Por Gladys Stagno | “RÉCORD HISTÓRICO DE EXPORTACIONES EN ENERO: EL CAMBIO DE RUMBO YA SE VE EN LOS DATOS”. Así, en mayúsculas, arranca el tuit de la Oficina de Respuesta Oficial del 19 de febrero, que celebra lo que —en otros contextos— suele ser una buena noticia. Pero no en éste.
Según detalla el Ministerio de la Verdad de Javier Milei, en enero las exportaciones alcanzaron los US$ 7.057 millones y, como consecuencia, la balanza comercial arrojó “un saldo comercial positivo de US$ 1.987 millones”. Y no miente, pero oculta.
Una balanza comercial positiva indica que Argentina vendió al exterior más de lo que compró. Pero un análisis detallado de qué compró y qué vendió expone un panorama preocupante.
Si bien subieron las exportaciones (+19,3% interanual), el superávit se explica sobre todo por la caída de importaciones en US$ 5.070 millones (-11,9% interanual). ¿De qué? Sobre todo, de bienes vinculados a la producción, la inversión y el consumo.
Sobreestokeo y baja expectativa
Los Bienes de capital, que se emplean para producir otros bienes o servicios, cayeron 8,3% interanual (+US$ 98 millones), y los Bienes intermedios, que constituyen el núcleo del funcionamiento industrial, registraron una caída del 23,4% interanual (-US$ 1.495 millones).
“Estos insumos son indispensables para sostener los procesos productivos, y su disminución expresa una reducción en el nivel de actividad industrial –explica el periodista económico Edgardo Rovira–. Las Piezas y accesorios para bienes de capital, necesarias para el mantenimiento, la ampliación y la modernización del equipamiento productivo, se redujeron 32,4% interanual”.
Su análisis se completa con los datos que aporte un informe de Max Capital, que explica que esta caída en las importaciones corresponde a un proceso de “normalización tras el adelantamiento de compras previo a las elecciones y probablemente reflejando una actividad económica más débil”.
En otras palabras: los industriales tienen un sobreestokeo de inventario y bajas expectativas de que la caída de la actividad –que opera con una capacidad instalada del 53,8%, por debajo de los niveles de pandemia– vaya a repuntar en el mediano plazo.
En este contexto, la única categoría con un aumento significativo es la de Vehículos automotores de pasajeros (+106,6% interanual). “Se trata de un incremento concentrado en bienes finales, que no participan directamente en los procesos productivos y que se incorporan como oferta terminada en el mercado interno, en un escenario donde la participación de la producción nacional dentro del consumo total tiende a reducirse”, agrega Rovira.
Un escenario propiciado por “la baja de aranceles, reducción de impuestos a las exportaciones y eliminación de regulaciones”… que el Gobierno festeja.
Los negocios de Toto
Por su parte, en la víspera del tratamiento del proyecto de reforma laboral más regresivo de la historia argentina y luego de que se conociera el cierre definitivo de FATE, el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo estuvo muy activo en redes, derrochando optimismo.
Allí anunció que prorrogaría por un año el Régimen de incentivo para grandes inversiones (RIGI). “Y lo mejoramos para hacerlo más claro y eficiente”, agregó.
La mejora en cuestión es la incorporación al programa que exime de impuestos y ofrece beneficios cambiarios a “nuevos desarrollos en petróleo y gas con un piso de inversión de US$ 600 millones”. Este tipo de exploración, el upstream de hidrocarburos que incluye Vaca Muerta, había sido dejada fuera del RIGI deliberadamente, al considerar que el incentivo no era necesario. Repentinamente y sin explicación, Economía decidió que lo es.
Además, el ministro logró colar en el capítulo II de la reforma laboral un polémico artículo: la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL).
El FAL, destinado a financiar las indemnizaciones por despido, se alimentará de un porcentaje mensual que aportarán las contribuciones patronales, y que actualmente se destinan a la ANSES. El porcentaje será del 1% para grandes empresas y del 2,5% para pymes.
Esta medida no sólo desfinancia al sistema previsional, sino que crea un nuevo negocio financiero, ya que los empleadores deberán crear cuentas por trabajador, administradas por entidades habilitadas por la Comisión Nacional de Valores: bancos, billeteras virtuales y compañías de seguros. Un universo donde Caputo se mueve como pez en el agua.

