Por Leo Vázquez | Uno de los aspectos que fue marcando el pulso de la lucha por los derechos humanos durante las últimas décadas en Argentina fueron sus lemas. A partir de ellos se puede ir viendo cómo los organismos enfrentaron cada etapa elaborando nuevos reclamos, evolucionando en sus estrategias y empujando el proceso de memoria y justicia hacia horizontes emergentes.
A la vista está que, lo que comenzó como una súplica desesperada de algunas madres y familiares por el paradero de sus hijos mutó hacia una búsqueda colectiva que luego, con la confirmación de que los desaparecidos no iban a aparecer, avanzó hacia el pedido de castigo para los responsables. Y cada exigencia fue sintetizada en una frase que pasó a la historia reflejando el momento.
Un listado de todas ellas puede servir para observar el clima de cada período.
En dictadura las primeras banderas y comunicados de “aparición con vida”, “libertad a los presos políticos” o “¿dónde están nuestros hijos?” evidenciaban la urgencia, la incertidumbre al límite y hasta la angustia de sensaciones que recién comenzaban a colectivizarse.
Más adelante, con la transición democrática aparece la idea del “juicio y castigo” como columna que vertebraría ese pasaje histórico y con el “nunca más” convirtiéndose en emblema de la batalla en los tribunales, augurando un futuro inmediato de juicios que se vio interrumpido por las leyes de impunidad de Alfonsín y los indultos. Sin embargo, el concepto que dio título al informe de la CONADEP y a la frase final del alegato de Strassera trascendió a su propia época y sigue siendo sinónimo de rechazo a la dictadura. La ventana que se abrió en el 83, a la luz de sus enunciaciones, estuvo asociada a un pasaje a la ofensiva por parte del movimiento de derechos humanos, que ya no dejaría de exigir “verdad y justicia”.
Los 90 vinieron con la liberación menemista de genocidas para completar el golpe que habían significado Obediencia Debida y Punto Final, y se convirtieron en un tramo temporal de rabia, rechazo a la impunidad y fuerte acción política contra el intento de “pacificación” y “dar vuelta la página” que imponía la realidad. La irrupción en escena de HIJOS sacudió el tablero, reemplazando con sus intervenciones de denuncia pública a la justicia negada. “Si no hay justicia, hay escrache” fue el signo de esos años, con una rotunda negativa a aceptar el pacto que proponía la historia expresada a viva voz en el “ni olvido ni perdón”, y una advertencia que dejaba bien claro el objetivo de no bajar los brazos a pesar de los pesares: “Como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”
Finalmente, la fase que se abrió en 2003 con la reapertura de los juicios, con un cambio radical en los discursos oficiales y una revisión histórica masiva de los 70, estuvo asociada a una sofisticación de los reclamos desde lo conceptual-idiomático, con la instalación de la idea de que “fue genocidio”, la perseverante ratificación de que “son 30.000” y una presión para que los procesos penales no sean solo testimoniales, reclamando “cárcel común, perpetua y efectiva” para los condenados y que no quede “ningún genocida suelto”.
“Memoria, Verdad y Justicia” se consolidó como leiv motiv de todo el movimiento, reuniendo los pilares que dan fuerza a todas las consignas.
La llegada de Milei y Villarruel volvió a poner en cuestión valores democráticos y humanitarios, con un gobierno negacionista -cuando no reivindicacionista y apologista- y una manada de seguidores del espanto dispuesta a intentar discutir lo indiscutible. Por eso, a 50 años del golpe el grito definido por las organizaciones para este 24 de marzo es “Qué digan dónde están”, una interpelación directa a los responsables del terrorismo de Estado y los perpetradores de sus crímenes, y a la Justicia, para que los nietos apropiados sigan reencontrándose con sus verdaderas familias, que se siga revelando la verdad y que sigan apareciendo los desparecidos y con ellos, sus sueños.


Canal Abierto elaboró una lista posible, seguramente incompleta y abierta a observaciones.
Dictadura (1976-1983)
“¿Dónde están nuestros hijos?”
Esta es la consigna original de las Madres de Plaza de Mayo en el primer momento de la dictadura (1976–1977). Surge cuando las madres empiezan a recorrer comisarías, ministerios, iglesias y cuarteles buscando a sus hijos secuestrados. Es una consigna directamente vinculada al vínculo materno y al reclamo inicial, todavía muy personal.
“Aparición con vida”
Impulsada por Hebe de Bonafini y las Madres de Plaza de Mayo, nació formalmente el 5 de diciembre de 1980. Representó un quiebre político al rechazar negociar con la dictadura (que ofrecía listas de muertos) y exigir la verdad sobre los desaparecidos, convirtiéndose en un pilar de resistencia.
