unos y con otros: a quienes directamente se comen y a quienes no se comen del todo, a quienes convierten y no los comen, quiénes son carne y quiénes son gente con la cual querés pasar la eternidad como zombie”.

“En vez de mostrar a los humanos que se van a encontrar con los zombies, que es lo que hemos visto muchas veces, son los zombies los que van a salir a morfar gente y a ver si hay humanos. Se protegen ellos de los humanos. Era un poco jugar con el punto de vista del zombie”, agregó.

Los créditos culminan con una doble dedicatoria y una sentencia. Los homenajeados son Ronald Melzer, referente de la cinefilia en Uruguay, crítico, videoclubista y productor de 25 Watts y Tüssi Dematteis, también crítico, poeta y cantante de la banda de rock La Hermana Menor. Ambos fallecieron en los últimos años. DEmatteis, además, es el autor de la sentencia: “Todas las películas son de terror”, título del último disco de su banda.

“Es un poco la sensación que te dan las películas de algo que puede pasarte, y que si lo ves fuera de la película, reflejado en tu vida real, te puede aterrorizar. Dentro de cualquier película, de la comedia más boluda a una muy jodida, si lo sacás de la ficción y lo ponés en vos, es una película de terror siempre. Justo hacer esta película, que usa el género de terror pero no es estrictamente una película de terror, era un poco una reflexión al respecto de eso. Por eso decíamos antes que tiene chistes sobre la muerte y cosas sobre la partida de gente querida, la despedida. Por ejemplo, hay una escena que a mí me parece de otra película, pero me gusta mucho: la escena en la que Marina Villa y Azul Fernández se despiden, parece una escena íntima, filmada solo con luz de velas, es una cosa linda y es muy de terror: si pudieras despedirte de alguien que sabés que está muerto, pero que a la vez no lo está…

El director concluyó con un planteo inquietante: “Hoy hay más terror en la realidad que en una película. El otro día jodía con un amigo sobre películas de terror del 2025; yo vi Weapons y vi Bring Her Back y no me causaron tanto miedo como la viuda de Charlie Kirk hablando. Eso me dio mucho más terror que cualquier cosa que haya visto en ficción en el año. Está cada vez más dura la competencia”.

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