Redacción Canal Abierto | A 50 años del golpe de Estado de 1976, la Iglesia católica argentina difundió un documento en el que reivindica la consigna “Memoria, Verdad y Justicia” y plantea una reflexión sobre el presente del país, atravesado por una crisis social y económica que —según advierten— golpea con mayor fuerza a los sectores más vulnerables.
El texto, dado a conocer en la antesala de un nuevo 24 de marzo, marca un posicionamiento que recupera una bandera históricamente sostenida por los organismos de derechos humanos y amplios sectores de la sociedad. En ese sentido, el Episcopado reconoce la necesidad de mantener viva la memoria colectiva sobre los crímenes del terrorismo de Estado, al tiempo que subraya la importancia de la justicia como pilar de la democracia.
Pero el documento no se limita a una evocación histórica. También establece un puente con el presente: alerta sobre el crecimiento de la desigualdad, la pobreza y la exclusión, y advierte que las políticas económicas actuales profundizan un escenario de fragmentación social. Sin nombrarlo de manera directa en todos sus pasajes, el texto deja entrever críticas al modelo impulsado por el gobierno de Javier Milei, caracterizado por el ajuste, la desregulación y la retracción del Estado.
“La memoria no puede ser un ejercicio vacío ni meramente conmemorativo”, señala el documento, en una frase que sintetiza el espíritu del pronunciamiento. En esa línea, plantea que recordar el pasado implica también interpelar las injusticias del presente y asumir un compromiso activo frente a las condiciones de vida de amplios sectores de la población.
El señalamiento no es menor en un contexto en el que distintos actores sociales —sindicatos, movimientos populares y organismos de derechos humanos— vienen denunciando el impacto de las políticas económicas en el tejido social. La Iglesia, históricamente ambigua en su relación con el pasado dictatorial, parece en esta ocasión reforzar su adhesión a una consigna que durante décadas fue resistida por sectores conservadores.
Al mismo tiempo, el texto invita a una «reflexión más amplia sobre la democracia argentina, sus deudas estructurales y los riesgos de retroceso». En particular, advierte sobre discursos que relativizan el terrorismo de Estado o buscan instalar lecturas negacionistas, en sintonía con un clima político en el que han reaparecido voces que cuestionan el consenso construido en torno a los crímenes de la dictadura.
En ese marco, la reivindicación de “Memoria, Verdad y Justicia” no aparece solo como una consigna del pasado, sino como una herramienta vigente para enfrentar los desafíos actuales. La Iglesia, al recuperar ese eje, se suma —con sus propias tensiones internas— a una disputa más amplia por el sentido de la historia reciente y por el rumbo del país.
A medio siglo del golpe genocida, el documento deja una definición clara: sin memoria no hay democracia posible, y sin justicia social, la democracia se vacía de contenido. Un mensaje que, en el contexto actual, resuena tanto como advertencia como toma de posición.