“Con vida los llevaron, con vida los queremos”
Surgió hacia fines de la década de 1970 en las rondas de las Madres en la Plaza de Mayo, en pleno terrorismo de Estado. Con esa frase, las mujeres del pañuelo denunciaban la desaparición forzada rechazando la versión oficial del régimen dictatorial que negaba las detenciones o sostenía que las personas buscadas no estaban en el país. Se convirtió rápidamente en uno de los reclamos más emblemáticos del movimiento de derechos humanos.
“¿Dónde están?”
La pregunta sobre el destino de los desaparecidos es una síntesis política del reclamo inicial por los hijos. En esta etapa ya el reclamo se vuelve una consigna colectiva, no habla sólo de “nuestros hijos”, sino de todos los desaparecidos. Muestra la evolución del lenguaje de la lucha.
“Libertad a los presos políticos”
Mientras miles de personas permanecían desaparecidas en centros clandestinos, otras fueron mantenidas a disposición del Poder Ejecutivo Nacional o sometidas a procesos militares por su militancia política, sindical o estudiantil. Frente a esa situación, organismos de derechos humanos, familiares y campañas de solidaridad dentro y fuera del país reclamaron su liberación y denunciaron las condiciones de detención en cárceles legales del régimen.
“Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar”
Empieza a escucharse en los últimos años de la dictadura, sobre todo entre 1981 y 1983, cuando crecen las movilizaciones y el clima empieza a resquebrajarse. Se volvió muy fuerte en marchas sindicales, estudiantiles y de organismos de derechos humanos, y terminó de masificarse en las grandes protestas de 1982 y 1983.
Cobró fuerza masiva tras la guerra de Malvinas. Se oyó con fuerza, por ejemplo, en recitales de Serú Girán y, fundamentalmente, en la marcha del 30 de marzo de 1982 organizada por la CGT. Con el avance de las protestas y la apertura del proceso electoral en 1983, el canto se convirtió en uno de los estribillos más repetidos en las calles contra la dictadura.
Existe un documental titulado “Se va a acabar” (2021).

Transición democrática (1983-1989)
“Juicio y castigo”
Empieza a circular en los últimos años de la dictadura y sobre todo en 1983–1984, cuando el reclamo principal del movimiento de derechos humanos era que los responsables del terrorismo de Estado fueran juzgados. El énfasis estaba en que hubiera juicios, algo que todavía era incierto.
“Juicio y castigo a todos los culpables”
Se trata de una radicalización política de la anterior. Aparece después, cuando el reclamo se profundiza. Ahí el agregado “todos” es clave políticamente: significa que no sólo los jefes, sino toda la cadena represiva debía ser juzgada, una postura enarbolada por la Asociación Madres de Plaza de Mayo, que por este motivo criticó duramente el Juicio a las Juntas.
Se vuelve muy fuerte entre 1986 y el 90, en rechazo a las leyes de impunidad: Punto Final, Obediencia Debida y luego los indultos de Carlos Menem.
“Nunca más”
Surge del informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas publicado en 1984 (CONADEP). Desde entonces quedó instalado como símbolo político y moral. Quedó instalada como atronadora melodía de reclamo cuando fue pronunciada por el fiscal Julio César Strassera el 18 de septiembre de 1985 al cerrar su alegato final en el Juicio a las Juntas, cuando exclamó: “¡Señores jueces, nunca más!”
“¿Dónde están los nietos?”
Si bien Abuelas de Plaza de Mayo comenzó a reclamar por los nietos en plena dictadura, inclusive con publicaciones en medios que se preguntaban “¿Dónde están los centenares de bebés nacidos en cautiverio?”, en aquellos años el planteo aparecía en comunicados y pancartas con formulaciones más extensas, que con el retorno democrático se condensaron en la consigna “¿Dónde están los nietos?”, convertida desde entonces en una de las expresiones emblemáticas de la lucha por el derecho a la identidad.
“No a la amnistía” (“No a la autoamnistía”)
En septiembre de 1983, cuando la dictadura ya estaba en retirada, la junta dictó la Ley de Pacificación Nacional (ley 22.924). Esa norma fue una autoamnistía que buscaba impedir que los responsables del terrorismo de Estado fueran juzgados. La reacción fue inmediata: organismos de derechos humanos y partidos políticos empezaron a movilizarse contra la iniciativa de los militares.
Duró poco tiempo: el reclamo se concentró en 1983, hasta que la ley fue anulada.
La Ley de Pacificación Nacional fue derogada en diciembre de 1983, pocos días después de la asunción de Raúl Alfonsín. El Congreso la declaró “insanablemente nula” porque era una autoamnistía dictada por la propia dictadura para garantizar impunidad.
“Verdad y justicia”
Empezó a circular a comienzos de la transición democrática, en los años 80, cuando el eje del reclamo del movimiento de derechos humanos era doble: conocer el destino de las personas desaparecidas y que los responsables fueran juzgados. Con el tiempo, especialmente desde los años 90 y los 2000, el movimiento incorporó con más fuerza la dimensión de la memoria colectiva, consolidando la fórmula “Memoria, Verdad y Justicia”, que terminó volviéndose el lema más emblemático en actos, marchas y políticas públicas. Se trata de un antecedente conceptual de la consigna más amplia.
“Aparición con vida y castigo a los culpables”
Comenzó a utilizarse en los años de la apertura democrática para condensar en una sola consigna las dos demandas centrales del movimiento de derechos humanos. Su uso expresaba que ambas exigencias eran inseparables. Aunque con el tiempo las consignas volvieron a circular de manera independiente, esta combinación reflejó el clima político de los primeros años de la democracia, cuando la búsqueda de los desaparecidos y la demanda de justicia se afirmaban como un mismo programa de lucha.


Contra la impunidad / escraches (1990-2001)
“Si no hay justicia, hay escrache”
Nació en 1995 con la irrupción de HIJOS, que comenzó a organizar escraches contra represores que permanecían en libertad gracias a las leyes de impunidad y a los indultos. Estas acciones consistían en movilizaciones frente a sus domicilios o lugares de trabajo para informar a vecinos y vecinas sobre su participación en el terrorismo de Estado. La estrategia buscaba romper el silencio social y mantener vigente el reclamo de memoria, verdad y justicia en un período en que los juicios estaban paralizados.
“Juicio y castigo a los genocidas”
Esta versión cambia el marco conceptual del reclamo: el punto ya no era solo juzgar “culpables”, sino nombrar los crímenes como genocidio. Ese lenguaje se vuelve más fuerte desde fines de los 90 y durante los primeros 2000, y se magnifica sobre todo tras la reapertura de los juicios. Ahí empieza a consolidarse la idea política y jurídica de genocidio en Argentina.
“Ni olvido ni perdón”
Comenzó a difundirse con fuerza durante la década de 1990, en el contexto de los indultos presidenciales y la persistencia de la impunidad. Utilizada en marchas y acciones impulsadas por organismos y agrupaciones como HIJOS, expresaba el rechazo a cualquier intento de reconciliación sin justicia frente al cierre judicial de las causas. La consigna sintetizó el clima político de los años de impunidad y se incorporó de forma estable al repertorio de las movilizaciones.
“Como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”
Esta consigna comenzó a difundirse en forma de cántico en la década de 1990, especialmente en las movilizaciones del 24 de marzo y en las acciones impulsadas por HIJOS durante los años de impunidad. En un contexto marcado por indultos y ausencia de juicios, el canto expresaba la decisión de señalarlos públicamente y denunciarlos en el espacio social. La referencia a los nazis reforzó la idea de que los responsables debían ser perseguidos socialmente allí donde intentaran ocultarse. Se puede entender como la versión musical de “Si no hay justicia, hay escrache”.
“Son 30.000”
Comenzó a masificarse en los 90 en un contexto marcado por el avance del negacionismo y las políticas de impunidad posteriores a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y los indultos presidenciales. Frente a los intentos de relativizar la magnitud del terrorismo de Estado, los organismos de derechos humanos reafirmaron el número de 30.000 desaparecidos como una cifra histórica y política que expresa la dimensión real del plan represivo, más allá de los casos que pudieron ser documentados oficialmente. Con el tiempo, la consigna se convirtió en una de las banderas centrales y en un símbolo de rechazo a cualquier intento de minimizar los crímenes de la dictadura.
“30.000 compañeros detenidos-desaparecidos, presentes, ahora y siempre”
Comenzó a escucharse en las movilizaciones tras el retorno democrático y se consolidó durante los años de impunidad. Impulsada por organismos como Madres, SERPAJ, APDH y Abuelas de Plaza de Mayo, la frase une la reivindicación histórica de los 30.000 desaparecidos con la expresión de homenaje “presentes”, propia de la tradición militante, que afirma la vigencia de sus luchas.
“¿Dónde están los nietos que faltan?”
La consigna remite a la búsqueda impulsada por Abuelas de Plaza de Mayo para encontrar a los hijos e hijas de personas desaparecidas apropiados. Sintetiza el reclamo persistente por la restitución de identidad de las personas que aún desconocen su verdadero origen.

Reapertura de juicios y etapa reciente (2003-actualidad)
“Memoria, Verdad y Justicia”
Síntesis histórica del movimiento. Aunque las tres consignas ya circulaban por separado, la unificación se consolidó en la segunda mitad de los años noventa, especialmente en 1996, durante las movilizaciones por el 20° aniversario del golpe de Estado. Impulsada por organismos como Madres, Abuelas, el CELS y la APDH, la consigna sintetizó los tres ejes históricos del movimiento de derechos humanos. Con el tiempo se convirtió en la formulación central durante la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad a partir de 2003.
“Fue genocidio”
Se instaló en el debate académico y en el movimiento de derechos humanos desde la década de 1990, en discusión con interpretaciones que reducían el terrorismo de Estado a una lógica de enfrentamiento o represión ilegal. Basada en el concepto de genocidio formulado por el jurista Raphael Lemkin en 1944, la caracterización propone entender la dictadura argentina como un plan sistemático destinado a destruir a determinados grupos sociales, políticos y culturales, y no como una suma de crímenes aislados. Implica una toma de posición histórica sobre el sentido del proceso represivo y sobre la forma en que la sociedad lo nombra y lo recuerda.
“Contra la impunidad de ayer y de hoy”
Esta consigna comenzó a difundirse en la década de 2000, impulsada principalmente por organizaciones de izquierda, agrupaciones estudiantiles y sectores del movimiento de derechos humanos. La fórmula buscaba vincular el reclamo histórico con las denuncias por violaciones a los derechos humanos en democracia, como el gatillo fácil, la represión policial o la criminalización de la protesta social. La consigna proponía una continuidad entre las luchas por memoria, verdad y justicia y las denuncias contra formas de violencia estatal en democracia, ampliando el horizonte más allá de los crímenes de la dictadura.
“Nuestra venganza es ser felices”
Muy asociada a H.I.J.O.S., surgió como respuesta a los represores, sectores conservadores y progenocidas que intentaron instalar en la opinión pública la idea de que los juicios por delitos de lesa humanidad son una venganza ideológica. Por otro lado, expresa la decisión de transformar el dolor en organización, identidad y futuro, contra las intenciones del terrorismo de Estado.
“¡Apertura de archivos ya!”
Comenzó a instalarse a partir de fines de los noventa y se profundizó en los 2000, cuando los organismos de derechos humanos impulsaron el acceso a la documentación producida por las Fuerzas Armadas, las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia durante el terrorismo de Estado. El reclamo apunta a que el Estado desclasifique y ponga a disposición esos registros para reconstruir el funcionamiento del aparato represivo, conocer el destino de los desaparecidos y aportar pruebas en los juicios.
“Cárcel común”
Comenzó a escucharse con fuerza a fines de los años noventa. El reclamo apuntaba a que los responsables del terrorismo de Estado no recibieran trato diferencial y cumplieran sus penas en establecimientos penitenciarios ordinarios, como cualquier condenado por delitos graves, frente a fallos que habilitaban arrestos domiciliarios u otras formas de detención privilegiada.
“Cárcel común, perpetua y efectiva”
Se difundió ampliamente a partir de la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad en 2003. Los organismos comenzaron a utilizar la fórmula completa para exigir condenas a prisión perpetua y sin beneficios, en respuesta a pedidos de prisión domiciliaria y reducciones de pena solicitadas por represores condenados por secuestros, torturas y desapariciones durante la dictadura.
“Ningún genocida suelto”
El reclamo se hizo especialmente visible frente a decisiones judiciales que otorgaban excarcelaciones, domiciliarias o beneficios a represores procesados o condenados, y volvió a cobrar centralidad en 2017, cuando el fallo de la Corte Suprema que intentó aplicar el beneficio del “2×1” a Luis Muiña generó una masiva movilización bajo la consigna de que ningún responsable del terrorismo de Estado debía recuperar la libertad.
“Son 30.000, fue genocidio”
Se trata de una síntesis de dos formulaciones históricas. Organismos, agrupaciones y espacios académicos comenzaron a unificar ambas consignas para afirmar al mismo tiempo la magnitud del plan represivo y su carácter sistemático. La fórmula se volvió habitual como forma de fijar posición frente a los discursos negacionistas y/o apologistas.
“Son 30.400”
Impulsada por organizaciones de la diversidad sexual para visibilizar la persecución específica que sufrió el colectivo LGBTIQ+ durante la última dictadura. La cifra surge de testimonios difundidos por el activista Carlos Jáuregui a partir de datos aportados por el rabino Marshall Meyer, integrante de la CONADEP, quien señaló que unas 400 personas homosexuales habían sido identificadas entre las víctimas del terrorismo de Estado, aunque esa información no quedó reflejada en el informe oficial. La formulación no busca reemplazar la consigna histórica de los 30.000, sino ampliarla para señalar que la represión también tuvo un componente de persecución por orientación sexual e identidad de género.
“Qué digan dónde están”
Es la consigna de este 24 de Marzo, instalada como respuesta al contexto político actual, marcado por los fuertes vientos negacionistas promovidos desde el gobierno de Milei y Villarruel. Los organismos retomaron así uno de los reclamos históricos vinculados al derecho a la verdad, exigiendo que los responsables del terrorismo de Estado y los sectores que lo reivindican den información sobre el destino de las y los desaparecidos y los nietos apropiados.




